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Mostrando entradas de septiembre, 2024

Sonríe, idiota

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            A veces no hay que hacer nada. No esperar nada. Sólo dejar que las cosas pasen.  Qué importa no acertar los números en el euromillones. Lo juego por costumbre. Muchas cosas que hago por costumbre se revelan absurdas cuando me paro a pensarlas. A menudo me olvido de comprobarlo, quizá porque me gusta mi vida y en el fondo sé que tanto dinero me daría más quebraderos de cabeza que alegrías. Hace años que no me presento a un premio literario, ya no me hace tanta ilusión. Todavía tengo muchos diplomas sin enmarcar, aunque de vez en cuando me quedo mirando algún trofeo, con cierto orgullo, sin duda provinciano pero también legítimo. Tampoco me quita el sueño parir otra novela de seiscientas páginas. Me basta escribir un rato cada día y con suerte armar un par de frases buenas. Me da igual que el vino no sea exquisito, yo no entiendo de vinos, y cuando el camarero me sirve un poco para que lo pruebe lo rechazo con una sonrisa y le digo que e...

Extraña forma de vida

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             Almodóvar me gusta a ratos. Nada grave. Sólo significa que a veces conecto con sus historias y a veces no. Sería de tontos no reconocer su talento y  su originalidad. En octubre se estrena su nueva película:  La habitación de al lado . Me apetece mucho verla. Su primer largo en inglés. No había sentido curiosidad por el mediometraje con Ethan Hawke y Pedro Pascal,  Extraña forma de vida , y cuando me siento a verlo es porque tengo más o menos media hora libre, justo lo que dura. Hay que ser un genio con una personalidad refractaria al qué dirán (si no es un pleonasmo) para rodar un western sin que tu universo deje de ser reconocible en ese territorio tan ajeno. Mejor todavía: llevarte a tu terreno una película del oeste y que siga siendo una película del oeste. La personalidad es una de las cualidades más importantes de un artista. Quizá la más difícil. La que lo distingue del resto en cualquier aventura.  Me habrí...

Paco

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            No teníamos mucha confianza, pero el año pasado me contó lo que le pasaba. No era bueno. Peor todavía: era muy malo. No volví a verlo. No se dejaba ver: prefería que lo recordásemos en pantalón corto y camiseta, eso me dijo.   Quizá haya sido lo mejor: prefiero recordarlo rebosante de salud, su abrazo, la inflexión justa de la voz que uno necesita escuchar para relajarse. De mayor quiero ser como tú, le dije alguna vez. Siempre fue muy amable y cariñoso. Conmigo, con todo el mundo. Lo conocí una mañana luminosa de enero de 2023. Había empezado a practicar yoga unos meses antes, por pura curiosidad, a mi aire, pero intuía que con los tutoriales de Internet no bastaba. La suerte me empujó a su casa. Dos casas pegadas, en realidad: en una vivía y en la otra había construido un hermoso lugar para practicar yoga. El mejor que he conocido, el mejor que conoceré jamás. Enseguida empecé a frecuentarlo, varias veces por semana. Raro era el...

Ropa de casa

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            Cualquier escritor inédito de veintipocos años vendería el alma porque Anagrama o Tusquets le publicase su primera obra. Si es difícil con una novela, cualquiera que conozca un poco el negocio editorial estará de acuerdo en que si además el manuscrito es una colección de cuentos, hay más posibilidades de que Jessica Chastain te llame una tarde para contarte que está aburrida y quiere dormir la siesta contigo. Duerme la siesta conmigo, aunque no la duermas, si nos ponemos poéticos… Que los dos sellos, Anagrama y Tusquets, te ofrezcan publicar los cuentos y tengas que elegir se me antoja más difícil que ganar el euromillones dos veces seguidas.              Pero no es imposible. No sé cuántos escritores, además de Ignacio Martínez de Pisón, habrán sufrido ese dilema (bendito dilema). Cuenta esta anécdota, y tantas otras, en  Ropa de casa , la suerte...

