Cine de verano
Algunas noches monto una suerte de cine de verano: una butaca, una mesa donde colocar la supertableta que uso para dibujar, auriculares de diadema, una bebida en copa de balón o en vaso labrado, me gusta el tacto y sentir el peso, a veces un helado, y me zampo una película al raso. Selecta nevería, anunciaban los cines de verano cuando era un crío. Pocos placeres tan sencillos y tan rotundos. Anoche tengo listo el tinglado para la proyección cuando recibo el mensaje de una amiga. Me cuenta que ha visto una película que recomendé el otro día en las redes, que le ha encantado. Que siempre sigue mis recomendaciones y que nunca la defraudan. Valga este reconocimiento desde aquí (sé que lo leerá) para darle las gracias. Uno escribe y procura no aburrir y también aportar algo, sin saber muy bien qué y mucho menos si llegará a los demás. Comprobar que el tiempo invertido en juntar letras sirve para provocar alguna reacción da sentido a muchas cosas. Al cabo, los escritores (me arriesgaré a us...