Ocho apellidos vascos


Hasta el otro día yo era uno de los pocos españoles que no había visto todavía la que parece ser la película del año, o de la década: Ocho apellidos vascos. Mucha gente me hablaba de ella, pero me resistía a verla porque abomino de los tópicos, pero este fin de semana no me he podido resistir a la tentación, y reconozco mi error por no haber caído antes, por ser tan torpe para pensar que los tópicos no se pueden usar de una forma elegante e inteligente. No cuento lo que me he reído, porque decir Ocho apellidos vascos y carcajadas en la misma frase sería una redundancia, sino lo que uno descubre cuando escarba un poco en los gags, en lo que significan sobre las diferencias que nos separan, no sólo a los vascos y a los andaluces, sino a los catalanes y a los extremeños, a los asturianos de los aragoneses. A todos, vaya. España es diferente, dicen en el extranjero, pero también es muy diferente por dentro.
Yo me suelo poner muy serio cuando de Despeñaperros para arriba alguien piensa que por venir del sur tengo que ser el más gracioso o, peor, cuando se esfuerzan en caerme simpáticos imitando el acento andaluz casi siempre de una forma tan torpe que me dan ganas de que se atraganten, pero reconozco, aunque me pese, que los tópicos no son tan exagerados muchas más veces de las que me gustaría. No soy dado a las tradiciones autóctonas de Andalucía y, aunque ahora me rapo, antes no acostumbraba a peinarme con gomina, jamás he llevado un jersey (chaleco, como decimos en el sur) por encima de los hombros y en mi vida he cantado una saeta, pero no me molesta que a mucha gente con la que me cruzo cada día sí disfrute con esas cosas que a mí no me interesan. He estado al menos media docena de veces en Euskadi y creo que en pocos sitios me han dado de comer tan bien (hasta no poder más, como en la película) y me han tratado con tanta amabilidad, respeto y cariño, pero también me he topado con algún irreductible que presumía de no haber estado nunca en Vitoria o que sin haber salido nunca de Vizcaya tenga una opinión bastante desafortunada y cerril sobre Andalucía.


Pero al final yo creo que la mayoría se sitúa en un término medio, aunque sean los tópicos los que llamen la atención y consigan que Ocho apellidos vascos sean tan divertida y tan eficaz para que nos demos cuenta de que no somos tan diferentes o que, si lo somos, no es tan difícil entendernos si nos esforzamos un poco, pese a que algunos paletos (ser paleto no tiene nada que ver con el acento ni con la latitud) quieran pensar que por vivir en el sur uno se levante de la siesta para irse de juerga o que para visitar Euskadi sea necesario enfundarse en un chaleco antibalas.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2014

Comentarios

  1. Querido Andrés, coincido plenamente con tu reflexión; también fui de los que miraron la película por encima del hombro, como previsible refugio atestado de tópicos. Y cuando disfruté de la misma salí con la sonrisa grande y la certeza de que era una cinta inteligente y divertida, con momentos de verdadero mérito. Así que me alegro de veras de que por una vez los tópicos sean un motivo de risa y no una excusa para el bochorno. Abrazos.

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    1. Yo creo que la película tiene muchos méritos, José Luis, y uno de ellos es la inteligencia con la que usa los tópicos para conseguir no sólo la risa, sino la reflexión. Es una película divertidísima que a la postre te da mucho más de lo que esperas. No me extraña su éxito.
      Un abrazo,

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  2. Es una gran película que hace reflexionar sobre opinar de cosas y de personas que se conocen poco. Hay una frase que lo resume todo: cuando el protagonista, tras oír sus compañeros del bar hablan de Euskadi y el Les pregunta ¿pero vosotros habéis estado alli?... Gran pregunta que muchos se tendrían que hacer.

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    1. Totalmente de acuerdo. Ésa es una cuestión importante, por la dos partes. Tan absurdo es no haber viajado nunca al norte de Despeñaperros como no haber ido siquiera a Vitoria estando al lado. Un abrazo,

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  3. Hola Andrés, soy Marta y soy de las pocas personas que aún no ha ido a ver la película pero sin duda muy pronto la iré a ver.

    Gracias por contestarme en el blog anterior, ya he hablado con la Fundación Caja Rural del Sur de Huelva y muy amablemente me enviarán un ejemplar de tu libro. Estoy muy contenta y disfrutaré mucho leyéndolo.

    Un abrazo

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    1. Pues corre a verla, Marta, pues es muy divertida y mucho más...
      Me alegra que hayas conseguido Los perros siempre ladran al anochecer. Espero que te guste.
      Un abrazo,

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  4. Antes que nada, volver a felicitarte por el libro "El silencio de tu nombre", ya lo terminé de leer y me ha gustado. Ello me anima a que algún día volveré a leer otro libro tuyo. Me gusta leer libros de autores diferentes, todos tenéis cosas interesantes que contar y su propio estilo.
    Respecto a esta pelí de "Ocho Apellidos Vascos", decir nada más que cosas buenas. Normalmente voy todos los miércoles al cine, y voy viendo lo que más interesante me parece en ese momento. Este año le doy mi premio particular a dos películas españolas, "Vivir es fácil con los ojos cerrados" y a "Ocho apellidos Vascos"... Felicidades a sus directores y actores, por hacerme pasar unos momentos muy divertidos. Gracias.

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    1. Hola, Jagutierrez: me alegra que te haya gustado El silencio de tu nombre. Gracias por decírmelo. Yo estoy contigo: Vivir es fácil con los ojos cerrados y Ocho apellidos vascos, tan diferentes, son dos espléndidas películas.
      Un abrazo,

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  5. Hola Andrés, es una película super divertida y creo que los tópicos los han tratado con mucho humor para no ofender a nadie,pues todos tenemos nuestros "tópicos" seas de donde seas.
    Felicidades por tu libro y un abrazo.

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    1. Yo creo que el guión está escrito con gran brillantez, sí. No ofende a nadie y es muy agudo.
      Me encanta que te guste mi libro.
      Un abrazo,

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  6. pues me alegra que te haya gustado, yo también era un poco reacio a verla, pero tal y como te comenté, me partí de risa por la exageración de los tópicos tan magistralmente planteada.

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    1. Me ha gustado mucho, sí que es verdad. Mucho más de lo que yo esperaba.
      Un abrazo,

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