Roald Dahl
Vaya por delante que nunca he leído a Roald Dalh. Quedaría muy bien decir que sí, buscar unas cuantas referencias en Google y pasar por un experto en su obra. Pero no me llevo bien con los complejos y los únicos fantasmas que tolero arrastran sus cadenas para quitarme el sueño cuando la vida se complica más de la cuenta. Recuerdo, hace años, un espléndido documental sobre su vida, y tengo sus cuentos completos en algún rincón de mi estantería, un voluminoso libro al que por pereza aún no me he acercado. Tampoco me entusiasma Charlie y la fábrica de chocolate , tal vez por una aversión irracional a la mayoría de las películas de Tim Burton y sobre todo a Johnny Depp. Pero todo ha sido enterarme de que la editorial Puffin va a contratar a lectores sensibles (no me invento el adjetivo) para reescribir fragmentos adecuados a los tiempos que corren y transformarme en un roaldahlóctilo de balcón. Un hoolligan del escritor británico, vaya. Es mi reacción natural cuando ...