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Mostrando entradas de 2024

Balance (bienal)

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Escribo diarios desde niño. Hace un par de años, además, empecé a puntuar cada día, con constancia monacal, sin fallar ni una sola jornada. Algunos lo sabéis. Resulta de gran utilidad porque la memoria tiende a ser traicionera y los números cantan la verdad. Al final lo malo no suele ser terrible y lo bueno casi nunca es extraordinario. Los extremos, cuando suceden, suelen durar poco. Sorprende, y reconforta, mirar las estadísticas: me agobia el verano, pero agosto, julio, junio y septiembre, por ese orden, han sido los mejores meses del año; mayo fue un desastre, el peor de todos los meses de 2024, pero no fue culpa mía; abril también, sólo un poco menos triste, pero sé que pude haber evitado muchas de las situaciones complicadas que pasaron. Nadie es perfecto y yo mucho menos. Octubre fue el tercer mes empezando por la cola, pero está claro también que pude hacer mucho más por evitarlo. En 2023 fue al revés: mayo fue extraordinario, seguido muy cerca de enero (y eso que los primeros ...

Una de romanos

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  Puede parecer ventajista porque las críticas no están siendo buenas, pero  Gladiator II  me despierta el mismo interés que el proceso de apareamiento de los percebes. Aunque ahora que lo escribo, y valga como refuerzo de la afirmación anterior, no tengo ni puñetera idea de si  los percebes se aparean y tal vez me ponga a buscar información. Lo mismo sale algo interesante de ahí. Lo conté por alguna parte, ahora no me apetece buscar dónde, pero de la serie de romanos con Anthony Hopkins sólo fui capaz de ver el primer episodio, y en dos o tres veces. Sin embargo, la primera de  Gladiator  me gustó, y aún más las dos temporadas de la serie  Roma  de HBO.  Por cierto, para quien no lo sepa:  Gladiator  la iba a protagonizar Mel Gibson, pero el proyecto se fue retrasando y se le pasó el arroz. Menos que se dieron prisa con Russell Crowe. Unos años más tarde habría sido más creíble que él se comiera a los tigres en el circo. Debe ...

Chimeneas

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A veces en mi despacho sólo leo. Me gusta leer rodeado de libros. Ahora lo hago mientras llega el momento de cambiarme para ir a mi bendita clase de yoga y me acuerdo de dos momentos, siempre me vienen a la memoria los mismos, también leyendo. El primero, en diciembre de 1987, sentado fr ente a una chimenea, solo, ni siquiera teníamos teléfono, o si lo teníamos desde hacía poco no era ese incordio de ahora. Era viernes, al anochecer. No había nadie más en casa, no sé por qué. El segundo, en otra casa, 1990, también diciembre, también delante de una chimenea, también solo, también un tocho que quizá no cabría en una caja de zapatos. Sólo habían pasado tres años entre esos dos momentos, no he sido consciente hasta ahora, quizá porque habían cambiado muchas cosas en demasiado poco tiempo. Atesoro en la memoria muchos instantes que merecen la pena. Como todo el mundo, vaya. Relámpagos de felicidad. Los busco una y otra vez. No sólo de lectura. Algunos incluso mejores que guardo para mí. Lo...

El país de los ciegos

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Me sienta mejor el horario de invierno. Me sienta mejor el invierno, en general. Aún no ha amanecido y tengo los ojos abiertos. Tan temprano es que aún no habrán abierto los bares. Me pongo a leer. Muchas veces me han preguntado si escribo por las noches, si leo por las noches. Nunca he escrito de noche y prefiero leer de día. Salgo a patearme la ciudad bajo la lluvia. Cuando estoy lejos de casa no paro de dar vueltas por ahí. Cerca de casa tiendo a encerrarme, a aislarme. No sé si es un problema, pero me gusta. Me cruzo con un chaval que camina con los ojos pegados al móvil, no sé si está ensimismado o es miope. Quizá ambas cosas. Cualquiera sabe. Sólo soy un antiguo que se sienta para escribir un mensaje. Un antiguo que escribe en su cuaderno mientras le sirven el primer café del día.  Arrecia la lluvia cuando salgo tras la tostada y un par de cafés. La acera resbala. La punta del bastón zigzaguea, advirtiéndole de los obstáculos. Temo que se caiga. La gente camina deprisa. Es un...

