Letras que vienen del sur

Cuando tus libros llevan ya unos meses en las librerías, si es que, con suerte, aún se mantienen, resulta el doble de placentero por lo menos que haya gente obstinada que sigue empeñándose en escribir de ellos en la prensa. Por aquí rescato esta hermosa reseña que sobre El síndrome de Mowgli ha escrito Diego Prado en el Diario de Menorca.

LETRAS QUE VIENEN DEL SUR
Diego Prado

Andalucía ha sido siempre, por encima de todo, tierra de poetas. Esto parece, no obstante, un tópico si pensamos en aquella generación de narradores de los 60 que algún crítico sobrado de ingenio bautizó como los narraluces y en cuya nómina estaban nombres señeros como Caballero Bonald o Alfonso Grosso. En nuestros días sin embargo, frente a una lista importante de novelistas, se ha dado desde los 90 una curiosa aparición espontánea de narradores andaluces que han dedicado parte de sus esfuerzos al cuento literario, aún siendo algunos de ellos también consumados novelistas. Unidos apenas por la proximidad generacional y por la geografía, un grupo de cuentistas del sur lleva una década engalanando nuestras letras de un modo sólo comparable al pequeño boom de cuentistas asturianos y castellano-leoneses.


Una explicación posible a tan fantástica proliferación podría hallarse en el hecho de que estas comunidades cuentan con infinidad de premios locales, provinciales y nacionales de cuento. Otra, por el firme enraizamiento en la tradición oral popular. Otra más, porque existen pequeñas editoriales de provincia dispuestas aún a editar relatos, género por lo general ninguneado por los grandes sellos. Sea por lo que sea, es un hecho probado. A bote pronto se me ocurren más de media docena de nombres de cuentistas andaluces actuales: Félix J. Palma (de quien ya hablamos en entregas anteriores), Guillermo Busutil, Juan Bonilla, Hipólito G. Navarro, Andrés Neuman, Manuel Moyano, Ángel Olgoso, Juan Jacinto Muñoz Rengel… Y a esta lista también habría que sumar al sevillano Andrés Pérez Domínguez.
Aunque afianzándose ya como novelista, con tres obras de largo aliento en tres grandes editoriales y dos novelas cortas premiadas, Andrés se fogueó durante años en certámenes de cuento. En sus alacenas tiene premios de relato tan prestigiosos como el Internacional Max Aub, el Ángel Mª de Lera, el José Calderón Escalada, el Elena Soriano, el Gaceta Regional de Salamanca, y así una larga lista. Es cierto que al final, dada la condición intrínsecamente subterránea del cuento, han sido las novelas las que le han reportado lectores y le permiten vivir de este raro oficio de contar. Pero, aunque sólo sea por formación, Andrés tiene la madera del cuentista. Me confiesa que en sus cajones hay montones de cuentos inéditos. En mayo, si todo pinta bien, saldrá un nuevo volumen de ellos en la recién nacida editorial Paréntesis de Sevilla. Curiosamente, Pérez Domínguez sólo ha publicado hasta hoy un libro de cuentos, "Estado provisional", que por desgracia desconozco. Nunca ha dejado de escribir cuentos, aunque ha optado por publicar novela no sólo porque es el único modo de vivir profesionalmente de la escritura, sino porque se considera ante todo un narrador, al margen del género. Ya tenemos algo más en común.
A Andrés le conocí durante un coloquio del Festival BCNegra, y como somos de la misma quinta enseguida congeniamos. Es una de esas personas que con una sonrisa franca dan gracias cada día por poderse dedicar a lo que les gusta, uno de esos tipos sencillos que saben bien que esto es un oficio, una vocación, una especie de sacerdocio. Con el acento inconfundible de ese sur de guadalquivires y velas blancas, con la tez olivar y los ojos abiertos y generosos del que sabe mirar y reinventar el mundo, Andrés ha ido armando una estupenda obra literaria donde el tesón, la paciencia y esfuerzo han sido las claves. De este modo, y tras no pocos avatares, en 2004 llegó su oportunidad y logró publicar su primera novela larga en una gran editorial independiente de Barcelona, Roca. Allí aparecía "La clave Pinner" que a las pocas semanas tenía una segunda edición en la calle y que le hizo visible en el panorama literario actual. Era la gran recompensa a un trabajo realizado contra corriente, robando horas al sueño (Andrés adelantaba el despertador un par de horas antes para ponerse a ello). Cuatro años después publicaba en Martínez Roca "El factor Einstein" con notable éxito y una futura edición de bolsillo a la espera. Ahora es "El síndrome de Mowgli" la que está en las librerías, peleando entre las novedades, una obra con la que Andrés se alzó con el Premio Internacional Luís Berenguer de 2008.
El síndrome del título no es otro que el del eterno fracasado, el de aquel que, como el protagonista de "El libro de la selva" de Kipling, no sabe quiénes son los suyos. Cuenta la historia de un ex-boxeador sin suerte, un merodeador del abismo, que intenta redimirse a través de la recuperación de un viejo amor de juventud. Pero las cosas nunca son tan sencillas, claro. Con una prosa donde la contención estilística juega en pro de la agilidad, y con una especial facilidad para plasmar la psicología de los personajes en sus rasgos cotidianos y aparentemente intrascendentes, Pérez Domínguez logra una novela de trazo eficaz donde lo importante no son tanto los ambientes, los paisajes, las descripciones, sino el comportamiento de los protagonistas, a través de cuyas conductas e interconexiones se va desarrollando la trama, lenta y minuciosamente como en las viejas películas de cine negro que uno tanto ama.
Narrador honesto, de pincel fino y colores discretos, Andrés sabe aunar el interés con la introspección, desde una escritura libre de quincalla, que no se te cae de las manos. Tiene historias por contar y sabe cómo contarlas. Ahora se halla acabando una nueva y extensa novela, así que aún nos aguardan muchos libros suyos en el futuro. Me alegro. Vendrán desde el sur, gaviotas de frases para playas hermanas, saetas de viento que aguardamos como el mar de los veranos. Y mientras tanto, no me cuesta imaginármelo en su rincón de Sanlúcar La Mayor, trabajando como un penitente feliz (porque ése y no otro es el oxímoron que define al escritor), cofrade tan sólo de la literatura. Esperaremos, pues, la migración fecunda de esas letras.

Comentarios

  1. Qué bonita reseña, la que más me ha gustado de todas las publicadas aquí. Un análisis tranquilo y sin tópicos.
    Nos irás dando datos y fechas de ese libro de relatos, ¿no?

    Un abrazo, Andrés.

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  2. Gracias, Juanma. Sí, pondré por aquí cosas del libr, claro. El título, te lo digo ya: El centro de la Tierra (editorial Paréntesis), y está previsto que salga en mayo.
    Un abrazo,

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