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Mostrando entradas de 2022

Stan Lee centenario

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Cualquiera que haya leído una novela mía se habrá percatado de que los protagonistas suelen ser tipos razonablemente atormentados. En realidad, no sólo los protagonistas. Más de una vez me han preguntado si ese sufrimiento se debe a algún reflejo inconsciente de mi personalidad. Quién sabe. Pero seguro que también se debe a cuando, de muy niño, apenas había aprendido a leer, me aficioné a los tebeos. Mi héroe favorito era un tipo solitario, valiente y triste, que a finales del siglo XV se ocultaba bajo un antifaz mientras intentaba redimirse. No debió de pasar mucho tiempo hasta que me hice amigo de un trepamuros enmascarado en busca de redención. Hace poco cumplí un sueño infantil dibujándome entre los dos. Luego fui añadiendo a otros viejos amigos. Cuando todavía no podía soñar con escribir ya leía tebeos y dibujaba. Rebasado el medio siglo sigo dibujando y leyendo tebeos. No es mala forma de seguir siendo un niño, vaya.  Todo esto viene a cuento porque hoy cumpliría cien años St...

La cabina

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Me entero de que se cumplen cincuenta años del estreno de   La cabina  y me quedo ensimismado mirando la tele. No por las cinco décadas: era demasiado pequeño para verla el día del estreno, y mucho menos para recordarlo; y el único vértigo incómodo que padezco no es el del paso del tiempo, sino cuando mis cervicales protestan por estar tanto tiempo inclinado sobre un papel. No puedo meterme en la cabeza de nadie, pero sospecho que ninguno de los creadores del mediometraje (Antonio Mercero, José Luis Garci y Horacio Valcárcel) tenía la intención de despertar la conciencia de nadie en la casposa España de entonces. Las interpretaciones intelectuales vendrían después. A ellos sólo les apetecía, me temo, contar una historia. Una historia sencilla y terrorífica. Las obras maestras sólo lo son cuando se miran con la perspectiva implacable del tiempo. Cuanto más sencillas, mejor.  Hace muchos años, cuando Antonio Banderas empezó a rodar películas en Estados Unidos, le preguntaro...

Esperpentos

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Un día sin fútbol y dos intentos de golpe de estado. Pascal sostenía que la mayoría de los males del mundo se deben a la incapacidad del hombre de estar sentado en una habitación sin hacer nada. Como gancho para empezar un artículo no estaría mal, pero la ironía es un valor en desuso y, a poco que uno se descuide, acabará dando explicaciones que no desea si no quiere ser linchado. Lo he dicho muchas veces: si hay que explicar los chistes es porque no funcionan.  Resultaría divertido de no haber sucedido dos amagos esperpénticos de asonada. La broma de Pedro Castillo en Perú apenas duró dos horas. La patochada del príncipe Heinrich XIII Reuss en Alemania fue neutralizada antes de que el ridículo adquiriese proporciones planetarias. Pero los golpes de estado siempre tienen un componente siniestro, por muy mamarrachos que nos parezcan quienes los perpetran.  Hace pocos días conversaba con dos amigos sobre el golpe fallido del coronel Stauffenberg contra Hitler. Sergio acaba de re...

Joaquín Sabina

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A Joaquín Sabina le están lloviendo palos por arriba, por abajo y por los lados. Al parecer ha cometido dos pecados dignos de excomunión: romper con su colega de siempre, Pancho Varona, y proclamar que su ideología zurda ya no es tan intensa como antes. Presumo que a muchos les da igual lo primero pero encuentran una excusa para atacar al cantante por lo segundo. Yo ya no lo escucho con el entusiasmo de antes (uno cambia con los años y también la forma en que se emociona), pero Sabina me ha hecho tan feliz que la cara se me amuebla con una sonrisa cada vez que suena una canción suya en la radio. Lo descubrí de adolescente, cuando aún no era tan conocido. Me daba igual que fuera de izquierdas, de derechas o mediopensionista. Era un genio que ponía palabras a mis sentimientos. Compraba sus discos y aprendía sus letras. No sé cuántas, tantos años después, sigo sabiendo de memoria y las canto cuando la vida aprieta y el único remedio es conducir sin rumbo. Hace muchos años, durante la Sema...

