Qué buen perro nos regalaste
Hace un cuarto de siglo estaba al frente de un negocio familiar. Como no me gustaba lo que hacía y quería cambiar de vida, durante mucho tiempo estuve escribiendo de seis a ocho de la mañana o de tres a cuatro de la tarde, las únicas horas que el horario comercial me permitía. En esa estrecha franja nacieron muchos de los cuentos que me llevaron a ganar los primeros premios y también La clave Pinner . Fue una etapa muy difícil, pero la recuerdo con cariño. Los premios literarios empezaron a llamar la atención de los medios. Salí varias veces en la prensa, me entrevistaron en la radio. Un chaval que trabajaba para nosotros ― y acabó comprándonos el negocio que todavía dirige con creciente prosperidad ― me contó que le enseñó a un cliente un periódico donde entrevistaban al joven escritor, estuvieron hablando de mí y el cliente le dijo que quería conocerme. Es la primera vez que veo a un empleado hablar bien de su jefe, me confesaría Miguel más tarde. Pero como so...