Aterrizando
Uno no cae en la cuenta del tiempo que lleva sin hacer algo que le gusta o quizá necesita pero lo ha aparcado inconscientemente hasta que se pone a ello. El viernes, por primera vez en casi tres meses, me siento delante de la tele para ver una película completa, sin prisas por hacer otra cosa, por colocar la ropa en una maleta, contestar a una llamada o a un mensaje urgente o comprobar otra vez los billetes del tren o del avión para no encontrar una sorpresa desagradable de última hora. No he parado durante la semana. Dos encuentros con lectores y una pequeña obra en casa que tenía prevista, con lo que la sensación de paz del viernes por la noche resulta doblemente placentera. Qué paradójico, qué raro aprovechar más el tiempo cuando tienes muchas tareas pendientes o la perspectiva de una cita inexcusable en el horizonte. El lunes es Nochebuena, pero el sábado tengo una cena con unos amigos. Gente con la que la llevo un montón de años entrenando y que, de alguna manera, se han con...