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Mostrando entradas de junio, 2018

El día de mañana

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Me siento delante de la tele a ver El día de mañana con el prurito de curiosidad y la aprensión inevitable de haber leído la espléndida novela de la que procede. Antes estaba muy al día de lo que se estrenaba. Ahora, no sé si porque cumplo años o por la saturación de oferta, presto menos atención. No tenía ni idea de que se había rodado una serie a partir de la novela de Ignacio Martínez de Pisón . La historia de Justo Gil , ese inmigrante que llega a Barcelona en los sesenta y para sobrevivir acaba convirtiéndose en confidente de la policía , merecía una película , o mejor, una serie , ese formato tan de moda ahora pero que no siempre está a la altura de las expectativas. No es éste el caso, desde luego. No sé si los seis episodios que ha dirigido Mariano Barroso recibirán la atención y el reconocimiento que deberían, pero El día de mañana es una de esas series que veo y me falta tiempo para recomendar: ya lo he hecho con unos cuantos amigos que sé que la disfrutarán...

Generosidad

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Hace un cuarto de siglo les dejé a mis padres un cuento que había escrito. No a un amigo , no a una novia . A mis padres, con mucha vergüenza . Tantos años después, siguen leyendo todo lo que escribo, en cuanto lo doy por finiquitado, antes incluso de mandárselo a mi agente . Mi padre es el primero, porque lee más rápido, tanto que rara vez advierte la presencia de una errata . Luego llega el turno de mi madre, lápiz en mano. Ella tarda más, relee cada párrafo, subraya lo que no entiende y marca implacablemente las incorrecciones que yo, viciado de tantas lecturas, he sido incapaz de ver. Es un acto de generosidad , sobre todo. A menudo regalo libros, pero no acostumbro a dejar los originales porque, de alguna manera, es obligar a que te lean y al mismo tiempo esperar que sean benévolos contigo. Por eso sólo se los doy a mis padres y a algunas personas muy queridas y muy cercanas que insisten ― puede que también con generosidad , sin que les apetezca mucho ― en leer lo que ac...

Cuando te llega el turno

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No soy famoso. Vaya esto por delante. Cuando la ironía cotiza a la baja y las redes sociales se convierten en el altavoz de quienes leen a la ligera y a menudo sin entender lo escrito, conviene aclararlo. Tengo un trabajo público , con cierta repercusión, salgo en los medios de comunicación cuando publico un libro pero, dados los índices de lectura , si no eres un autor superventas ― y ni siquiera así ― , son muy escasas las probabilidades de que te reconozca un lector por la calle. Tiene sus ventajas, no crean ustedes. A pesar de todo hay gente que te conoce, que sabe quién eres, incluso sabe dónde vives o conoce a tus amigos. Como cualquiera, a veces te equivocas, te presentan a quien no te conviene e incluso hablas lo que no debes, y los modales de alguien que creías inofensivo de pronto devienen en los de un extorsionador : no me gusta cómo me has mirado y voy a hablar mal de ti, si no contestas a mis mensajes voy a dejar de leerte; como me he dado cuenta de que no eres el...