El príncipe de las manías
Me fascinan las personas maniáticas. No se trata de admiración, sino curiosidad antropológica. Uno de mis obsesos preferidos es el personaje que compuso Jack Nicholson en Mejor imposible . Tal vez lo recordéis: ese escritor que caminaba por Manhattan cuidándose de esquivar las juntas de las baldosas. Pero una de las cosas buenas de la ficción es que al cerrar las tapas del libro o acabar la película vuelves al mundo real. Jack Nicholson al final se llevó al huerto a Helen Hunt. Nunca sabremos cuánto duró la relación, pero presumo que ella no lo habría aguantado más allá de lo que dura la ceguera del enamoramiento. Por tanto, me fascinan los maníaticos, pero de lejos... En realidad, creo que el problema no son tanto las manías (cada uno tiene las suyas y no seré yo quien arroje la primera piedra) como que el maniático (o la maniática: en determinados asuntos conviene ser paritario) considere que su forma de comportarse es el resultado de una evolución privilegiada (cuand...