Vehemencia ideológica

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Me apasionan algunos libros, algunas películas, algunas canciones, algunas obras de arte, la ciencia, la historia, la filosofía, la mirada triste de mi perro y casi todas las mujeres guapas. Me reservo otras cosas. No por pudor, yo el pudor no lo tengo en los sentimientos. Sólo quiero ahorraros aburrimiento. La política me arranca tantos bostezos como las charlas insustanciales. Prefiero una conversación íntima con una sola persona (los tríos están sobrevalorados, creedme, y los curiosos me incomodan), por eso en los actos sociales suelo estar callado o me largo enseguida. Me espanta la vehemencia, cada vez más. Sobre todo cuando es ideológica se me antoja igual que un Barça Madrid o un Sevilla Betis. Empiezan a llover invectivas para reprocharse las culpas por lo de Valencia y ya estoy cansado. Esto va para largo. Veo a la gente alegrarse porque le tiran barro a Pedro Sánchez. La misma alegría, alegría agresiva, como de hincha de fútbol, cuando es a Carlos Mazón. O a los reyes. La gen...

Nunca serás viejo

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  Cuando sea viejo y use bastón serás tú quien me lleve a pescar. Me lo dijo mi padre, una noche, en la playa, de niño. A él le gustaba pescar de noche. A mí siempre me aburrió pescar, pero me gustaba acompañarlo. Entonces pensaba que mi padre nunca sería viejo, pero ya hace mucho que no tira las cañas desde la orilla. Tres décadas después, en la orilla de la misma playa, le dije a mi sobrina, mientras paseaba de mi mano, que cuando yo fuera viejo sería ella quien tendría que llevarme de la mano a mí. Tú nunca serás viejo, tito, respondió. Estremece la confianza inquebrantable de los niños. Pero los años pasan. Los sobrinos crecen. El endiosamiento deviene en ateísmo, suele pasar. Los padres se convierten en hijos y los hijos somos una suerte de padres.  Todo me viene a la cabeza en la sala de espera de urgencias. Un dibujo infantil en la pared. Mi madre al lado y una niña pequeña en brazos de su madre. Vamos todos a radiología. La niña en brazos de su madre y mi madre cogida ...

Tragedia

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      Iba a escribir de otra cosa. Tenía en la cabeza una imagen muy potente, varias, para unirlas en un texto y darles sentido. Escribir a menudo es eso, si no siempre: dar sentido a cosas que no lo tienen (¿acaso algo lo tiene?), explicarte lo que pasa, contártelo, contárselo a los demás y, con suerte, mucha suerte, entenderlo. Por la mañana estaba convencido de que lo haría, palabra, pero no soy capaz. Escribir de cualquier otro asunto se me antoja una frivolidad. Peor: una falta de respeto. Tres días fuera, sin cargador del móvil, sin datos. Tan feliz. El martes era un murmullo lejano. No miré las noticias. Estaba a lo mío. Hasta ayer no soy consciente de la tragedia. Por el camino recibo varias llamadas. Ten mucho cuidado con el coche, me dicen. Avisa cuando llegues. El cielo está azul, respondo. Por aquí diluvia, me advierten. Pocas cosas revelan más el aprecio que la preocupación de quienes te quieren. E intuyo más preocupación de la que desean transmitir. Normal: ...

Otoño

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No sé si será por las caricias a mi perro, de cuya resistencia podrían aprender hasta esos galos de los tebeos. O por los lametones de mi perro: a veces me pregunto si me equivoco cuando afirmo que tiene suerte por no saber nada, porque cuando me mira la pena es por mí, no por él; porque lo sabe todo y me dice: “No te preocupes, chaval. Haces lo que puedes y lo que debes. Todo está bien.” También puede ser, ya que me he puesto mimoso, por las caricias, los besos y los abrazos que doy a la gente que quiero. O por las caricias, los besos y los abrazos que me regala la gente que quiero. Quién sabe, a lo mejor es por esos dos libros que me estoy zampando a la vez: uno sobre anécdotas de escritores que me han pedido presentar (consuela comprobar que los más grandes también tuvieron defectos y manías, pero eso los hace más humanos, esto es, todavía más grandes); otro, la biografía de un conquistador. Desde siempre me interesaron estos aventureros barbudos. Y, ya puestos, conquistar, en un co...

