La piel fría
Fue mi querido Félix J. Palma quien me puso
sobre aviso hace trece años. Por aquella época hablábamos a menudo, nos
contábamos nuestras inquietudes literarias e incluso algunos años antes
cotejábamos mes a mes nuestras bases de datos con certámenes para
concursar. Félix me alertó, decía, sobre una novela que había leído y
estaba seguro de que me encantaría. Como tiene buen criterio y me conoce como
lector y como escritor, le hice caso y compré La piel fría, de Albert
Sánchez Piñol. Todavía tardé varios meses en leérmela (otras lecturas
mandaban y yo estaba entonces arremangado en la promoción de La clave Pinner) pero cuando la empecé no pude parar hasta el final. Una historia
tan sencilla como inquietante y fascinante: un exactivista del IRA llega
a una isla del Pacífico Sur en la segunda década del siglo XX. En ese
lugar apartado, sólo vive un tipo peculiar que responde al no menos peculiar
nombre de Batís Caffó y cada noche les atacan unos monstruos que vienen
del fondo del mar. No sé cuántas veces habré animado a leer esta novela a los
amigos que intuyo que la van a disfrutar. También hice lo propio con los
oyentes del programa de Punto Radio donde recomendé libros durante
cuatro temporadas. Hoy me preguntaba un amigo si acostumbro a releer. No suelo
hacerlo, por falta de tiempo, le he contestado, pero, ahora que lo pienso, La
piel fría es uno de los libros que me gustaría releer. Me fascina. Hoy
he vuelto a pensar en esta novela porque he visto en las noticias que en
octubre se estrenará su adaptación cinematográfica.
Hace tiempo leí que Matthew
McConaughey andada detrás del proyecto, pero no supe más del asunto. Tengo
curiosidad por ver La piel fría
en el cine, pero me pasa igual que con esos libros que me gustan tanto: no
sé si será mejor quedarme con lo que leí. Supongo que la curiosidad ganará
la partida.


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