Oye, Cristóbal, la semana pasada se estrenó la película Piratas del Caribe III , y los dueños de las salas de cine, los distribuidores y los productores deben de andar frotándose las manos y contando los doblones que les van a reportar las aventuras del ambiguo Johnny Depp , el blandengue Orlando Bloom , y la escuálida pero bellísima Keira Knigthley . Pero mientras esto sucede, querido amigo, unos piratas del siglo XXI , más avispados y con menos escrúpulos, nos han birlado cerca del Estrecho un fabuloso teso-ro que llevaba siglos esperando en el fondo del mar hasta que los GPS y la tecnología pudieran ponerse al servicio de los nuevos piratas. Y a mí, los piratas, Cristóbal, fíjate, históricamente siempre me cayeron simpáti cos . Pero bueno, eso me pasa por haber leído de muy niño La isla del tesoro. Me gustaban esos sinvergüenzas de toda la vida, los de pata de palo, pañuelo en la cabeza y parche en el ojo, esos que pilotaban barcos en cuyo palo mayor ondeaba una bandera que con...