Entradas

Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Eclipse II

Imagen
A las seis de la mañana estoy tecleando con la furia incombustible del conejito de Duracell. Me he despertado muy temprano y ya no consigo dormir. Tengo los ojos como si me los hubieran frotado con papel de lija porque me acosté tarde tras cenar con un puñado de viejos amigos.  Toca acompañar al hospital y a media mañana ya estoy en la sala de espera. Serán, como siempre, muchas horas por delante y también la puñetera incertidumbre con la que aprendes a vivir, no queda otra, cuando las cosas no dependen de ti. Atravieso la hora del almuerzo, indiferente, leyendo un poco. El menú de la cafetería no me estimula, pero tampoco me arranca un lamento por no comer. Hace tiempo que, para sobrellevar estos días tan largos, me acostumbré a una pequeña recompensa: cuando vuelvo a casa me doy un homenaje. No es gran cosa. Me conformo con poco. Sólo hay que esperar. Al final todo llega. Aunque sea de forma extemporánea. Pasan de las seis de la tarde cuando aparece, por fin, el momento del hogar...

Eclipse

Imagen
Los eclipses me encantan en las novelas o en las películas. Mi favorito es cuando Hank Morgan, el protagonista de Un yanqui en la corte del rey Arturo , se salva de ser quemado vivo en el último momento porque anticipa un eclipse de sol y consigue que los brutos caballeros de la Tabla Redonda le perdonen la vida. Algo parecido ocurre en Apocalypto , la espléndida película de Mel Gibson: el eclipse interrumpe un sacrificio en lo alto de la pirámide y a partir de ahí empieza lo bueno. Y luego está la historia, la de verdad. La de Cristóbal Colón. En 1504, durante su cuarto viaje, cuando se encontraba varado en Jamaica, los indígenas habían dejado de suministrar comida a los españoles. Colón sabía que iba a producirse un eclipse lunar y utilizó sus tablas astronómicas para anunciarles que su dios estaba enfadado y que la Luna desaparecería como castigo. Cuando el eclipse comenzó los indios se asustaron y volvieron a alimentarlos. Colón era un tipo la mar de astuto, vaya que sí. No dudo qu...

La singladura

Imagen
A partir de un momento dejas de ver la orilla. Y entonces, si te gusta navegar, empieza lo mejor. Quizá porque hacía demasiado tiempo que no me alejaba tanto, no recordaba cuánto me apetecía ponerme al timón y perder de vista la costa. La línea de tierra desapareció hace ya muchas páginas y llegó ese cosquilleo que sólo produce la incertidumbre. No miedo, sino esa mezcla de inquietud y entusiasmo que uno siente cuando comprende que ya no controla del todo el viaje. Eso le añade interés. Mientras todavía distingues la playa de la que has zarpado siempre existe la tentación de regresar, de corregir el rumbo, de decirte que aún estás a tiempo de abandonar la aventura. Pero un día ya no queda tierra a la vista. Sólo agua. Agua por delante y agua por detrás. Y ese cosquilleo, sí; esa mezcla de vértigo e ilusión.  Admiro a quienes levantan un plano detallado antes de poner la primera palabra y saben todo lo qué ocurrirá en cada capítulo, pero nunca he sido un escritor de mapas minuciosos...

Blokecore

Imagen
Fue también en verano, hace ya muchos años, si no veinte casi, cuando aquellas colas interminables para comprar un teléfono carísimo antes incluso de que saliera a la venta. Debía de ser el primer iPhone. Tendría que buscarlo para confirmar la fecha, pero me da mucha pereza y además el dato importa menos que la imagen: miles de personas aguardando durante horas para hacerse con un  cacharro que estaba a punto de salir y ya se antojaba imprescindible. Hoy mismo volví a ver una escena parecida en el telediario. No era por un teléfono, sino por la nueva camiseta de la selección española, la primera en la que ya podremos lucir las estrellas de los dos Mundiales. La cola era en una tienda de la Gran Vía madrileña. El precio, nada simbólico: cien euros la de adulto, setenta y cinco la infantil y ciento cincuenta la versión Authentic , a saber: la misma que utilizan los jugadores. La blanca todavía no está a la venta. Miedo me da cuando eso suceda. Cada generación tiene derecho a sus prop...

