Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2025

El que apaga la luz

Imagen
Se les ha hecho largo el fin de semana porque he estado cuarenta y ocho horas desaparecido. No fue nada del otro mundo, pero lo bastante para estar ocupado. Me llamó un buen amigo y estuvimos charlando un rato; una amiga muy querida me escribió para interesarse por mis huesos tras la caída en las piedras del teatro de Mérida. La tranquilicé, no pasa nada. Hasta tus caídas son literarias, replicó, la muy guasona. También vino alguien que me aprecia a pasar la tarde y estuvimos practicando yoga y hablando y cenando y riendo mucho. Y me llamó otro buen amigo mientras iba (él) camino de la radio. Y más cosas que me callo, claro. No es mal patrimonio ese, joder, los amigos. Por la noche voy antes de que sea tarde y estén dormidos. Hablo con ella un rato, de muchas cosas. Ya está acostada. Se encuentra mucho mejor, pero no tanto como le gustaría, como nos gustaría a todos. Trato de animarla, pero en el fondo es ella quien, con esa forma tan astuta que tiene de hacer las cosas...

Teatro

Imagen
Son dos horas y pico de ida y otras dos horas y pico de vuelta, hace mucho calor, aunque sea de noche y al aire libre. ¿Y qué? Me gusta conducir y en el armario tengo varios pantalones y camisas de lino. Pero sobre todo me gusta el teatro, mucho más sentado encima de una piedra en la que algún ciudadano romano de la Lusitania hizo lo mismo hace dos mil años. Lo pienso mientras pincho en el enlace para pagar, con Bizum es aún más fácil. Es raro encontrar un buen sitio con tanta premura, pero no imposible. Nunca hay que perder la esperanza. Y he tenido suerte. La suerte me sonríe a menudo, a pesar de todo. También me empeño en buscarla. Si siempre he tenido claro que conviene aprovechar los buenos momentos porque nunca sabemos cuánto durarán y es seguro que antes o después regresarán los malos, cómo no podría estar más seguro después de estas últimas semanas. Merece la pena el viaje, apenas hay tráfico, un breve paseo por la ciudad, picar algo antes de la función, contemplar asombrado es...

Como para tener prisa en morirse

Imagen
No sé cuántos años hace que conozco a Manuel, pero más de treinta, por lo menos. Manuel es una de esas viejas y sólidas amistades, otra de tantas, que germinaron en el tatami. Pocas cosas unen más, parece, que jugar a pelearnos. Soy consciente, otra vez, que a muchos de mis buenos amigos los conocí ahí. Con Manuel, además, he compartido muchos kilómetros de bici por el campo, arreglando pinchazos en una cuneta, las reservas de agua bajo mínimos mientras pedaleábamos muy fuerte porque nos había pillado la noche y todavía estábamos lejos de casa. Por si fuera poco, me ha hecho reír como nadie ha sido capaz. En privado cuento a veces una anécdota surrealista en las duchas del dojo . No creo haberme reído nunca tanto en mi vida. Más de un cuarto de siglo después me sigo riendo con la misma intensidad y el mismo asombro al recordarla. También he visto pasar a Manuel momentos muy delicados, delicados de verdad, pero esos no me corresponde contarlos. No sé si yo seguiría en pie de haberlos ...