Nunca fuimos más felices.

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De niño jugué muy poco al fútbol. Ni siquiera de mocoso me llevaba bien con las imposiciones y las notas de gimnasia que ponían los curas estaban muy relacionadas con el arte de mover la pelota con los pies. Tampoco era de ningún equipo. Pero eso es imposible, protestaba algún compañero de pupitre. No pertenecer a ninguna cofradía y no ponerme una capucha de nazareno también parecía cosa de marcianos. Sin embargo, con los años, además de entender que la exclusión puede llegar a ser un poderoso rasgo distintivo si tienes el carácter necesario para afrontarla, he aprendido a disfrutar del inigualable espectáculo estético de una procesión en Semana Santa sin ser creyente y, en cuanto al fútbol, como muestra un botón: al poco de empezar la final de la Eurocopa de 2012 me quedé dormido y cuando abrí los ojos España le había metido cuatro roscos a Italia. Por suerte no siempre es así. En los pocos partidos que me llaman la atención, sólo si hay emoción me siento a ver los últimos quince minu...

La ballena solitaria

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No sabía nada de la ballena solitaria hasta hace pocos días. Por las  cookies  impertinentes, los algoritmos o cualquiera sabe, al entrar a buscar algo en Google con el móvil me aparecen enlaces relacionados con asuntos que he buscado antes. Gracias a una extraña curiosidad ingobernable, desde niño acumulo cantidades obscenas de saberes cuya única utilidad consiste en quedar como un tipo inteligente (o como un pedante: la línea que separa los dos conceptos es demasiado frágil, me temo) en las tertulias con los amigos o en los encuentros con lectores, donde, a menudo, se termina hablando de cosas ajenas al oficio literario. Me queda el improbable consuelo de sobrevivir a la persecución de un oso en Alaska tras un accidente de avioneta junto a un amigo que se está tirando a mi joven y despampanante esposa. Quienes no sepan de qué hablo pueden buscar la espléndida película  El desafío . El personaje que interpreta Anthony Hopkins ironizaba sobre la cantidad de conocimientos ...

Sufre mamón, la nueva Inquisición

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  Hace tiempo leí que quizá hubiera una segunda parte de   Demolition man . Me gustaba la idea porque la primera es una película estupenda. Permitidme un breve resumen para los nuevos cinéfilos que no la conozcan: el policía John Spartan, interpretado por Sylvester Stallone, y el malvado Simon Phoenix, un emergente Wesley Snipes, son criogenizados en 1996. En el año 2032 el villano se escapa y como la policía del futuro tiene la misma capacidad de imponerse que el osito de Mimosín, no queda otra que espabilar de su letargo también a John Spartan. Ciencia ficción, entretenida; de esas para una tarde de palomitas en una sala oscura. También salía una joven Sandra Bullock. Lenina Huxley se llamaba su personaje. Quienes no entiendan el guiño del apellido ya pueden correr a la biblioteca. Los que sí, pueden seguir leyendo mientras sonríen. Para reflexionar sobre el presente recurro a una película del pasado que habla sobre el futuro. No es la primera vez. Me temo que no será la últ...

Fondo de armario

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  Ayer abrí los armarios y saqué la ropa que no uso para regalarla. Además de enriquecedor, el momento Marie Kondo resulta liberador. Quien se la llevó le va a dar muy buen uso, seguro. Tengo camisas de sobra y demasiadas veces siento que los roperos no tienen fondo. Al guardar las prendas sobrantes me acordé de que hace pocos días otra persona me dijo que como ahora por fin empezaba a cambiar el tiempo yo empezaría a tirar de mi fondo de armario. Aunque no resulta meritorio porque me conoce, no le faltaba razón. Ciertas dosis de elegancia nunca están de más, ni en la vestimenta ni en la vida, y entre las muchas cosas buenas que traen los chafarrinones grises en el cielo otoñal están los pantalones largos, el exilio de las sandalias, las camisas planchadas y dormir de un tirón varias horas seguidas, con suerte toda la noche. Los insomnes conocemos las ventajas.  Al escribir conviene evitar los lugares comunes: frases hechas, expresiones gastadas de tanto usarse, vicios lingüís...

