Clásicos
Si quiero ser honrado, no puedo sino reconocer que cada día que pasa me gusta más lo antiguo. Aunque preferiría no padecer cierto desamparo cuando salgo a la calle sin el móvil, no reniego de los parabienes de la tecnología. Con los libros me pasa igual: descubrí hace unos meses las ventajas del lector electrónico (desayunar con las manos libres mientras disfruto de una novela o hacerlo a la luz de la luna resulta estupendo), pero sigo prefiriendo el papel. Y confieso sin rubor el placer físico, no sé si orgásmico, cuando la tinta fluye desde la pluma hacia las páginas de mi cuaderno. De orgasmos hablaba el otro día con alguien que quería convencerme de las ventajas del sexo tántrico. Por lo visto, dominarlo requiere de esfuerzo y sacrificio. Puesto que muchas de las cosas que merecen la pena no pueden conseguirse sin esfuerzo ni sacrificio, me pareció bien. Pero prefiero los clásicos, repliqué. Sin entrar en detalles de si es m...