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Mostrando entradas de agosto, 2022

Clásicos

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Si quiero ser honrado, no puedo sino reconocer que cada día que pasa me gusta más lo antiguo. Aunque preferiría no padecer cierto desamparo cuando salgo a la calle sin el móvil, no reniego de los parabienes de la tecnología. Con los libros me pasa igual: descubrí hace unos meses las ventajas del lector electrónico (desayunar con las manos libres mientras disfruto de una novela o hacerlo a la luz de la luna resulta estupendo), pero sigo prefiriendo el papel. Y confieso sin rubor el placer físico, no sé si orgásmico, cuando la tinta fluye desde la pluma hacia las páginas de mi cuaderno.               De orgasmos hablaba el otro día con alguien que quería convencerme de las ventajas del sexo tántrico. Por lo visto, dominarlo requiere de esfuerzo y sacrificio. Puesto que muchas de las cosas que merecen la pena no pueden conseguirse sin esfuerzo ni sacrificio, me pareció bien. Pero prefiero los clásicos, repliqué. Sin entrar en detalles de si es m...

Algoritmos

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En lo que a  conciertos  se refiere, igual que para otras cosas que mucha gente considera divertidas, soy muy aburrido. Me pasa también con las  carreras de coches  o de  motos : en la tele sólo me arrancan bostezos y sentarme en las gradas de un  circuito , con esa mezcla de  multitud y ruido , se me antoja la  antesala del infierno . Disfruto de los  conciertos de clásica  o  de bandas sonoras  en  auditorios o al aire libre , pero la  música popular  la prefiero mientras conduzco o para amenizar las duchas. Solo o en compañía. Me refiero a las duchas. Bruce Springsteen  es uno de mis cantantes favoritos. De jovencito me aprendí muchas de sus letras. De vez en cuando todavía me descubro tarareando alguna. En alguna entrevista me han pedido una  canción  para usarla como recurso y a menudo ha sido una del  Boss :  My hometown ,  I wish I were blind ,  Brilliant disguise , ...

La distancia

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  Sostenía un amigo de la adolescencia que en invierno se duchaba con agua fría y en verano con agua caliente. Siempre me pareció un argumento esnob propio de esas edades. Todo es empezar a afeitarte y buscar la forma de diferenciarte, por disparatada que sea. No eludo mi responsabilidad. También fui adolescente y todavía hoy, pasado el medio siglo, a veces me da vergüenza comportarme  ― y sentirme ― como tal. No sé si se trata de falta de madurez, pero en los asuntos que tienen que ver con la temperatura soy más clásico: en verano me gusta el agua fría y en invierno caliente. Supongo que por ser de letras con la climatización me pasa lo mismo: veintisiete grados en verano me parece calefacción y diecinueve en invierno se me antoja aire acondicionado.  Sin duda gobernar es  ― o debería ser ― mirar por el bien común y ser capaz de tomar decisiones difíciles con la suficiente distancia para ser ecuánime. El problema empieza cuando la necesaria distancia empieza a a par...