El viajero solitario
L o único malo que tiene viajar solo es que acabe gustándote. Desde hace una década, más o menos, Madrid me atrae cada vez más. Fue cuando dormí por primera vez en un hotel muy céntrico pero muy tranquilo. Un gran descubrimiento. Siempre me alojo en el mismo desde entonces. Y si no hay sitio, en otro de la misma cadena, muy cerca. Pero no diré el nombre. Tampoco el de un bar donde durante una Feria del Libro un camarero me preguntó si era escritor y puso un chupito en la barra para invitarme cuando acabé de cenar. Desde entonces procuro pasarme al menos una vez cuando voy a Madrid. Los sitios lujosos nunca me han llamado la atención. Prefiero las cosas sencillas. Cuando estoy fuera hago lo que no hago habitualmente: como no tengo que conducir bebo unas cuantas cervezas durante la cena. A los viajeros solitarios nos dan los peores sitios en los restaurantes, por eso prefiero la barra, pero hoy está llena y me acomodan en una mesa al lado de una reunión de yanquis. Tienen más o menos ...