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Mostrando entradas de 2021

Siempre andando

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No suelo planificar mucho. Ni en la vida ni en lo que escribo. Prefiero caminar tranquilo, con paso firme, sin pensar en el futuro más que lo justo. Dos años y medio han pasado desde que empecé a  escribir mi último proyecto . Veinte meses donde caben cosas buenas y cosas malas, como en la vida de cualquiera. En la  primavera de 2019  estaba a punto de publicar una nueva colección de cuentos y me di cuenta que en los últimos tiempos me había alejado imperdonablemente de la narrativa breve, a la que tantos buenos ratos debo. Busqué en mis  cuadernos  y encontré docenas de notas que nunca llegaron a eclosionar en las historias que apuntaban. Escogí una, la que más me apeteció, y me puse a escribir. Luego otra, sin prisas, y otra, hasta llegar a diez. Por el camino se me ocurrieron muchas más. ¿Por qué diez? Supongo que la rotundidad de la cifra me sugería una falsa sensación de orden o de meta confusa. Tampoco buscaba que las historias girasen en torno a un tema d...

Pseudónimos

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Hace trece años me dijo mi  agente : “Voy a tener que atarte en corto. Eso, o plantéate firmar algunos libros con  pseudónimo ”. No sé si hablaba en serio. En 2007 escribí una  colección de cuentos  y una  novela corta . La primera no se publicaría hasta 2009 (en realidad, sólo una parte; la otra en 2019 y ambas fueron seleccionadas como  una de las diez mejores colecciones de cuentos publicadas ese año en España ) y la segunda en 2015 (aunque ganó un premio en 2009 y un año después los convocantes del mismo lo publicaron en una edición con escaso recorrido). En 2008 publiqué dos  novelas (una en enero y otra en septiembre) y en 2009 la primera parte de  la colección de cuentos  antes referida y otra  novela . Como me gusta escribir sigo mi propio ritmo y a menudo los  textos  se van acumulando en un  universo ajeno  al  negocio editorial . Una parte de ellos (una parte estimable, vaya) se queda para siempre en ...

Los vencejos

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En 2008 recomendé con entusiasmo en la radio un libro que me había gustado mucho:   Los peces de la amargura , de Fernando Aramburu . Eran otros tiempos. Los medios de comunicación prestaban más atención a los libros. Sólo un poco más que ahora, pero algo es algo. Se trataba de un libro de cuentos sobre el terrorismo en Euskadi . Nunca había leído nada del autor y busqué otros libros suyos anteriores. Pocos años después el Centro Andaluz de las Letras me ofreció presentar en Sevilla un nuevo libro de cuentos de Fernando Aramburu y no pude o tal vez estaba arremangado hasta los codos terminando un proyecto propio y decliné la propuesta. Lo lamento, porque me habría gustado mucho conocerlo. No siempre pasa con los autores o con los libros que me piden presentar. Además de por su prosa, Fernando Aramburu pertenece al tipo de escritores que suele gustarme: carrera sólida labrada libro a libro, sin estridencias ni hacer el payaso en las redes sociales. Además, en una editorial tan ...

La bailarina de San Petersburgo, making of

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                 Aunque la memoria suele ser traicionera y organizar el caos de la existencia pertenece al ámbito de la literatura, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que todo empezó cuando leí  L o que ha quedado del imperio de los zares , de Manuel Chaves Nogales . Fue en el verano de 2013. Hacía menos de un año de la publicación de mi última novela, una historia de espías en el Madrid de 1950 y, aunque me apetecía cambiar de registro  y estaba a p unto de empezar otra policíaca ambientada en la Sevilla actual, ya tenía en la cabeza otros proyectos. No soy de los escritores que sufren el temido bloqueo. Al contrario: sé que no viviré los años suficientes para escribir todas las historias que me gustaría. Los reportajes que el periodista sevillano escribió sobre los rusos exiliados en París tras la revolución encerraban una serie de elementos muy atractivos para una novela: gente desarraigada, un mundo perdido y la cer...

En movimiento

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  Hace mucho tiempo le confesé a un colega de las letras que cada vez escribía con mayor  desapego . Sé que no usé la palabra adecuada. Pero él lo entendió enseguida. No me corrigió. La  gente inteligente  no pierde el tiempo tratando de aleccionar a los demás. No te preocupes, me dijo. Es normal. Con los años adquieres  oficio  y cada vez te distancias más de lo que escribes.  Llevaba razón. Estos días, cuando una nueva  novela  con mi nombre en la cubierta está distribuyéndose en las  librerías , me doy cuenta de que también he aprendido a  relativizar  lo que ocurra a partir de ahora. Yo ya he hecho mi trabajo. Lo mejor que he podido y lo mejor que he sabido. Sonreiré para las  fotos , hablaré de la  novela  en los medios que tengan a bien entrevistarme; haré lo posible, y también lo imposible, para que mis  editores  recuperen lo invertido, pero serán los demás quienes me adjudiquen caprichosamente ...