Manolo Solo

Imagen
  Me llama un amigo muy querido y me pregunta si me he enterado. Como tenemos muchos amigos en común, pienso lo peor. En ese tiempo indeciso en que aún no sabes de qué te hablan, la imaginación suele elegir el camino más oscuro. Sin pretenderlo pero también sin poder evitarlo, empiezo a hacer una lista de nombres mientras contengo la respiración. Pero no, se trata de Manolo Solo. Porque Manolo Solo se ha muerto, y aunque no seamos amigos, ni siquiera nos hayan presentado o nos hayamos saludado al encontrarnos en la calle, me ha dado mucha pena. A veces pasa con ciertos actores. Después de tantos años acompañándote desde una pantalla, uno termina sintiéndolos como a esos tipos cercanos y discretos con los que no hace falta hablar demasiado para saber que están ahí. Mi amigo sabe que me gustaba mucho. Alguna película donde salía él le he recomendado. Se ha ido con la misma discreción con la que parecía caminar por sus personajes. Yo, al menos, no sabía que estuviera enfermo. Y sucede...

La gran evasión

Imagen
Teníamos que haber escapado por el túnel, pero cuando los guardias del Stalag Luft III nos descubrieron tocó improvisar y encontramos las motos. Y, también, todo hay que decirlo: este tipo es un rebelde y quería una fuga a su estilo. No me quejo. De qué serviría, además, si sería capaz de seguirlo hasta el fin del mundo, sobre todo en moto. Ya hemos dejado atrás a una patrulla que nos perseguía, pero de seguir así acabaremos rompiéndonos la crisma. Al menos yo, porque él esta loco de atar: salta las alambradas como si le hubieran puesto un cohete en el tubo de escape. Igual habría sido mejor arrastrar la barriga por el túnel, como todos. O como casi todos, porque James Garner, cuando aún le faltaban décadas para rodar esa tontería lacrimógena titulada El diario de Noah, tuvo el cuajo de robar un avión y llevarse de copiloto al cegato Donald Pleasence. Pero nada, aquí estamos, sorteando baches hasta que se nos acabe la gasolina y nos lleven de vuelta al campo. Lo mismo hasta nos fusilan...

El contenido

Imagen
Hace muchos años leí la autobiografía de Mark Twain. De todas las cosas que contaba se me quedó grabada una frase que me viene a la memoria estos días en los que ando sumergido en una suerte de frenesí creativo. Si una novela está llena de contenido, afirmaba el autor de Huckelberry Finn, se escribe sola; si no, hay que esperar a que se llene de contenido. Llevaba tiempo intentando dar sentido a algo. No es infrecuente que ciertos momentos de la vida de un escritor acaben travestidos de literatura. Decía Vargas Llosa que escribir es hacer estriptís al revés: empiezas desnudo para ocultarte bajo la ropa. No le faltaba razón. Y, por raro que parezca, resulta un espectáculo más divertido que desnudarse, sobre todo si uno no tiene las hechuras de Brad Pitt. Más divertido para el lector, digo, que luego realizará el proceso inverso al tratar de quitar capas para averiguar lo que hay debajo. Lamento decir que muchas veces la apreciación no es correcta, pero es parte del juego. Y me gusta. Es...

En buena compañía

Imagen
Como apuntaría mi apreciado Víctor, voy de narco colombiano. El calor aprieta en el sur, vaya que sí. Hoy toca comer, y beber buen vino, con dos amigos muy queridos. Mañana, otro amigo de los buenos ―¿acaso hay otra forma de ser amigo?― me ha invitado a cenar en su casa, en ese jardín pequeño y coqueto que parece la antesala del paraíso. No está mal para una semana empeñada en convertir mi agenda en un campo de minas. Menos mal que a veces la vida, después de empujarte hacia la cuneta, tiene la delicadeza de ofrecerte un banco a la sombra. Además, he conseguido levantar veintiséis páginas en dos capítulos de una nueva novela. Qué curioso, qué paradójico, que mientras la puñetera vida se empeña en tirar tabiques la ficción siga construyendo habitaciones. Llevaba tiempo sin trabajar en largo, quizá demasiado, pero al volver a remangarme ha regresado esa sensación impagable que sólo aparece al escribir novelas: la obligación deliciosa de sentarte a jugar a imaginemos, a pesar del caos...

Otra vuelta al sol

Imagen
  Otra vuelta al sol. Esta no ha sido fácil. Cómo podría serlo cuando los árboles bajo cuya sombra creciste empiezan a combarse y descubres cuánto quema el sol. Mowgli ha sido el primero en marcharse. Lo raro, o no tanto, es sentirte bien pese a todo. Quizá sea porque hacer lo que toca cuando toca no es mala forma de encajar en este circo absurdo que llamamos vida. No me quejo de la mía, vaya por delante: cuido de los míos, como mejor sé y como mejor puedo; escribo y leo cada día, siento el cariño de unas cuantas personas muy queridas y también el respeto de mucha gente a la que no conozco pero que, en una curiosa asimetría resultante de juntar letras, sí me conoce o al menos conoce lo que dejo entrever, casi siempre mucho menos de lo que parece. Practico yoga, salgo con la bici, paseo, hago alguna escapada. Me complace que el motor siga rugiendo, poderoso, aunque algunas piezas necesiten ser ajustadas y engrasadas de cuando en cuando. Nada grave: los buenos coches duran para siem...

