Depuración

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Creo que era en Cómo se cuenta un cuento donde García Márquez revelaba algo importante sobre el oficio: el dilema al que se enfrenta un escritor cuando algún pasaje que ha escrito le gusta mucho pero se da cuenta de que no funciona en la arquitectura de la trama. Hay que romperlo, decía, por mucho que duela. Cito de memoria, pero matizaba el colombiano que duele mucho el primer día, el segundo menos, el tercero menos todavía y luego ya uno ni se acuerda. Recomendaba también tirar esos pasajes para no caer en la tentación de recuperarlos. Lo último nunca lo he conseguido, para qué os voy a engañar, pero suscribo todo lo demás. Me acuerdo hoy de esto porque he pasado todo el día peleándome con un capítulo largo. Pueden dar fe quienes desayunaban en la misma terraza que yo. Me gustan los capítulos largos y los párrafos largos, lo conté en la última entrada de esta bitácora, pero 42 páginas son demasiadas y la paciencia de los lectores es limitada. Hasta la mía lo es. Lo di por terminado ...

Orgullo gay


Cada vez que se acerca el Día del Orgullo Gay se soliviantan los ánimos casposos. Muchas de las conversaciones estos días aparecen salpicadas de frases así: “Yo soy heterosexual y no salgo a celebrarlo a la calle”; o: “A mí no me parece mal que los maricones existan mientras no me molesten”. La mayoría de los varones de mi generación hemos sido educados en la homofobia, y cuesta hacernos entender que si hubiéramos tenido que esconder nuestra condición sexual o ser el blanco de las bromas crueles de los compañeros del colegio, incluso ser encarcelados, tal vez nos gustaría salir a la calle a reivindicar lo que debería ser normal. No es obligatorio celebrarlo, y entiendo que no a todos los homosexuales les apetezca desfilar con un tanga o como consideren, pero tampoco debería ofender a nadie. La homofobia, aunque sea microhomofobia, está en nuestra educación: las bromas y los chistes sobre mariquitas nos salen solos, no necesariamente con mala intención, pero me parece un gran avance de la sociedad cuando veo pasear a dos personas del mismo sexo cogidas de la mano, hacerse carantoñas sin tener que esconderse. Más de un amigo me mira raro cuando le digo lo que pienso sobre esto. Pero perder amigos forma parte de la vida, y tener canas en la barba, y ganar otros amigos.



© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2019

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