El príncipe de las manías

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Me fascinan las personas maniáticas. No se trata de admiración, sino curiosidad antropológica. Uno de mis obsesos preferidos es el personaje que compuso Jack Nicholson en  Mejor imposible . Tal vez lo recordéis: ese escritor que caminaba por Manhattan cuidándose de esquivar las juntas de las baldosas. Pero una de las cosas buenas de la ficción es que al cerrar las tapas del libro o acabar la película vuelves al mundo real. Jack Nicholson al final se llevó al huerto a Helen Hunt. Nunca sabremos cuánto duró la relación, pero presumo que ella no lo habría aguantado más allá de lo que dura la ceguera del enamoramiento. Por tanto, me fascinan los maníaticos, pero de lejos...  En realidad, creo que el problema no son tanto las manías (cada uno tiene las suyas y no seré yo quien arroje la primera piedra) como que el maniático (o la maniática: en determinados asuntos conviene ser paritario) considere que su forma de comportarse es el resultado de una evolución privilegiada (cuand...

FIN

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  Nunca me ha pesado gastar horas consumiendo ficción porque siempre he procurado que los libros y las películas sean alimenticios. El verbo zampar se aplicaría literal y felizmente en este caso. Cumplo años y el porcentaje de ensayos y documentales zampados alcanza límites inesperados. También los diarios donde desde chaval registro lo que pasa  ― y sobre todo lo que pienso y lo que siento ―  cada día requieren más espacio en mis estanterías.  La ficción pasa factura  ― que se lo pregunten a Alonso Quijano ―  pero nunca me ha molestado pagarla. El cine es tan poderoso que ya no pensamos, ni soñamos, ni recordamos, ni vivimos igual. Pardner Jones fue un antiguo sheriff del oeste americano al que contrataron como asesor en el Hollywood que principiaba. Intentar desenfundar el revólver más rápido que el otro era la forma más fácil y estúpida de convertirse en comida para buitres. Nada como un buen rifle para poner las cosas en su sitio, afirmaba el viejo...

Vuelta a la normalidad

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Me entero de la vuelta al colegio de los niños ucranianos y recuerdo que no hace mucho leí que en el país que aguanta las embestidas rusas como una aldea gala irreductible también había comenzado la liga de fútbol. Era una buena noticia. Da igual que te guste dar patadas a un balón o mirar cómo lo hacen otros; o que no te guste. La vida sigue adelante a pesar de las bombas y de los invasores. Igual que la algarabía de los críos en las aulas, los domingos con fútbol es una de esas situaciones extrañas que suponen la vuelta a la normalidad, por absurdas que parezcan. No olvidemos que los Panzer de la Wehrmacht se detenían con disciplina marcial en los semáforos en rojo de Varsovia. Este mes se cumplen ochenta y tres años. Pero lo del fútbol en Ucrania también es una mala noticia: la vida continúa porque no queda más remedio, pero la guerra permanece. O, lo que es peor: se acepta que la guerra va para largo y hay que seguir viviendo. Los rusos se empeñan en la conquista, los ucranianos ...

Clásicos

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Si quiero ser honrado, no puedo sino reconocer que cada día que pasa me gusta más lo antiguo. Aunque preferiría no padecer cierto desamparo cuando salgo a la calle sin el móvil, no reniego de los parabienes de la tecnología. Con los libros me pasa igual: descubrí hace unos meses las ventajas del lector electrónico (desayunar con las manos libres mientras disfruto de una novela o hacerlo a la luz de la luna resulta estupendo), pero sigo prefiriendo el papel. Y confieso sin rubor el placer físico, no sé si orgásmico, cuando la tinta fluye desde la pluma hacia las páginas de mi cuaderno.               De orgasmos hablaba el otro día con alguien que quería convencerme de las ventajas del sexo tántrico. Por lo visto, dominarlo requiere de esfuerzo y sacrificio. Puesto que muchas de las cosas que merecen la pena no pueden conseguirse sin esfuerzo ni sacrificio, me pareció bien. Pero prefiero los clásicos, repliqué. Sin entrar en detalles de si es m...

