Diarios
No es premeditado. Me sale así. Por costumbre y tal vez porque en medio del caos me reconfortan ciertas rutinas. Recuerdo muy pocos días sin leer. Podría decir ninguno, pero no escribo para quedar bien ni para contentar a nadie. Sólo leo ficción por las noches y no suelo leer por las noches. De ahí que la lista de novelas trasegadas se reduzca a lo imprescindible. Por las mañanas, siempre cuando desayuno, y no siempre desayuno solo, además de la tostada con pan de semillas devoro ensayos. Ahí cabe todo, o casi todo: historia, filosofía, psicología, ciencia, diarios… Si dedicas un rato cada día a leer sobre distintos asuntos, decía Ray Bradbury, al final de un año estarás lleno de cosas. Cuánta razón tenía el maestro, para variar. Me levanto muy temprano, pero a veces demasiado temprano. Entonces, con el mundo por despertar, leo poesía. Quizá prefiera leer poesía cuando aún no se ha estropeado el día. Igual es una forma de meditación. Ni idea. Quién sabe si nunca me he puesto a meditar ...