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Mostrando entradas de 2026

Más madera

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  Hace dos décadas pasé mucho tiempo investigando la vida del tipo que popularizó la  relatividad . Lo pasé bien, viajé a varios lugares inolvidables en buena compañía y ,  tras descubrir muchas de sus debilidades como ser humano y hablar con gente que lo trató, Albert Einstein acabó cayéndome simpático.  Me gusta la gente que vive y se la juega, que acierta y se equivoca.  Cuánta razón tenía  ese tipo: e l tiempo es  elástico . Cinco minutos  junto a una mujer estupenda  desaparecen sin dejar rastro. Cinco minutos en una oficina puede n durar un cuarto de siglo. Salgo de la de   la  asistente social  preguntándome si Larra también estuvo aquí.   A pesar de  los ordenadores, las fotocopiadoras y las pantallas táctiles,  Vuelva usted mañana  continúa siendo un manual  de sorprendente vigencia . La escena comienza  incluso antes de empezar.  Despu é s de u n mes esperando la cita, me siento ...

Tiburón

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Lo mío debe de tener un nombre en psicología. Si salgo de esta igual me siento en el diván. Quién me  mandaría  venir. Con el biólogo y el policía; y el veterano de guerra al timón. Visto de cerca  el Carcharodon Carcharias  acojona. El diván de un psicólogo, digo. Aunque, ya puestos, viendo acercarse esa manifestación de cuchillos afilando cuentas pendientes, mejor una psicóloga. Con la muerte tan cerca se esfuman las tonterías.  Que le den a la corrección política.  Una psicóloga para contarle que de niño me leí la novela en la playa. Igual era una excusa para quedarme en el apartamento leyendo tebeos. A los trece años ya apuntaba maneras de friki. Y a mucha honra, oye.  No me acuerdo de si vi la película antes o después, pero espero que estos dos tipos que tienen tanto miedo como yo no hayan leído el libro, porque en la novela el biólogo de los ricitos se tira a la mujer del poli. Supongo que Spielberg pensó, con buen criterio, porque es cualquier c...

Los huevos de Reagan

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Tenía dieciséis veranos y, como dice Steven Seagal en el hermoso prólogo de Por encima de la ley, todavía no se me habían abierto los ojos del todo. Hasta de la película menos apropiada se pueden extraer lecciones interesantes. Es lo bueno de no tener prejuicios. Y de que a la edad que tenía cuando estrenaron la primera de Steven Seagal me gustasen las películas de Steven Seagal. Dieciséis veranos, digo. Centro comercial en algún lugar cerca de la frontera de Estados Unidos y Canadá. Un amigo español que también estaba de intercambio vio una figura de cartón de Ronald Reagan a tamaño natural como reclamo en una tienda y pidió permiso para retratarse agarrándolo por los huevos mientras le ponía los cuernos con la otra mano. El encargado se encogió de hombros, indiferente.  —Este es en un país libre. Muy pocos años después, todavía muy joven y con los ojos todavía semicerrados, quién sabe si como ahora, vi una manifestación multitudinaria de mujeres que defendían el derecho al abort...

Boñigas

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No sé si el chiste es bueno, pero a mí siempre me ha hecho gracia. Un padre tiene dos hijos. Uno es incapaz de encontrar el lado bueno de las cosas; el otro, por el contrario, parece empeñado en descubrir una rendija de esperanza incluso cuando no la hay. Llegan los Reyes Magos. Al pesimista le dejan una escopeta de aire comprimido. Al optimista, una caja llena de boñigas de caballo. A la mañana siguiente el padre encuentra al primero llorando por el pasillo. —¿Qué te pasa? —Pues mira el disgusto. Si disparo a alguien puedo hacerle daño; si rompo un cristal tendré que pagarlo. Siempre acabaré teniendo problemas. El padre intenta consolarlo y sigue adelante. Un poco más allá aparece el otro hijo dando saltos de alegría. —¿Y tú por qué estás tan contento? —¡Porque los Reyes me han traído un caballo! Lo que pasa es que todavía no lo he encontrado. Siempre me ha gustado este chiste. No porque crea que el optimismo consista en engañarse o en negar la realidad, sino porque sospecho que la vi...

Masaje de pies

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Hacía mucho que no la veía tan quieta. Casi dormida mientras le masajeaban los pies, esa voluntad indomable parecía haberse rendido. Se antojaba raro verla entregarse sin resistencia. Como esas fieras que acaban apoyando la cabeza sobre la mano del cuidador. Bastaban dos manos expertas y unos cuantos minutos para domesticar, siquiera un rato, a quien lleva toda una vida empeñada en no dejarse domesticar por nadie. Con un par. Un par de mi madre, digo. Nunca le habían dado un masaje en los pies. Al menos que yo sepa. La miré, sonriendo, todo el rato que duró. Me quedé más tiempo para verlo. Mientras observaba la escena me acordé de una de esas ciudades centroeuropeas que parecen inventadas por un ilustrador de cuentos. Tantos años hace que parece otra vida. Y en realidad es otra vida. Mi novia de entonces y yo llevábamos varios días caminando como si nos hubieran puesto las pilas del conejito de Duracell, durante el frío de diciembre que tanto me gusta en esas latitudes. Al final de la ...

