Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2024

Cine de verano

Imagen
Algunas noches monto una suerte de cine de verano: una butaca, una mesa donde colocar la supertableta que uso para dibujar, auriculares de diadema, una bebida en copa de balón o en vaso labrado, me gusta el tacto y sentir el peso, a veces un helado, y me zampo una película al raso. Selecta nevería, anunciaban los cines de verano cuando era un crío. Pocos placeres tan sencillos y tan rotundos. Anoche tengo listo el tinglado para la proyección cuando recibo el mensaje de una amiga. Me cuenta que ha visto una película que recomendé el otro día en las redes, que le ha encantado. Que siempre sigue mis recomendaciones y que nunca la defraudan. Valga este reconocimiento desde aquí (sé que lo leerá) para darle las gracias. Uno escribe y procura no aburrir y también aportar algo, sin saber muy bien qué y mucho menos si llegará a los demás. Comprobar que el tiempo invertido en juntar letras sirve para provocar alguna reacción da sentido a muchas cosas. Al cabo, los escritores (me arriesgaré a us...

Lecturas felices

Imagen
  Combinar lecturas felices es otro de los placeres veraniegos. En las últimas semanas, de las piezas breves de Milena Busquets a otro tomo de los  Diarios  de Iñaki Uriarte. Qué gran descubrimiento. De los cuentos de Philip K. Dick a un par de viejas novelas de Grisham. Llevaba por los menos veinte años sin leer al rey de las novelas de abogados y al retomarlo recuerdo, si es que lo había olvidado, que tiene cosas bastante estimables. También sucede que no tengo prejuicios o procuro no tenerlos. Un par de viejos Grishams zampados este verano sin tener que tomar una pastilla para amortiguar los sentimientos de culpabilidad. Placeres culpables, que dirían los esnobs. Y yo que me alegro. Por no sentirme culpable, digo. Revistas cuya lectura he aplazado durante años porque prefiero abrirlas en verano. Siempre encuentro algo. Al cabo de un año estarás lleno de cosas, decía Ray Bradbury. Además de mi padre, Ray Bradbury es de los pocos tipos cuyos consejos sigo a pies juntilla...

Madrugar

Imagen
El hombre feliz es el que se levanta cuando se despierta. La frase no es mía. La escuché hace tiempo en un podcast de mi querido Óscar Gómez. Tampoco es suya, me contó, se la dijo hace mucho tiempo otro viejo amigo común. No sé si este también se la escuchó a alguien. Es posible: suena a sabiduría popular. El resultado del silogismo sería que quien escribe esto es un tipo feliz. Pero sólo soy feliz a ratos. Una profesora en el instituto me dijo que la gente que piensa nunca puede ser feliz del todo. Se refería a un personaje de El señor de las moscas , pero también hablaba de mí o me advertía de los peligros de la lucidez. Quizá ambas cosas. A lo que iba: soy de los que, a no ser que tenga una cita mañanera o vaya a salir de viaje, jamás pone el despertador. Y cuando lo pongo rara es la vez que no tengo los ojos abiertos antes de que suene. Me gusta madrugar. Las pocas veces que sigo en la cama después del amanecer estoy un rato enfadado porque me mosquea pensar que el mundo ha empezad...

La hora de los solteros

Imagen
Parece que Tinder tiene las horas contadas. Una lástima, porque parecía una alternativa estupenda a quienes nunca le hemos visto la gracia a eso de apostarnos en la barra de un bar para preguntarle a alguna chica solitaria algo tan ridículo como “¿Estudias o trabajas?”; o que nos lo pregunten. Pero el mundo evoluciona, que diría Heráclito (ya lo sé: la referencia presocrática de cultureta no sirve más que para que te miren raro, pero cada uno es como es), y parece que la razón del fin de las aplicaciones de citas, al menos tal y como las conocemos, es algo tan prosaico como los pasillos del supermercado. Ensimismado como estoy entre libros y películas no me había enterado y desperdiciaba mi precioso tiempo yendo a comprar cuando creo que hay menos gente. Maldita manía mía la de evitar las aglomeraciones. Me entero por la prensa de una corriente que emerge con fuerza. El código secreto, o sólo apreciable para los solteros con ganas de conocerse, es ir al supermercado entre las 19 y las ...

