Cuestión de perspectiva
Estoy zambullido en la recopilación de artículos de un escritor que me gusta mucho. Durante el desayuno me zampo unos cuantos, y así cada día, poco a poco. La ficción la dejo para las noches. La oscuridad me estimula más para soñar o tal vez por las mañanas siento que aprovecho más el tiempo si leo un ensayo. El otro día, entre sorbo y sorbo de café, o entre bocado y bocado a la tostada, la reflexión sobre el autorretrato de un genio cuando tenía más o menos la edad que yo tengo ahora me deja tumbado. Por lo bien escrito y por lo que significa. El autor se refiere a él como un viejo, a su mirada de cansancio, sabedor de que lo mejor de su vida ha pasado y ya sólo puede aguardar la muerte con la mayor dignidad posible. No puede ser, me dije. Ni de lejos me siento así. Y mucho menos quiero sentirme. Y todavía menos siento que debería sentirme así. Por fortuna, enseguida leo el siguiente artículo, y aquí el escritor habla de una película en la que un personaje piensa exactamente lo contra...