El rincón de fumar
No debería sorprenderme el hilo de humo a pesar de la silla de ruedas y del día que hemos pasado, porque, al cabo, es su rincón de fumar. Me dan ganas de abroncarla, pero me contengo. En realidad, me contengo sólo un poco. Han sido muchas horas de tensión: primero una llamada cuando estaba a punto de salir para comer con unos amigos. El temblor en la voz y la urgencia que sugieren los silencios indican que algo no anda bien. El trayecto breve, pero qué largo, diciéndome, a pesar de lo evidente, que no será nada. Mintiéndome también. La ambulancia que tarda, la espera que nunca se acaba, qué lento pasa el tiempo; el esfuerzo de subirla al coche para que la consuele el aire acondicionado mientras llega la ayuda. A mediodía el asfalto duele. Todo es peor con tanto calor. Mejor no moverla, me recomienda el conductor de la ambulancia. Yo mismo la llevo. Varias pruebas, muchas horas esperando. Sin comer. Mi padre, mi hermana, yo. Y ella. Ella sobre todo. Dos fracturas complicadas. ¿Cuándo ...