Cansancio del verano

Imagen
Me empieza a pesar. Menos que otras veces, por fortuna. El verano, digo. Pero a finales de agosto ya me cansa. Hace muchos años me prometí alquilar algo en la playa para estar desde junio hasta octubre, sin volver a Sevilla un solo día, tomar el sol hasta que se me tostasen los dedos de los pies. La felicidad del verano son los pies morenos, de andar descalzo, de dar largos paseos por la orilla. Lo fui dejando, nunca lo alquilé. Pasaban cosas, iba a otros sitios. O no pasaba nada y tampoco iba a ningún sitio. El verano anterior fue complicado. Sólo pude acercarme una tarde a la playa y estaba nublado. Miento, seguro que pude más de una tarde, pero no me apeteció porque estaba demasiado cansado. A veces todos los problemas llegan a la vez. Este ha sido más tranquilo. Más feliz por eso mismo. Tan tranquilo que aún no me lo creo. Algunas escapadas. Pero me falta constancia para dejar que se me tuesten los dedos de los pies y cuando vuelvo a casa me da pereza tomar el sol. De niño, cuando ...

Las alegrías

Imagen
Me olvido el móvil en una casa no del todo ajena. A veces soy muy despistado. Cuando me doy cuenta ya es tarde para ir a buscarlo. Tampoco me apetece. A veces soy muy perezoso. Parece que el mundo se acaba cuando te olvidas el móvil, sobre todo si es de noche y lo tienes conectado por si unas cuantas personas muy cercanas te necesitan, pero el mundo sigue girando, qué bien, sin ti y sin tu teléfono. Saber que no eres imprescindible resulta liberador. Han entrado varios mensajes cuando lo recupero. Tengo todas las notificaciones silenciadas y a veces, cuando miro la pantalla para otra cosa y veo los avisos me lanzo a abrirlos como un adolescente esperando una carta de amor, aunque ya no sea un adolescente y aún crea en el amor; por ser un adolescente que aún espera cartas de amor. Pero uno de los mensajes es aún mejor que eso. No, no os voy a contar si recibo cartas de amor. El puñetero guasap a veces trae buenas noticias. El largo párrafo de un amigo, que empiezo a leer con aprensión i...

1.003

Imagen
Como me acuerdo de casi todo me alegro cuando se me olvida algo, porque me he despistado o porque estaba tan ocupado haciendo otra cosa que se me ha ido el santo al cielo. Pensaba escribir algo cuando llegase a la entrada número 1.000 del blog, pero últimamente ando ocu pado en vivir y he bajado la guardia. Acabo de mirarlo y la entrada número 1.000 la subí el pasado día 9, se titulaba  Segunda línea . Por aquí debe de andar, si os apetece leerla. Por tanto, esta es la 1.003. Miro los archivos de la bitácora: la primera entrada es de 1999, pero no es real porque este blog nació en 2008, lo he contado muchas veces, y se llama  La separata  porque así había bautizado mi querido Cristóbal Cervantes a mi sección de opinión en Punto Radio. Tenía muchos textos anteriores, de las temporadas en Onda Cero, de las columnas en El Correo de Andalucía y en otros lugares donde me dejaron escribir de lo que me apeteciera. De ahí el montón de textos anteriores al nacimiento del blog. He ...

