Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2022

Joaquín Sabina

Imagen
A Joaquín Sabina le están lloviendo palos por arriba, por abajo y por los lados. Al parecer ha cometido dos pecados dignos de excomunión: romper con su colega de siempre, Pancho Varona, y proclamar que su ideología zurda ya no es tan intensa como antes. Presumo que a muchos les da igual lo primero pero encuentran una excusa para atacar al cantante por lo segundo. Yo ya no lo escucho con el entusiasmo de antes (uno cambia con los años y también la forma en que se emociona), pero Sabina me ha hecho tan feliz que la cara se me amuebla con una sonrisa cada vez que suena una canción suya en la radio. Lo descubrí de adolescente, cuando aún no era tan conocido. Me daba igual que fuera de izquierdas, de derechas o mediopensionista. Era un genio que ponía palabras a mis sentimientos. Compraba sus discos y aprendía sus letras. No sé cuántas, tantos años después, sigo sabiendo de memoria y las canto cuando la vida aprieta y el único remedio es conducir sin rumbo. Hace muchos años, durante la Sema...

Nunca fuimos más felices.

Imagen
De niño jugué muy poco al fútbol. Ni siquiera de mocoso me llevaba bien con las imposiciones y las notas de gimnasia que ponían los curas estaban muy relacionadas con el arte de mover la pelota con los pies. Tampoco era de ningún equipo. Pero eso es imposible, protestaba algún compañero de pupitre. No pertenecer a ninguna cofradía y no ponerme una capucha de nazareno también parecía cosa de marcianos. Sin embargo, con los años, además de entender que la exclusión puede llegar a ser un poderoso rasgo distintivo si tienes el carácter necesario para afrontarla, he aprendido a disfrutar del inigualable espectáculo estético de una procesión en Semana Santa sin ser creyente y, en cuanto al fútbol, como muestra un botón: al poco de empezar la final de la Eurocopa de 2012 me quedé dormido y cuando abrí los ojos España le había metido cuatro roscos a Italia. Por suerte no siempre es así. En los pocos partidos que me llaman la atención, sólo si hay emoción me siento a ver los últimos quince minu...