Carta a un malnacido

 Querido Cristóbal: hoy no te voy a contar esta separata a ti, ni a los oyentes. No. La carta de hoy se la voy a dedicar al malnacido que me adelantó la otra noche, en una curva, como si la línea continua no existiera o como si las luces del coche que venía de frente no fueran más que un espejismo. Como pude frené y me hice a un lado, conteniendo la respiración, mientras el conductor que venía de frente giró bruscamente para no toparse con el valiente al que, no te voy a mentir querido amigo, no le deseo nada bueno.
 Así que este comentario de hoy se lo brindo a él, Cristóbal, que a lo mejor nos está escuchando. Se lo dedico a quienes son como él: a los que adelantan en los cambios de rasante, a los que no tienen reparos en ponerse al volante de un coche estando borrachos, a los impacientes que no pueden esperar a que los semáforos se pongan en verde para atravesar un cruce, a los que te dan ráfagas en la autopista, pegados al culo como si les fuera la vida en llegar cinco minutos antes. A todos los que piensan que eso de los puntos del carnet o las normas no se han hecho para ellos, Cristóbal, a esos imbéciles que se creen inmortales. Tan seguros están de sí mismos que viven convencidos de que a ellos jamás puede pasarles nada. Toman las calles, las avenidas, las carreteras como si fueran circuitos de carreras: no existen los semáforos, no existen las normas, no existimos siquiera quienes no tenemos otro afán que volver a casa enteros. Estos malnacidos no saben lo frágiles que somos, lo fácil que es terminar empotrado contra un árbol, estampado contra otro coche cuya única culpa no habrá sido otra que la de pasar por allí en el momento más inoportuno.
Y estoy seguro de que alguno de ellos me está escuchando ahora mismo: a ese le digo lo que te decía a ti hace un momento, que no le deseo nada bueno. Me da igual que los oyentes se enfaden conmigo, que me tachen de haber sido demasiado duro. Uno tiene las armas que tiene, y yo tengo la suerte de poder decir lo que pienso en la radio. Para mí la vida de cualquiera de estos malnacidos que ponen en peligro a los demás no vale lo mismo que la vida de los con-ductores que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino desquiciado, y yo, Cristóbal, te lo digo como lo siento, cada vez que me tropiezo con uno de estos en la carretera lo único que le deseo es que se parta los cuernos de una vez y nos deje a los demás conducir en paz.

 © Andrés Pérez Domínguez, abril de 2007
Emitido en Punto Radio el 13 de abril de 2007


Comentarios

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

El payaso Trump