El síndrome del por si acaso
Qué queréis que os diga: no me sorprende que un pipiolo como el pequeño Nicolás haya estafado a más de un incauto. El otro día un psicólogo apuntaba que la razón por la que algunos han sucumbido a sus encantos es el “ síndrome del por si acaso ”, que no sé si está catalogado en algún vademécum , pero debería. Los ingenuos que han abierto las puertas de sus despachos, por si acaso, al remedo cutre de Frank Abagnale , ahora estarán preguntándose cómo me ha podido pasar esto a mí. Pero no sorprende, digo, que un chaval con la cara de hormigón se haya sabido mover entre las tuberías del poder para convencer a ciertos desesperados de su capacidad para deshacer entuertos administrativos y, de paso, salvar a España y ganarse un dinerillo. Pasa a menudo, vaya. Mirad a vuestro alrededor. Seguro que enseguida se os viene a la cabeza algún conocido que sólo vende humo, pero muy bien vendido, hay que reconocerlo. A mí se me ocurren unos cuantos nombres, pero me los reservo. Lo de Francis...