Get busy living (explicado)

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Me gusta cuando lo que escribo puede leerse en planos diferentes. Unos lectores disfrutarán de la capa más superficial, otros profundizarán un poco y apenas tres o cuatro personas que me conocen muy bien o participan secretamente del texto quizás entenderán de una forma más honda lo que digo. También, bastantes, incluso más de los que me atrevo a decir, afirmarán saber por qué digo lo que digo pero en realidad no tendrán ni puñetera idea. No sé si me divierte más el atrevimiento o la ignorancia. Y, por supuesto, a la mayoría no interesará lo que pongo negro sobre blanco. Cuando aceptas que no eres sino una gota, otra más, en el océano, la vida resulta un poco menos áspera. Nunca considero conveniente explicar los textos, mucho menos justificarlos. Me pasa igual que con los chistes y el amor: para qué explicar un chiste que no ha provocado una carcajada instantánea; para qué perder el tiempo en explicar a alguien las razones por la que debería estar enamorado de ti si no siente lo que t...

Casablanca

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No te enfades con él, Rick. Sam es buen tío. Mejor todavía: un perro fiel. Y eso es aún mejor que un amigo. Ella le ha pedido esa canción. No te imaginas cuánta gente en el futuro repetirá vuestras palabras. “Tócala otra vez, Sam”. “Los alemanes iban de gris, tú ibas de azul”. Y la de la amistad. Pero esa todavía no puedo contártela. Tendrás que esperar al final de la película para enterarte. “De todos los bares del mundo tenía que entrar en el mío”. Esta es mi favorita. Anda que no me la he repetido veces, en distintas versiones: “De todos los hombres del mundo se ha tenido que fijar precisamente en mí”, “De todos los sitios posibles he tenido que ir a este”, “Tantas mujeres y he tenido que fijarme en esta”. Ya ves, vuestra historia da para mucho. Hasta tengo un póster en el salón. Más de treinta años lleva enmarcado. Confía en mí. Ahora toca apretar los dientes y fingir que no te importa verla con otro, como si eso fuera posible. No consuela saber que aún te quiere, ¿verdad? Y duele ...

Spermmaxxing

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Sí, ya lo sé: dos artículos seguidos en torno al sexo tal vez sean demasiados. Andrés está fatal, pensaréis. Entre que ha empezado el verano, que a su madre le han dado el alta y que las mujeres ya no lo miran como antes no toca sino aguantarlo, pobre. Y mirad que lo siento. No creo en el destino (y no os aburriré otra vez con mi teoría sobre las bolas de billar: buscad en esta bitácora o en cierta novela mía si tenéis curiosidad), pero es poner la radio mientras conduzco y enterarme de algo relacionado con lo que sucede al sur de la cintura. Ayer descubrí uno de esos neologismos gracias a los cuales los diccionarios no dan abasto:  Spermmaxxing , una práctica destinada a maximizar la calidad o la cantidad del esperma. Mi conocimiento sobre el asunto, hasta ayer mismo, lo confieso, se reducía a un comentario de Nacho Vidal sobre la conveniencia del zumo de tomate para la sobreabundancia de ciertos fluidos indispensables en su trabajo. Como soy un hombre al modo terenciano y nada de...

Noche de San Juan

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Como la noche de San Juan sugiere desenfrenos varios (bienvenidos sean, sólo faltaría, pero ayer alguien en la radio recomendaba no bañarse en el mar a quien bebiese más de la cuenta) y mi mente de pervertido enseguida se pone a pensar lo que no debe, me acuerdo de una encuesta reciente del CIS sobre sexo. Ya sé que confiar en el CIS puede ser tan inteligente como usar el horóscopo para invertir tus ahorros, pero como no he pisado hogueras, estoy lejos de la playa y durante la última semana he dormido menos que un padre primerizo con trillizos, la estadística del Centro de Investigaciones Sociológicas es lo único que tengo a mano.  Doy por hecho que cuando de sexo se trata mucha gente exagera o miente descaradamente, por exceso o por defecto. Sí, por defecto también. Me encanta ese chiste en el que a alguien le preguntan si aguanta mucho tiempo follando y responde que bastante, pero sobre todo aguanta mucho tiempo sin follar. Pero bueno, me pongo serio ya: a estas alturas calculo q...