Esos borrachos

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De lejos los soporto, pero me incomodan los borrachos cuando se acercan. No hace mucho, sentado en una terraza con mis apreciados Juan Antonio y Manolín, llegó un desconocido y me dio un abrazo pegajoso. Como para determinadas muestras de efusividad soy bastante ingenuo y, puesto que no sabía quién era y dados los escasos índices de lectura las posibilidades de encontrarme con un seguidor en la calle son insignificantes, aún más si se me lanza al cuello, pensé que conocía a mis amigos. Pero el gesto de ambos indicaba lo contrario. Además, el lento movimiento de cabeza de Manolín resultaba inequívoco hasta para el más torpe: mejor marcharse a dar abrazos a otra parte. Lola, la dueña del bar, lo despachó rápido hacia la parada de autobús. La intervención de una mujer con los ovarios bien puestos suele ser mano de santo. Los de la otra noche eran cuatro. Andaba ocupado en otros asuntos más interesantes y no los había visto. Estaba pagando la cuenta cuando uno de ellos me golpeó en el cost...

El águila y la serpiente

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             Vacaciones de Semana Santa, 1986. Una noche, en un bar que ya no existe, en mi pueblo, me encuentro a Isidro, mi profesor de Historia en el instituto, y me dice que el domingo anterior leyó un reportaje en  El País  sobre la conquista de México y lo ha guardado para mí. Semanas antes hemos hablado en clase sobre esa época. “Hernán Cortés acabó ostentando un título nobiliario. Andrés, experto en la conquista de América, nos lo podrá confirmar”, apuntó el profesor, con mucha guasa. “Marqués del valle de Oaxaca”, respondió el alumno, siguiéndole la broma pero diciendo la verdad. Eran otros tiempos. Viejos tiempos. No era ningún experto, me apresuro a aclararlo. Sigo sin serlo. Pero me gustaba mucho esa época y más o menos un año antes había disfrutado como el enano que era de una espléndida novela:  El dios de la lluvia llora sobre México , de László Passuth. Lo primero que me viene a la memoria de este...

Vehículo de sustitución

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Me gusta conducir. Sé que puede parecer un vicio inconfesable o tal vez uno de esos placeres culpables. Lo mismo da. Me encanta viajar en coche. Y mira que disfruto en un tren o volando sobre las nubes al lado de alguien que me importe mucho. Con absurda nostalgia conservo una caja repleta de auriculares del AVE sin estrenar y también viejas revistas de Ronda Iberia. Voy a Madrid varias veces al año, pero desde hace mucho siempre en coche. Me agobian Atocha y las multitudes. Prefiero la carretera, salir temprano, parar por el camino cuantas veces quiera, desviarme, sin prisa por llegar. Volver a casa muy de mañana si quiero o a última hora del día si me apetece quedarme más tiempo. Supongo que como me gusta conducir resulta inevitable que también me gusten los coches. Así es. Si puedo, los vendo antes de que se hagan viejos, aunque les tenga cariño, y estreno otro. En eso pienso desde hace tiempo. Quizá ya vaya tocando cambiar de coche. Como tenía algunos arañazos y en julio se quedó t...

La puñetera imaginación

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             Cerca de donde suelo desayunar hay un geriátrico. Algunos residentes se asoman por el bar, en grupos diversos. El más habitual era uno formado por tres octogenarios: uno en silla de ruedas, otro, empujándola, con gafas de aviador y cazadora como de Maverick jubilado y ella, que me recordaba a Patricia Highsmith. Los tres fumando como si no hubiera mañana (quizá a cierta edad lo mejor es no pensar en mañana: en realidad, es mejor no pensar demasiado en mañana a ninguna edad), casi siempre puros. Tosiendo, aunque con tanto deleite no parecía preocuparles. Era divertido observar cómo las mesas a su alrededor en la terraza se quedaban vacías. Nadie protestó porque fuera está prohibido fumar. Primero desapareció Patricia Highsmith. Como tenían ese aire de compañeros de instituto, antes de pensar en algo más triste y más lógico preferí imaginar que se habían peleado. Los triángulos amorosos siempre acaban mal. Al menos l...