Noventa aniversario

Imagen
Hace muchos años hablé en esta bitácora de  La noche de los tiempos , de Antonio Muñoz Molina. Dije, creo, y si no lo dije es un falso recuerdo cuyo fondo sigo manteniendo, que no se podía contar mejor el Madrid del 36. Me acuerdo de que me dieron ganas de quitarme el sombrero al leer un capítulo en el que durante muchas páginas el narrador iba enumerando una larga lista de acontecimientos recogidos por la prensa el 17 de julio de 1936, entre los que se colaba, como un hecho insignificante, el levantamiento de unos militares españoles en el norte de África. Un ejemplo perfecto no sólo de buena literatura, sino de la teoría del caos: una perturbación diminuta puede amplificarse de forma impredecible si las condiciones son las adecuadas. Quizá me interesan tanto los pequeños detalles porque a menudo un suceso aislado trastoca el futuro de la forma más inesperada. Como soy de naturaleza escéptica, acostumbro a no dar nada por supuesto. Mil páginas tiene la novela que mencionaba más ar...

Fútbol

Imagen
Las finales se repiten mientras las hojas del calendario se despegan como si un silencioso árbitro implacable me fuera descontando páginas de la vida. Van cambiando las circunstancias en cada final (las mías, digo), pero otras se mantienen. En 2010 andaba en los últimos coletazos de la promoción de una novela por la que me conocieron muchos lectores, ya tenía buena parte de otra pergeñada entre aeropuertos y estaciones y todavía no sabía quién era Shakira.  No soy futbolero pero, si las circunstancias no lo impiden (y quién sabe si no, tal y como está el panorama) veré la final el domingo. Hace dieciséis años conduje un montón de kilómetros por una carretera con demasiado tráfico dominical para ver el partido con la familia. Dos años antes conduje en otra dirección pero también con mucho tráfico de domingo para ver la final de la Eurocopa en casa de unos amigos. En 2012, tras ponerme en carretera otra vez, me quedé dormido durante el partido y cuando desperté España le había colado...

El pistolero

Imagen
Juan Antonio deja escapar un suspiro, un resoplido, en realidad, resultado más de la costumbre que del enfado. Joder, Andrés, pero si tú eres un pistolero, me dice. La frase tiene esa mezcla de guasa y resignación que sólo emplean quienes te conocen bien. Me echo a reír y le doy la razón. Total, llevamos toda la tarde trasegando buen vino con nuestro querido Rafa, que ya se ha marchado pero también sostendría que, cuando el objetivo merece de verdad la pena, o cuando me la merece, paso demasiado tiempo estudiando el terreno, calculando la distancia, esperando un viento que nunca cambia. Tantas vueltas doy antes de apretar el gatillo que, para cuando me decido, si es que me decido, el duelo ya ha terminado o el premio ha cambiado de dueñ o.  En cambio, cuando no me importa demasiado desenfundo con una facilidad sorprendente. Y, para colmo, casi siempre acierto. No deja de ser una  ironía , tal vez una ironía cruel, que la punter ía no suela fallar cuando la diana me da más o me...

El último mohicano

Imagen
Menuda puesta de sol, ¿verdad, Hawkeye? Más quisieran los atardeceres playeros que inundan Instagram estos días. Qué bien lo pasé viendo vuestra película. Alguna crítica se sorprendía de que Michael Mann, el director de Miami vice, estuviese al frente de un proyecto así. La vi en el cine y cada vez que vuelvo a verla me retuerzo en el asiento durante los últimos doce minutos. Un ejemplo perfecto de clímax continuo donde la tensión no deja de crecer hasta el final mientras contienes la respiración. Es, sencillamente, perfecto, sin un puto diálogo y con esa música. Desde que Duncan, el oficial inglés estirado, te la juega cuando has decidido sacrificarte en la hoguera para salvar a Cora. Je suis Le Longue Carabine! , gritó, para que lo quemasen a él en lugar de a ti.  Igual de haber sabido francés todo habría sido distinto. Luego tú lo alivias de las llamas con un disparo en la frente. A quién le iba a sorprender ya tu puntería. Pero si ibas cargándote desde el fuerte a todos los que...

La separata

Imagen
He estado haciendo algunos cambios en el blog. Nada grave, sobre todo porque mis habilidades tecnológicas son las de un chimpancé con acceso al panel de administración, con la única diferencia que el mono sería un poco más prudente antes de pulsar una tecla al azar.  La separata  nació hace la friolera de dieciocho años. El nombre, lo he contado muchas veces, es mérito de mi apreciado Cristóbal Cervantes, que bautizó así la sección de opinión con la que castigaba cada semana a los oyentes en la desaparecida Punto Radio. No tenía ni idea de cómo crear un blog (lo que decía antes sobre el chimpancé es cierto), pero como compenso las carencias con mucha voluntad conseguí armarlo y, además de los artículos que escribía cada semana, también fui recogiendo otros más antiguos, de cuando hacía lo mismo en Onda Cero, en El Correo de Andalucía o en algunas webs que confiaron en un desconocido escritor una década antes. El más antiguo de estos textos es de 1999. El más reciente, de hace ...