Espartaco

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Aquí, con mi amigo el tracio, antes de enfrentarnos en la arena de la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato. Pero esta vez será distinto: no vamos a matarnos ni dejar que un romano rico decida nuestra suerte. Aún no lo sabemos, pero la vamos a liar parda. Durante un par de años les daremos a los legionarios hasta en el carnet de identidad. Luego adornarán la Vía Apia con los esclavos crucificados, pero habrá merecido la pena intentarlo, joder. A él lo recordarán durante siglos. Tampoco lo sabe. Cómo podría. Más de dos mil años después, un tipo empezará a escribir una novela sobre nuestra revuelta mientras cumple condena por no delatar a sus amigos comunistas. Unos pocos años más tarde otro tipo valiente comprará los derechos y se empeñará en hacer una película. Contratará a un director muy famoso pero lo echará y lo sustituirá por un joven genio, aunque se pelearán muchas veces durante el rodaje. También despedirá a la protagonista y en su lugar pondrá a una joven y hermosa actriz....

Solsticio de verano

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Un grupo de chavales, bien vestidos. Ellos con las chaquetas sobre las sillas y las corbatas flojas. Los vestidos de ellas arrugados, como procede tras una larga noche de fiesta. Están de moda las graduaciones. Presumo una madrugada larga aunque sea la noche más corta del año. Hablan de ir a la piscina. Hoy, mañana y varios días más de los que vendrán. Una pareja en la mesa de al lado. En la treintena o quizás al principio de la cuarentena. Demasiado tacón para desayunar. La etiqueta con el precio todavía en la suela del zapato. O se conocen desde hace tiempo o no hay nada entre ellos. Se me ocurren varias cosas más divertidas que desayunar para rematar la primera noche juntos. Mejor ir al bar después, pienso. Mejor aún que sea tan tarde que ya no sirvan desayunos.  Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador. Como soy sabinero desde muy jovencito y aún no estaba de moda serlo, me acuerdo de esa canción. Me he emborrachado muy pocas veces en mi vida, un viejo amigo decía...

El juego

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  No lo puedo coger ahora, me dice, cuando le acerco el teléfono porque la llama su hermana. Ya es hora de irse a la cama, pero se hace la remolona porque tiene algo que hacer, parece. Deja el teléfono sobre el regazo y anuncia que se va a fumar un cigarro. Anuncia, digo. No pregunta, no pide permiso, no ruega. Dice lo que va a hacer, nos guste o no. Pero no hay tabaco. Ni mechero. Tememos que en su estado un cigarrillo resulte tan saludable como una inyección en el corredor de la muerte. Nos quedamos mirándola, los tres. Uno suspira y mira el fútbol en la tele, resignado. La otra duda. Por eso me levanto, porque me toca. Porque creo que de los tres soy quien mejor puede hacerlo. Hay tres formas de afrontar esos momentos en los que la mente comienza a perderse por lugares imaginarios propios de la infancia: enfadarse, ignorarlos o participar del juego. De algo debe servir llevar toda la vida jugando a imaginemos. Venga, le digo, vamos a fumar. ¿Tienes tabaco? Ella se encoge de homb...

El mundo ya no es lo que era

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  Como llevo varios días peleando por que el mundo no se me caiga encima, me pillaron por sorpresa la carpa, la jaula y los tropecientos invitados en los jardines de la Casa Blanca. No sabía que el Calígula que ocupa el despacho oval cumplía ochenta primaveras el domingo pasado. La comparación se antoja facilona, lo sé. Pero disculpadme: estoy espeso, me faltan horas de sueño, me sobran los problemas y esta mañana me apetece llenarme las fosas nasales con lo que se la ponía dura al coronel Kilgore. No he visto imágenes del gran momento, ni falta que me hace, pero no me sorprendería una del loco pelirrojo usando el pulgar para dictar sentencia sobre el luchador derrotado. Con toga y corona de laurel, por supuesto. Antes los pelirrojos locos tenían la cara de Kirk Douglas, los megalomaniacos empeñados en cambiar el mundo navegaban por el Nilo mientras sesteaban junto a emperatrices egipcias y quienes mandaban en el país más poderoso del planeta prometían poner a un hombre en la luna ...

La chica que amaba a Gregory Peck

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Pues que nos echen, me dice, encogiendo los hombros, con indiferencia no impostada. Miro a un lado y me río, procurando que no me vea, qué ingenuo, como si pudiera engañarla. Nos ha insistido en la caja roja y se la hemos traído al hospital. El neceser donde guarda las pastillas, el rosario, el móvil, la libreta y un bolígrafo. Pero también, en algún pliegue secreto, un cigarrillo que ha sacado y a punto ha estado de engañarnos. Me pregunto cuánto tardaría en conseguir una lima para cortar los barrotes y escapar de la cárcel si se terciara. Me insulta con cariño cuando le pido que abra la mano, cerrada como la de una niña  traviesa. Sólo ella es capaz de reñirte con la guasa suficiente para que no dejes de tener presente cuánto te quiere. Las piernas ya no le responden, a veces la cabeza tampoco, pero hasta el último día, a pesar de sus buenos modales, su amabilidad y su dulzura, habitará en ella ese carácter indomable, la voluntad inquebrantable de luchar por lo que quiere y pelea...