Algoritmos

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En lo que a  conciertos  se refiere, igual que para otras cosas que mucha gente considera divertidas, soy muy aburrido. Me pasa también con las  carreras de coches  o de  motos : en la tele sólo me arrancan bostezos y sentarme en las gradas de un  circuito , con esa mezcla de  multitud y ruido , se me antoja la  antesala del infierno . Disfruto de los  conciertos de clásica  o  de bandas sonoras  en  auditorios o al aire libre , pero la  música popular  la prefiero mientras conduzco o para amenizar las duchas. Solo o en compañía. Me refiero a las duchas. Bruce Springsteen  es uno de mis cantantes favoritos. De jovencito me aprendí muchas de sus letras. De vez en cuando todavía me descubro tarareando alguna. En alguna entrevista me han pedido una  canción  para usarla como recurso y a menudo ha sido una del  Boss :  My hometown ,  I wish I were blind ,  Brilliant disguise , ...

La distancia

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  Sostenía un amigo de la adolescencia que en invierno se duchaba con agua fría y en verano con agua caliente. Siempre me pareció un argumento esnob propio de esas edades. Todo es empezar a afeitarte y buscar la forma de diferenciarte, por disparatada que sea. No eludo mi responsabilidad. También fui adolescente y todavía hoy, pasado el medio siglo, a veces me da vergüenza comportarme  ― y sentirme ― como tal. No sé si se trata de falta de madurez, pero en los asuntos que tienen que ver con la temperatura soy más clásico: en verano me gusta el agua fría y en invierno caliente. Supongo que por ser de letras con la climatización me pasa lo mismo: veintisiete grados en verano me parece calefacción y diecinueve en invierno se me antoja aire acondicionado.  Sin duda gobernar es  ― o debería ser ― mirar por el bien común y ser capaz de tomar decisiones difíciles con la suficiente distancia para ser ecuánime. El problema empieza cuando la necesaria distancia empieza a a par...

Qué buen perro nos regalaste

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  Hace un cuarto de siglo estaba al frente de un negocio familiar. Como no me gustaba lo que hacía y quería cambiar de vida, durante mucho tiempo estuve escribiendo de seis a ocho de la mañana o de tres a cuatro de la tarde, las únicas horas que el horario comercial me permitía. En esa estrecha franja nacieron muchos de los cuentos que me llevaron a ganar los primeros premios y también  La clave Pinner . Fue una etapa muy difícil, pero la recuerdo con cariño. Los premios literarios empezaron a llamar la atención de los medios. Salí varias veces en la prensa, me entrevistaron en la radio. Un chaval que trabajaba para nosotros  ― y acabó comprándonos el negocio que todavía dirige con creciente prosperidad ― me contó que le enseñó a un cliente un periódico donde entrevistaban al joven escritor, estuvieron hablando de mí y el cliente le dijo que quería conocerme. Es la primera vez que veo a un empleado hablar bien de su jefe, me  confesaría Miguel más tarde. Pero como so...

La caducidad de los yogures

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Me chiflan los yogures. En realidad, me gustan todos los lácteos. Podría decirse que mi bebida favorita es la leche. Fue uno de los préstamos que hice a mi querido Rafael Montalbán, el protagonista de El síndrome de Mowgli. Los lectores patanegra lo recordarán. Bebía leche y no la pedía en los bares porque le daba vergüenza. Yo siempre tengo una botella cerca. Sobre todo por la noche, bien fría. Me desvelo a menudo y basta un trago para volver a dormir. O como poco me consuela. Esta mañana tocó ir al supermercado. Los escritores hacemos las mismas cosas que el resto de la gente. Dicen que el indicador de la fama es que te señalen en el supermercado. A veces me señalan, muy pocas, pero prefiero que nadie lo haga. Soy incapaz de comprar nada sin cerciorarme de la fecha de caducidad. Esa manía, o preocupación, se debe a mi herencia materna. La fecha de caducidad de los yogures se me antoja siempre una advertencia del paso del tiempo. De la llegada de lo inevitable, de ...