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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Lo único que queda

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Un libro se publicará o no, tendrá más o menos lectores, contará con el favor de la crítica o pasará desapercibido. Con el tiempo comprendes que todo eso es secundario y aceptas, felizmente, que, a pesar de los sinsabores y trabas del oficio , escribir supone ventajas innegables. Para mí, una de las mejores es que cada nuevo proyecto se parece a estudiar un máster en el que aprendes muchísimo. Estoy convencido de que soy una persona distinta, y espero que mejor, tras haber leído tantos libros sobre el espionaje en la IIGM para escribir La clave Pinner y haberme pateado tantas veces el barrio de Triana por las mismas calles que mis personajes; haber visto tantos combates de boxeo , estudiar sus reglas y viajado a Lisboa para encontrar el destino de mi querido Rafa Montalbán , el protagonista de El síndrome de Mowgli ; empaparme sobre la vida del físico más famoso, cruzar el Atlántico para encontrar la casa donde pasó el verano de 1939 y leer mucho sobre el comportamiento de ...

Premios polémicos

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La semana pasada se fallaron dos premios a los que a menudo acompaña la polémica : parece que a los suecos les va la marcha y, permitidme el fácil juego de palabras, Bob Dylan les ha correspondido haciéndose el sueco . Con el premio N o bel a Bod Dylan tengo sentimientos encontrados: por una parte, me parece bien que se valore la poesía convertida en canción y se popularice un galardón que demasiadas veces suele descu brir a un autor ―a menudo por razones políticas o de justicia geográfica ― antes que reconocer una carrera; por otro lado, dudo que la dimensión del poeta Bob Dylan fuera la misma sin la muleta imprescindible de la música , y eso resulta injusto para quienes batallan con la única ayuda de la pluma y el papel .   Unos pocos días después se celebró la gala de otro premio , el Planeta , que también suele ir acompañado de polémica . He de confesar que nunca había oído el nombre del finalista ni sabía de su obra, pero sí de Dolores Redondo , porqu...

¿Tú qué escribes?

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Vaya por delante que la mayoría de la gente es amable, y que uno ha tenido la suerte de contar con lectores fieles desde su primera novela, que ni la prensa ni la crítica lo ha tratado mal y que, además de halagador, pocas cosas resultan más reconfortantes en este oficio que el entusiasmo de un lector agradecido . P ero he de confesar que sucede a menudo: cuando alguien te presenta, con buena voluntad añade pomposamente el calificativo de escritor , y la persona a la que acabas de conocer se queda mirándote un instante, preguntándose si tu cara o tu nombre deberían sonarle. Teniendo en cuenta la afición lectora de este país, se trata de una cuestión estadística: un encuentro casual entre un escritor y sus lectores es poco menos infrecuente que ganar la lotería. Como estás acostumbrado al ritual, ya que no has podido escaquearte, te armas con una sonrisa. Muchas veces, la persona que te acaban de presentar te pide que repitas el nombre y, como un colegial que aún no sabe ...

Granada Noir

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   Las reuniones donde se juntan varios escritores a menudo se parecen a una competición ridícula en la que, el que más y el que menos, intenta demostrar que es el más gracioso, al que agasajan con más ofertas de traducciones o adaptaciones cinematográficas de sus obras, el que más liga o el que la tiene más larga , vaya. Por haber padecido esa sensación incómoda alguna vez, he desarrollado una tendencia natural a declinar participar en la mayoría de los saraos a los que me invitan, y he de confesar, y no me da vergüenza confesarlo, que muchas veces estoy equivocado. Cuando en mayo pasado estuve en Granada , Jesús Lens y Gustavo Gómez me invitaron a volver en otoño para participar en la segunda edición de Granada Noir .  Hay un par de razones por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo, y Jesús Lens se había tomado la molestia de zampar se L...

Múnich

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    Llego al final de una agenda como quien cierra una etapa. El número de cada página anotado en el margen superior hasta llegar a la última, la 244, y apuro las últimas líneas como si no hubiera otro cuaderno intacto esperándome. Este que clausuro ahora me ha acompañado durante los últimos nueve meses en la soledad de mi despacho o en la de la habitación de un hotel, en la mesa apartada de un bar, en un tren o a bordo de un avión (las salpicaduras de tinta, que tan mala pasada te juega cuando falta presión, lo demuestran en más de una página), en ciudades que conocía y en varias que visitaba por primera vez; palabras que me llamaron la atención y otras cuyo significado habría de buscar más tarde en un diccionario; curiosidades, notas para una novela que tengo empezada y otra de la que aún no he escrito una sola frase; una suerte de diario casi siempre incomprensible salvo para mí, como debe ser; apuntes sobre cosas que he leído, he visto o me han contado; gas...

Borrar la sonrisa

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    Si se te instala una sonrisa en la cara que nadie será capaz de borrar, merece la pena, ya lo creo, recorrer algo más de doscientos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para ir a ver una obra de teatro . No siempre tienes la oportunidad de sentarte en las mismas piedras de las gradas de un teatro donde hace dos mil años se sentaron otros espectadores, como tú, y tal vez también emocionados cuando flameaban las luces de las antorchas antes de empezar la función . Hay cosas que por estar tan al alcance de la mano corremos el riesgo de no darnos cuenta del privilegio que supone disfrutarlas. Alejandro Magno , que se representa esta semana en el teatro romano de Mérida , vale la pena. Eso ya lo he dicho al principio. Pero en un lugar así la función es lo de menos. Es el marco lo que verdad importa. La sonrisa imborrable en la cara, como un niño feliz. La emoción es tan intensa que no te importan los kilómetros recorridos ni los que tendrás que recorrer a la vuelta...

Truman

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Mowgli Nunca es fácil el verano . Tampoco éste tendría por qué ser diferente. Estás a punto de salir para un viaje, no muy largo, apenas un día, y cuando llamas a la residencia donde cuidaban de Mowgli el año pasado resulta que no van a abrir, al menos de momento. Mala suerte. Cancelas el viaje, con buen ánimo, y te dices que los problemas están para solucionarlos . Pero no es tan sencillo. Como un ratoncito aplicado buceas en Internet para encontrar un lugar donde puedan acomodar a tu perro , porque ya es verano y el resto de la familia también está lejos y no puede cuidar de él. Miras las fotos de la gente que se anuncia como cuidadores de mascotas , intentas adivinar si tienen un lugar donde tu perro pueda correr, o si lo que está a su espalda es un parque. Mandas correos, llamas a algunos. Están demasiado lejos o las fotos engañan. Vivimos en un piso, te dicen, pero los fines de semana cogemos el coche y nos vamos con los perros al campo. Como el año pasado descubrist...