Los amos del aire

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               Fue Antonio Manfredi quien me recomendó la serie, no hace mucho, en un comentario en las redes sociales, no recuerdo al hilo de qué. Conoce mi gusto por la época y mi interés por los aviones de entonces. En el museo moscovita de La Guerra Patria (así llaman los rusos a la Segunda Guerra Mundial) me retraté junto a un Messerschmitt y a un Zero, sólo faltaría. Los B17 eran otra cosa. Siempre que hablo de las fortalezas volantes me viene a la memoria ese episodio de  Cuentos asombrosos  dirigido por Steven Spielberg a mediados de los ochenta, en el que el soldado a cargo de la ametralladora de la panza, un tipo dotado de un extraordinario talento para el dibujo, se queda atrapado cuando el avión regresa a la base con el tren de aterrizaje averiado. Al mando del B17 un joven Kevin Costner.              Anoche terminé el último episodio de...

El vikingo

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            Suena el timbre cuando me acabo de preparar una Seagram´s con tónica y he montado el cine de verano para zamparme uno de esos peliculones clásicos. Apenas bebo, pero este capricho me lo ha contagiado mi apreciado Juan. No creo que llegue nunca a adornar la copa con una cáscara rizada de naranja, como él acostumbra (o la pide en los bares): para determinadas florituras soy demasiado perezoso. Abro la puerta y al otro lado está el vikingo. El apelativo es cariñoso pero no gratuito. Viene a despedirse. Se vuelve a marchar muy lejos, muy al norte y por mucho tiempo. El primero de estos viajes fue hace casi una década, sin conocer el idioma y hambriento de aventura. ¿Acaso encontrarse a sí mismo no es una aventura? El camino no ha sido fácil. Nunca lo es. Ha hecho de todo por allí arriba. Un invierno lo pasó cuidando un hotel cerrado, a un tiro de piedra del círculo polar, en plan Jack Torrance pero cuerdo. No ha leído a...

El tiempo que nos queda

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            No sé por qué se lo pregunté. Quizá porque cuando voy de copiloto tiendo a filosofar. Menos mal que suelo conducir yo. Si no, acabaría comprándome una toga o un sombrero de tres picos. Tal vez lo dije porque me contó que aún quería disfrutar de la playa antes del otoño, aunque por estas latitudes el verano cada vez es más largo. Aun así, septiembre se está comportando: por las mañanas refresca y algunas noches hay que ponerse algo encima para leer al raso o ver una película. Me gusta.              ¿Qué harías si supieras que te queda un año de vida?, solté, a bocajarro. No me refiero a que una enfermedad acabe contigo, sino a un año en perfectas condiciones. Si te dijeran que el cinco de septiembre de 2025 se baja el telón. Piénsalo bien, ¿qué harías? Viajaría, respondió, sin dudarlo. Enumeró varios lugares que le gustaría visitar. Se quedó callada un ...

Veinte años no es nada

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             Dos décadas. Toda una vida. También un suspiro. Primero fue en Madrid. Una veintena de periodistas convocados para desayunar con un joven, desconocido y atrevido escritor andaluz. Digo atrevido por parir una novela de espías cuya trama sucedía casi toda en Sevilla durante la Segunda Guerra Mundial. Había otras formas de dar un triple salto mortal literario, pero elegí esa. Has tenido los huevos de llevarte la trama a Sevilla, me dijo José María Merino. Siempre fue muy generoso conmigo. Por los elogios y porque me presentó la novela en Madrid. Cuatro años después le dediqué una colección de cuentos. Nobleza obliga.   Acaba de llegar a las librerías y se está vendiendo muy bien, me avanzó mi editora. Sabía muy poco del negocio, pero era una buena noticia, sin duda. Había visto pilas de libros en las mesas de novedades, muy bien colocadas. La alegría era tan grande como el pudor. Pasé de entrar en las librer...

Tesoros ocultos

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            Busco un párrafo subrayado en un libro leído hace años. Suelo recordar muchas frases anotadas, reflexiones, no importa de cuándo. Basta sacar el libro de la estantería y pasar páginas hasta encontrarla. La operación no suele llevarme más de unos pocos minutos. Desde hace tiempo vuelvo a tener casi todos mis libros en el despacho, por fin. Aun sin abrirlos, me gusta su compañía. Tengo que ordenarlos un poco mejor, pero lo voy dejando. La procrastinación es uno de mis puntos débiles. Pero nadie es perfecto.              También dejo tesoros ocultos en los libros: papeles que significan algo especial, entradas de cine, tickets de cenas en las que fui feliz o estuve a punto de serlo, pequeños objetos, fotos. Hará una década encontré una pegatina que me regalaron en una oficina de reclutamiento de los marines en West Virginia en 1987. La volví a dejar donde...