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Mostrando entradas de 2020

53 gramos

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Soy un  grafómano  irreductible. No reniego de la tecnología pero me encanta escribir a mano, con pluma si es posible, pero me basta un bolígrafo o rotulador de trazo firme y caudaloso. Desde niño he usado cualquier  cuaderno . Conservo las  libretas de anillas  de hace cuatro décadas, con  papel cuadriculado , donde escribía en secreto lo que me pasaba por la cabeza, lo que sentía, lo que imaginaba.  Hace muchos años que mis cuadernos de cabecera son los  Moleskine . Los he frecuentado en todos sus formatos hasta reducirlos a tres: 9 x 14 y 13 x 21 para notas, según quiera llevarlo en el bolsillo, lo use en mi despacho o lo guarde en la maleta; y 19 x 25 para los primeros borradores, a veces en tapa blanda pero cada vez más en tapa dura negra y siempre con rayas. Al contrario de lo que sostenía  Juan Ramón Jiménez  y tomó prestado  Ray Bradbury  en las primeras páginas de  Farenheit 451  (“Si os dan papel pautad...

Héroes tranquilos

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Héroes tranquilos ― La próxima vez que me encuentre mal no te voy a pedir que me lleves al hospital  ― me dice, y aunque soy lo que más quiere, sé que sería capaz de abofetearme en la consulta  ― . Ni aunque me esté muriendo, vamos. Añadir título Llevamos cinco horas en Urgencias y la doctora nos dice que hay que ingresarla. Se llama Gloria. Nos ha dicho su nombre y su edad cuando ella, imprudente, se lo ha preguntado.  ― Has sido un poco indiscreta  ― le recrimino, en la sala de espera. Sé que no lo ha preguntado con mala intención, pero tampoco ha podido evitarlo. Gloria tiene veintiocho años y parece aún más joven. Con buen criterio, vuelve a convocarnos.  ― Mientras esperamos el resultado de los análisis, vamos a hacer una radiografía  ― nos dice. Después entramos por tercera vez. Los análisis están bien, pero algo de la radiografía no convence a Gloria. Vamos a hacer una ecografía. Después, el propio radiólogo recomienda también un...

Fase 1: Ganas de vivir.

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El día que dejaron salir a los niños me encontré a un chiquillo paseando con su madre. Era temprano, por la mañana. Yo venía de comprar el periódico y él no tendría más de tres años. Por ese instinto mitad de supervivencia y mitad de solidaridad desarrollado durante estos últimos dos meses, me cambié de acera. Antes de llegar a mi altura el crío agitó la mano efusivamente y gritó ¡hola! Con el mismo entusiasmo le pregunté si estaba contento y me dijo que sí. Para algunos, entre los que tengo la suerte  de encontrarme, hoy era un día distinto. Cada uno lo habrá celebrado a su modo. En mi caso, no echo de menos los bares, pero me he percatado de cuánto me apetecía coger el coche y conducir sin temor a que un policía me parase y me devolviese a mi casa, con multa o sin ella. Seguimos encerrados, pero para quienes estamos en la fase uno la cárcel se ha ensanchado hasta los límites de la provincia. Con eso me vale: la provincia de Huelva no me queda lejos y pienso en la fronter...

Miedo a caerse

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Casi nunca duermo bien, pero confinado me cuesta más conciliar el sueño.  Esta noche sólo he descansado un par de horas, quizá porque no quería caer rendido al amanecer y despertar cuando ya fuera demasiado tarde para acompañar a mis padres a dar un paseo. Llevan 49 días sin pisar la calle. Me pregunto si mi madre ayer se puso una redecilla con rulos para estar presentable cuando saliera hoy. La llamo para preguntarle si está preparada y voy a buscarla. Mi padre no quiere venir. Le digo a mi madre que procure no caminar cerca de las paredes para evitar tocarlas. Voy a un par de metros de ella, por si aparece la policía, no tengo ganas de dar explicaciones, pero insiste en que me acerque. Si nos llaman la atención diré que tienes que estar a mi lado por si pierdo el equilibrio. No tarda en quedarse sin aliento. Son demasiados días encerrada. Se sienta en un poyete. No toques nada, le digo, procurando no parecer imperativo. Hago todo lo que puedo por ser amable y paciente c...

Harto

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Cada vez se me hace más cuesta arriba esto, pero no por el confinamiento: ya os dije que estoy acostumbrado a pasar muchas horas en casa y que ando sobrado de paciencia o de resignación. Pero estoy harto, de verdad, de los unos y de los otros (los hunos y los hotros, dicho de forma unamuniana: quien no lo entienda que corra a la Wikipedia). Me cansan los del gobierno y también me cansan los de la oposición; me molestan quienes ponen los altavoces con el himno de España a las ocho de la tarde no porque lo sientan, sino para joder a los que piensan distinto, y asimismo quienes proclaman vivas a la República con el mismo ánimo de incordiar. Desconfío del gobierno y aún más de sus socios, pero no tengo esperanzas en la oposición y todavía menos en sus posibles socios. Tengo la certeza de que si los de la oposición estuvieran gobernando cometerían los mismos errores que los que mandan (o  tal vez otros, pero muchos también: sin embargo en la censura parecen estar de acuerdo, h...

Confinamiento

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El  confinamiento por el coronavirus  no ha afectado apenas a mi vida. A no ser que esté de viaje u ocupándome de asuntos ajenos a la  escritura , suelo pasar en casa muchas horas, y aunque entiendo la angustia de quienes no pueden entrar en los  bares , no los echo de menos. Me incomoda no poder hacer una escapada, pero soy un hombre paciente; ahora no voy a caminar por el campo con mi  perro , pero hay alternativas. Por fin he convencido a mis padres de que no salgan a la calle. Me ha costado, pero al final lo han entendido. Lo primero que hago por las mañanas es ir a su casa, recoger la  lista de la compra  (como recuerdo amable de estos días, he pegado en mi cuaderno el papel que me ha dado mi padre hoy) y  hacer los recados . El resto de la mañana  ― que son casi todas las horas ― , lo dedico a lo de siempre:  escribir . Llevaba semanas atascado con un  cuento , pero hace unos días resolví el problema técnico que se r...