
Me apasionan algunos libros, algunas películas, algunas canciones, algunas obras de arte, la ciencia, la historia, la filosofía, la mirada triste de mi perro y casi todas las mujeres guapas. Me reservo otras cosas. No por pudor, yo el pudor no lo tengo en los sentimientos. Sólo quiero ahorraros aburrimiento. La política me arranca tantos bostezos como las charlas insustanciales. Prefiero una conversación íntima con una sola persona (los tríos están sobrevalorados, creedme, y los curiosos me incomodan), por eso en los actos sociales suelo estar callado o me largo enseguida. Me espanta la vehemencia, cada vez más. Sobre todo cuando es ideológica se me antoja igual que un Barça Madrid o un Sevilla Betis. Empiezan a llover invectivas para reprocharse las culpas por lo de Valencia y ya estoy cansado. Esto va para largo. Veo a la gente alegrarse porque le tiran barro a Pedro Sánchez. La misma alegría, alegría agresiva, como de hincha de fútbol, cuando es a Carlos Mazón. O a los reyes. La gente sufre. La gente está harta, cansada, triste, decepcionada. No quisiera estar en la piel de ninguno de los afectados. Pero no hablo de ellos. Quién sabe si yo haría lo mismo de estar en su lugar. Hablo de quienes se alegran desde lejos por la bronca. No tanto por empatía con las víctimas como porque los agredidos no son de su cuerda. Algunos tertulianos televisivos con envidiable habilidad para enterarse de con quién se acuesta la Pantoja (sí, ya lo sé, parezco antiguo, pero no veo esos programas, igual de la Pantoja ya ni hablan), de repente lo saben todo sobre la DANA. Supongo que hasta hace poco eran expertos en el conflicto palestino israelí o en la guerra de Ucrania. La Wikipedia es fantástica pero causa ciertos daños colaterales, sobre todo destapa las carencias de muchos de sus usuarios. Una vez más me entristezco por sentirme tan lejos de todo. Tan lejos de la bronca, tan lejos de las ideologías porque se me acaban las certezas. La única esperanza habita en la gente compasiva que recorre varios kilómetros cada día con una pala y unas botas de agua para ayudar. Yo estoy lejos. Todos mis amigos de Valencia han dado señales de vida. No tengo ganas de bronca. Me incomoda. Igual soy demasiado aburrido. Igual prefiero otras pasiones. Pero eso ya lo dije al principio.
© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2024
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