Orgullo gay
Cada vez que se acerca el Día del Orgullo Gay se soliviantan los ánimos casposos. Muchas de las conversaciones estos días aparecen salpicadas de frases así: “Yo soy heterosexual y no salgo a celebrarlo a la calle”; o: “A mí no me parece mal que los maricones existan mientras no me molesten”. La mayoría de los varones de mi generación hemos sido educados en la homofobia, y cuesta hacernos entender que si hubiéramos tenido que esconder nuestra condición sexual o ser el blanco de las bromas crueles de los compañeros del colegio, incluso ser encarcelados, tal vez nos gustaría salir a la calle a reivindicar lo que debería ser normal. No es obligatorio celebrarlo, y entiendo que no a todos los homosexuales les apetezca desfilar con un tanga o como consideren, pero tampoco debería ofender a nadie. La homofobia , aunque sea microhomofobia , está en nuestra educación: las bromas y los chistes sobre mariquitas nos salen solos, no necesariamente con mala intención, pero me parece un gran...