Tragedia
Iba a escribir de otra cosa. Tenía en la cabeza una imagen muy potente, varias, para unirlas en un texto y darles sentido. Escribir a menudo es eso, si no siempre: dar sentido a cosas que no lo tienen (¿acaso algo lo tiene?), explicarte lo que pasa, contártelo, contárselo a los demás y, con suerte, mucha suerte, entenderlo. Por la mañana estaba convencido de que lo haría, palabra, pero no soy capaz. Escribir de cualquier otro asunto se me antoja una frivolidad. Peor: una falta de respeto. Tres días fuera, sin cargador del móvil, sin datos. Tan feliz. El martes era un murmullo lejano. No miré las noticias. Estaba a lo mío. Hasta ayer no soy consciente de la tragedia. Por el camino recibo varias llamadas. Ten mucho cuidado con el coche, me dicen. Avisa cuando llegues. El cielo está azul, respondo. Por aquí diluvia, me advierten. Pocas cosas revelan más el aprecio que la preocupación de quienes te quieren. E intuyo más preocupación de la que desean transmitir. Normal: ...