Vicios ocultos (segunda temporada)

Imagen
Algunos finales deberían prohibir una segunda temporada. El de  Vicios ocultos  pertenece a esa categoría, pero quién se resiste al sonido de las monedas cayendo en la máquina cuando sabe que basta pulsar otra vez el botón. A pesar de la prevención por no malbaratar el buen sabor de boca de la primera, empiezo con mucha curiosidad, y ganas, la segunda. La disfruto, sobre todo porque no quiere parecerse a la primera, porque intenta ir un poco más allá. No debió de ser una tarea fácil para los creadores, pero ese Gastby moderno con ecos de Tom Ripley que interpreta el guaperas de James Marsden (el Cíclope, para quienes vimos  X Men ) es un hallazgo para quitarse el sombrero. Me sobra el último episodio. Aunque entiendo que no quiere sino impulsar la trama hacia la tercera temporada, que ya parece estar en camino, me dieron ganas de levantarme y pedir la hoja de reclamaciones si no fuera porque yo en lugar de pedir la hoja de reclamaciones prefiero golpear con discreción la ...

El Padrino

Imagen
Escúchalo bien, Michael. No por lo de Tessio y la entrevista con Barzini. Eso saldrá bien. Con una jugada maestra vas a ventilarte a todos tus enemigos mientras en el bautizo pones cara de no haber roto un plato. Hasta al malnacido de tu cuñado te vas a quitar de en medio. Me refiero a lo que te dice sobre cuánto le entristece haberte endosado este marrón tan grande. Tú ibas para otra cosa: héroe de guerra, abogado honrado, yerno perfecto… Qué sé yo. Pero ese poli corrupto te partió la mandíbula después de que demostrases lo que tenías entre las piernas en la puerta del hospital. Ahí, cuando vi cómo no te temblaba la mano al encenderle el pitillo al tipo que venía a visitar a tu padre, comprendí que eras uno de esos héroes a quienes no les queda más remedio que serlo. Después de aquello a quién le iba a sorprender que te cargases al poli y al Turco durante la cena. Escucha bien a tu padre, insisto, porque todo lo que dice es verdad. Le habría gustado algo mejor para ti. No te va a serv...

Stallone

Imagen
Ochenta castañas le cayeron ayer a Stallone. Ochenta, sí. Una detrás de otra.  Hace tiempo me topé con un vídeo muy revelador en las redes sociales: el actor bajaba de un coche y docenas de adolescentes hacían cola para retratarse junto a él. Como este año se cumple medio siglo del estreno de la primera de  Rocky   y  Acorralado  llegó a los cines seis años después, ninguno de ellos había nacido, ni era un proyecto siquiera, cuando Stallone era Stallone. Tiene mérito, mucho. Yo, sin ir más lejos, no vi la primera de  Rocky  hasta diez años después y si alguna mujer no ha estado a mi lado el tiempo suficiente para sentarse a verlas todas conmigo no puedo adjudicarle la categoría de novia con todas las letras. O con mayúscula, si lo preferís. Ver ganar un combate al Potro Italiano nunca me ha hecho llorar, pero no soy capaz de ver el momento de la quinta entrega donde el boxeador arruinado recuerda el día que Mickey le regaló un colgante que perteneció a...

Correr

Imagen
Soy capaz de pasarme horas sobre un tatami practicando karate, otro tanto me ocurre con el yoga, el tiempo se me escapa caminando y disfruto pedaleando por el campo o sobre una bici estática, pero odio correr. Me ha pasado siempre, pero como envidio a quienes les basta enfundarse unas zapatillas y tirar kilómetros para disfrutar, de cuando en cuando me digo que he de encontrar el modo de divertirme. Tanta gente no puede estar equivocada, creo. Llevo muchos años con esa lucha, sin rendirme. La semana pasada volví a intentarlo en la vieja cinta de trotar que regalé a mis padres hace diecinueve años. Ellos ya no pueden usarla y yo, por alguna razón, acostumbro a elegir el camino más difícil. Si fuera fácil no tendría mérito, me gusta decir. Es como cuando alguien me advierte que algo no es para mí y respondo “¡¿Cómo que no?!”. Más de una novela empezó así. También algunas de las historias más bonitas de mi vida (esas, de momento, me las quedo): alzando una ceja, con aplomo o fingiéndolo, ...