El señor de las moscas

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  Decidí no verla, pero Stephen King la recomendó con entusiasmo y quién soy yo, un pobre juntaletras, para rebatir los argumentos del maestro. Stephen King, además, ha retratado como nadie, con permiso de William Golding, el paso de la niñez a la adolescencia. Sabe de lo que habla, sólo faltaría.  El señor de las moscas es uno de esos libros que sembraron algo muy potente en el adolescente que fui. El recuerdo es tan fuerte, tan querido, que prefiero no ver la adaptación a la pantalla. Con  Fundación , de Asimov, no temo sucumbir a la tentación de ver la serie. El tesoro que conservo en la memoria es demasiado valioso. Espero que al autor de  El resplandor no le dé por recomendarla: a estas alturas de la vida prefiero esquivar los dilemas. Y ahí los tengo, por fin, en la pantalla de la tele: al lúcido Piggy,  con sus michelines y sus gafas rotas; a Ralph, el líder guapo superado por las circunstancias; a Jack, el siniestro fascista preadolescente; a Simon,...

Junio

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Me gusta junio. Cuando lo digo en voz alta resulta más evidente la paradoja que sospecho: abomino del calor en el paraíso al sur de Despeñaperros pero celebro el mes en que al sol le da por mostrarnos cómo es la antesala del infierno. Pero me da igual porque no creo en el infierno. Tampoco en el cielo. Cuentan las crónicas que algunos cruzados centroeuropeos que se apuntaron a la excursión a las Navas de Tolosa tuvieron que retirarse porque se les recalentaron los cascos bajo el sol andaluz. Tiene sentido: morir por el tajo de una cimitarra se antoja más honroso que caerse del caballo por una bajada de tensión. Quizá voy de moderado y ecuánime pero me seducen los extremos: los sabores fuertes, algunos vinos potentes (mi querido Rafa, tan astuto, casi más de lo que aparenta, lo adivinó un día que le conté qué vino de los que habíamos tomado prefería), las luces navideñas en diciembre y el mes de junio porque marca el inicio de alguna promesa de felicidad. Como de vacaciones infantiles. ...

Cápsula del tiempo

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Es un sobre viejo que contiene otros sobres todavía más viejos. Sabía que existía, pero no recordaba dónde lo guardaba. Aparece por casualidad. Como cuando al dejar de buscar algo lo encuentras delante de tus narices. Me pasa a veces, me siento uno de esos pescadores que devuelven la presa al mar tras atraparla y lo dejo donde estaba. Fue ayer, al mover un montón de cajas para adecentar un rincón donde quiero dibujar y leer. Cuando uno pasa mucho tiempo en el mismo lugar resulta sano separar los espacios si es posible: donde escribe, donde corrige, donde lee, donde dibuja. Una forma tan tonta como cualquier otra de espantar la monotonía. Pero estoy haciendo trampas: nunca me asalta el tedio cuando escribo, ni cuando corrijo, ni cuando leo, ni cuando dibujo. En cuanto empiece a parecerse a un trabajo, déjalo. Lo recomendaba Ray Bradbury, y ya sabéis: los consejos de los maestros, sobre todo los de este, los sigo a rajatabla. Cada uno profesa la religión que le apetece, ¿no? No suele agu...

El terco juntaletras

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Este cuaderno ha durado menos que otros. Porque escribo mucho, claro. Valga como respuesta a ciertos idiotas que me preguntan si sigo escribiendo. ¿Sigues respirando? ¿Sigues comiendo, viviendo? ¿Follando? ¿Sigues diciendo tonterías? Suelo pensarlo mientras callo y sonrío. A veces no sonrío. Escribir forma parte de mí. Mi manera de estar en el mundo, si me pongo exquisito. Pero no me gusta ponerme exquisito. Prefiero arremangarme cuando escribo y contar lo que me dé la gana. Tiene su parte buena cuando se mira con perspectiva una carrera larga y su parte mala cuando los editores han de hacer cuentas. Lo segundo no me preocupa pero lo respeto. Lo primero tampoco me preocupa pero me gusta.  Esta mañana llego a la página 400 de esta suerte de diario, notas, reflexiones, apuntes, y recuerdos de buenos ratos (también malos). Lo empecé hace menos de siete meses. Hoy mismo, o quizá mañana, empezaré otro. Ya no caben más cuadernos de estos en la estantería. A menudo pienso que sería bonito...