Sonríe, idiota

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            A veces no hay que hacer nada. No esperar nada. Sólo dejar que las cosas pasen.  Qué importa no acertar los números en el euromillones. Lo juego por costumbre. Muchas cosas que hago por costumbre se revelan absurdas cuando me paro a pensarlas. A menudo me olvido de comprobarlo, quizá porque me gusta mi vida y en el fondo sé que tanto dinero me daría más quebraderos de cabeza que alegrías. Hace años que no me presento a un premio literario, ya no me hace tanta ilusión. Todavía tengo muchos diplomas sin enmarcar, aunque de vez en cuando me quedo mirando algún trofeo, con cierto orgullo, sin duda provinciano pero también legítimo. Tampoco me quita el sueño parir otra novela de seiscientas páginas. Me basta escribir un rato cada día y con suerte armar un par de frases buenas. Me da igual que el vino no sea exquisito, yo no entiendo de vinos, y cuando el camarero me sirve un poco para que lo pruebe lo rechazo con una sonrisa y le digo que e...

Extraña forma de vida

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             Almodóvar me gusta a ratos. Nada grave. Sólo significa que a veces conecto con sus historias y a veces no. Sería de tontos no reconocer su talento y  su originalidad. En octubre se estrena su nueva película:  La habitación de al lado . Me apetece mucho verla. Su primer largo en inglés. No había sentido curiosidad por el mediometraje con Ethan Hawke y Pedro Pascal,  Extraña forma de vida , y cuando me siento a verlo es porque tengo más o menos media hora libre, justo lo que dura. Hay que ser un genio con una personalidad refractaria al qué dirán (si no es un pleonasmo) para rodar un western sin que tu universo deje de ser reconocible en ese territorio tan ajeno. Mejor todavía: llevarte a tu terreno una película del oeste y que siga siendo una película del oeste. La personalidad es una de las cualidades más importantes de un artista. Quizá la más difícil. La que lo distingue del resto en cualquier aventura.  Me habrí...

Paco

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            No teníamos mucha confianza, pero el año pasado me contó lo que le pasaba. No era bueno. Peor todavía: era muy malo. No volví a verlo. No se dejaba ver: prefería que lo recordásemos en pantalón corto y camiseta, eso me dijo.   Quizá haya sido lo mejor: prefiero recordarlo rebosante de salud, su abrazo, la inflexión justa de la voz que uno necesita escuchar para relajarse. De mayor quiero ser como tú, le dije alguna vez. Siempre fue muy amable y cariñoso. Conmigo, con todo el mundo. Lo conocí una mañana luminosa de enero de 2023. Había empezado a practicar yoga unos meses antes, por pura curiosidad, a mi aire, pero intuía que con los tutoriales de Internet no bastaba. La suerte me empujó a su casa. Dos casas pegadas, en realidad: en una vivía y en la otra había construido un hermoso lugar para practicar yoga. El mejor que he conocido, el mejor que conoceré jamás. Enseguida empecé a frecuentarlo, varias veces por semana. Raro era el...

Ropa de casa

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            Cualquier escritor inédito de veintipocos años vendería el alma porque Anagrama o Tusquets le publicase su primera obra. Si es difícil con una novela, cualquiera que conozca un poco el negocio editorial estará de acuerdo en que si además el manuscrito es una colección de cuentos, hay más posibilidades de que Jessica Chastain te llame una tarde para contarte que está aburrida y quiere dormir la siesta contigo. Duerme la siesta conmigo, aunque no la duermas, si nos ponemos poéticos… Que los dos sellos, Anagrama y Tusquets, te ofrezcan publicar los cuentos y tengas que elegir se me antoja más difícil que ganar el euromillones dos veces seguidas.              Pero no es imposible. No sé cuántos escritores, además de Ignacio Martínez de Pisón, habrán sufrido ese dilema (bendito dilema). Cuenta esta anécdota, y tantas otras, en  Ropa de casa , la suerte...

Los amos del aire

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               Fue Antonio Manfredi quien me recomendó la serie, no hace mucho, en un comentario en las redes sociales, no recuerdo al hilo de qué. Conoce mi gusto por la época y mi interés por los aviones de entonces. En el museo moscovita de La Guerra Patria (así llaman los rusos a la Segunda Guerra Mundial) me retraté junto a un Messerschmitt y a un Zero, sólo faltaría. Los B17 eran otra cosa. Siempre que hablo de las fortalezas volantes me viene a la memoria ese episodio de  Cuentos asombrosos  dirigido por Steven Spielberg a mediados de los ochenta, en el que el soldado a cargo de la ametralladora de la panza, un tipo dotado de un extraordinario talento para el dibujo, se queda atrapado cuando el avión regresa a la base con el tren de aterrizaje averiado. Al mando del B17 un joven Kevin Costner.              Anoche terminé el último episodio de...