El oficio equivocado

Imagen
Pertenezco a esa clase de idiotas a quienes les importa que los demás tengan buena opinión de ellos. No es por mi trabajo. Esa sería la respuesta fácil, la que menos explicaciones requiere y la que usaría para contentar a los demás. Pero no es lo mismo desear que los demás tengan buena opinión de ti (resulta legítimo buscar ser apreciado, amado, respetado o admirado) que permitir que la subjetividad de los demás te condicione. Me provocan un rechazo instantáneo quienes responden alegremente que les importa una mierda lo que digan sobre ellos. Tener presente la opinión de otros, aunque sólo sea por curiosidad, te empuja a ser mejor persona, estoy convencido. Hay un test muy ilustrativo sobre eso, en más de un cuaderno ajeno lo he dibujado para explicarlo, pero no quiero desviarme. Lo divertido, al menos a mí me divierte, es el desconcierto que los buenos modales (o el autocontrol: como muchas otras cosas, no estoy seguro de que no sean sinónimos) provocan en quienes apenas te conocen. S...

Master and commander

Imagen
  En mi cuaderno anoto los títulos de las películas que veo y los libros que leo. Alguna vez lo he contado. Si me gustan mucho, pongo un asterisco. Si me parecen excepcionales, pongo dos. Por alguna razón, las películas van en la izquierda de la página y los libros a la derecha, todo ordenado por meses. Los títulos de la derecha duplican, y a veces triplican, a los de la izquierda. No escribo los títulos de las películas que empiezo y abandono al cabo de un rato  o los libros que cierro para no volverlos a abrir tras unas pocas páginas. Son más las películas que me aburren que los libros que no aguanto. En lo que lleva de año sólo he puesto dos asteriscos en dos películas que, según parece, no han gustado a la mayoría:  Cerrar los ojos  y  Horizon . Ambas rondan las tres horas. El otro día empecé a ver la serie  Those about to die  (Roma y Anthony Hopkins como Vespasiano) y sólo conseguí terminar a trompicones el primer episodio. Qué despropósito....

Segunda línea

Imagen
  Me gusta el verano, pero lo preferiría más corto. Este no me está resultando muy pesado todavía. Veremos cuando llegue octubre y me asalte la nostalgia del invierno al abrir el armario y mirar las botas y las bufandas criando telarañas. Lo de las telarañas es metafórico. Mejor aclararlo para quienes no comprendan que en todo, o en casi todo, puede habitar más de un sentido. Aprovecho para ir a la playa cuando puedo, que no es siempre; o cuando me apetece, que tampoco es siempre. A un rato de donde vivo están algunas de las mejores que conozco. El problema es que mucha gente piensa lo mismo. Lo normal, vaya. No se trata de caer en ese estúpido lugar común y decir que los demás son turistas y tú eres un viajero. Lo segundo parece más glamuroso, más elitista. Pero los viajeros no van a la playa con sombrilla, toalla, sombrero y crema protectora; y durante el verano en el maletero de mi coche hay una sombrilla, una toalla y crema protectora; hasta una butaca. También es cierto que lo...

Mentiras

Imagen
Si escribir es como hacer un estriptís al revés (Vargas Llosa  dixit ), parece claro que los escritores somos más sinceros sobre nosotros cuando nos zambullimos en la ficción, una forma divertida o inconsciente (me pregunto si ambos términos son sinónimos: deberían serlo) de jugar el escondite. No es tan sencillo agazaparse detrás de los personajes cuando escribes un diario. La vulnerabilidad envara y vas con más cuidado. Muchos de los textos que escribo en esta bitácora adoptan la forma de diario. Es un reto contar tu vida sin contar lo que prefieres que nadie sepa. También lo es inventar y sugerir lo que quieres que algunos sepan. Ayer, tras una larga cabalgada en bici por el campo, satisfecho por seguir disfrutando del pedaleo cada verano y al mismo ritmo a pesar de que se me acumulan las canas en la barba, me siento a ver un episodio de una vieja serie mientras abro una botella de licor que llevaba demasiado tiempo esperando ese momento. También me zampo un helado, aunque no su...