Sonríe, idiota
A veces no hay que hacer nada. No esperar nada. Sólo dejar que las cosas pasen. Qué importa no acertar los números en el euromillones. Lo juego por costumbre. Muchas cosas que hago por costumbre se revelan absurdas cuando me paro a pensarlas. A menudo me olvido de comprobarlo, quizá porque me gusta mi vida y en el fondo sé que tanto dinero me daría más quebraderos de cabeza que alegrías. Hace años que no me presento a un premio literario, ya no me hace tanta ilusión. Todavía tengo muchos diplomas sin enmarcar, aunque de vez en cuando me quedo mirando algún trofeo, con cierto orgullo, sin duda provinciano pero también legítimo. Tampoco me quita el sueño parir otra novela de seiscientas páginas. Me basta escribir un rato cada día y con suerte armar un par de frases buenas. Me da igual que el vino no sea exquisito, yo no entiendo de vinos, y cuando el camarero me sirve un poco para que lo pruebe lo rechazo con una sonrisa y le digo que e...