53 gramos
Soy un grafómano irreductible. No reniego de la tecnología pero me encanta escribir a mano, con pluma si es posible, pero me basta un bolígrafo o rotulador de trazo firme y caudaloso. Desde niño he usado cualquier cuaderno . Conservo las libretas de anillas de hace cuatro décadas, con papel cuadriculado , donde escribía en secreto lo que me pasaba por la cabeza, lo que sentía, lo que imaginaba. Hace muchos años que mis cuadernos de cabecera son los Moleskine . Los he frecuentado en todos sus formatos hasta reducirlos a tres: 9 x 14 y 13 x 21 para notas, según quiera llevarlo en el bolsillo, lo use en mi despacho o lo guarde en la maleta; y 19 x 25 para los primeros borradores, a veces en tapa blanda pero cada vez más en tapa dura negra y siempre con rayas. Al contrario de lo que sostenía Juan Ramón Jiménez y tomó prestado Ray Bradbury en las primeras páginas de Farenheit 451 (“Si os dan papel pautad...