Entrevista en La biblioteca imaginaria

Andrés Pérez Domínguez, ganador de la última edición del Premio Ateneo de Sevilla por su obra “El violinista de Mauthausen” nos permite acercarnos a su escritura breve a través de esta entrevista que desde luego es breve aunque no sé si buena. A mal entrevistador, pocas palabras bastan.
Os dejo con él.
Mi hija, a pesar de haber superado este año primero de la ESO, confundió tu libro
con el de Verne al ver el título, acusándote de plagio (me consuela que al menos
supiera distinguir uno de otro). Claro, que elegir otros títulos tampoco hubiera sido la solución: “Silencio” podría confundirse con el libro de relatos de Clarice Lispector. “La voz interior” llegué a tenerlo por “La voz del silencio”, de H. P. Blavatsky. Y otra cosa: Una vez leí una reseña en que criticaban al autor por haber hecho una especie de agradecimientos “literaturizados”, en forma de relato breve al final de su libro de relatos, pero tú te atreves a hacer un “así se hizo” (making of) de este libro de relatos. Parece que contrariamente a la protagonista del relato “Estado provisional”, a ti plin. ¿Cómo pierde el escritor el miedo al “qué dirán”?

Llega un momento, supongo, en que debes aceptarte como eres. Y procurar vivir tu vida (y tu escritura) como mejor te plazca, sin preocuparte demasiado por lo que los demás puedan pensar. Procuro no preocuparme más que lo justo. Escribo. Vivo. Luego la gente puede leerme o no, desde luego. Escribir es cuestión, como casi todo, de ir ganando confianza en ti mismo, de creer en tu trabajo. Puede parecer un poco paradójico porque mis libros se publican y se supone que tengo lectores, pero yo, aunque no soy de los escritores que afirman que escriben para ellos mismos, no pienso que nadie me vaya a leer, no puedo dejar que eso me condicione. Escribo de lo que me apetece, y procuro dar lo mejor de mí mismo.
El título es rotundo y ambiguo al mismo tiempo.

Me gustaba. Y, si lees el cuento que da título a la colección, verás que hay una referencia bastante explícita a Viaje al centro de la Tierra, de Verne.

Para conseguir una voz narrativa propia también hay que dejar de lado el miedo a las habladurías, me figuro.

Es un poco lo de antes. No dejar que la idea de que te vayan a leer o reseñar te bloquee. Hay que ser uno mismo. La autenticidad es muy importante a la hora de afrontar este trabajo.

Ni una novela es un relato estirado, ni un relato una novela destilada, pero me figuro que el relatista/novelista por su condición dual, sufre en su trabajo una suerte de trastorno bipolar y Mr. Hyde y el Dr. Jekyll pugnan a cada momento por tomar el lugar que no les corresponde en ese momento. Lo digo porque “La voz interior” tiene algo de pachorra (en su sentido de tardanza o relajación) de novela.

Es que yo no soy nada purista. Yo creo que cada historia requiere una extensión determinada, y La voz interior necesitaba veintidós páginas para contar lo que yo quería y, sobre todo, como yo quería. En definitiva, se trata de sentarte a trabajar y hacerlo lo mejor que puedas. Poner el mismo empeño cuando escribes una novela que cuando escribes un cuento o un artículo. No, no creo en ese trastorno bipolar. Y tampoco pienso que La voz interior sea una novela destilada. Es una historia. Punto. El debate sobre la dualidad novelista / cuentista me parece estéril.

Ya que hemos citado un clásico: ¿qué clásicos se sentarían a la mesa de esta colección de relatos “El centro de la tierra”? ¿Podrían rastrearse algunas influencias aparte del propio Verne?

En realidad, lo de Verne supone un recuerdo para la protagonista de ese cuento. Pero no
hay influencia del autor de Viaje al centro de la Tierra en estos textos. ¿Otras influencias? Supongo que los escritores que uno admira o ha frecuentado siempre están ahí: Muñoz Molina, Carver, Graham Greene. Son muchos más, desde luego.

El volumen se abre con una cita de un libro de Stephen King (“Mientras escribo”,
título que recuerda al “Mientras agonizo”, de Faulkner, y es que, vaya, esto de la
coincidencias es un filón para rellenar una entrevista). Él dice que escribir “Es
levantarse, recuperarse y superar lo malo” (aunque él al lector lo invita a lo contrario con sus novelas, dado el efecto paralizante que le producen). Curiosamente muchos de tus personajes aplican a su vida esta receta de King, y muchos de estos relatos han ganado concursos literarios. ¿Es este un libro de finales felices hechos para agradar?

Lo primero que puedo decirte es que Stephen King es mucho mejor escritor de lo que muchos de quienes lo critican piensan. Pero su universo literario no tiene nada que ver con el mío. Lo segundo, que Mientras escribo es un libro estupendo para todo el que quiera profundizar en este oficio tan extraño y tan maravilloso.

Y, por último, es verdad que todos estos cuentos han resultado premiados en certámenes, pero aunque yo he tenido la suerte de ganar bastantes premios, nunca he escrito pensando en ningún concurso ni en que fuera a ser premiado. No quiero decir con esto que no haya querido ganarlos, pero sí que siempre he escrito de lo que he querido y como he querido, sin pensar si por hacerlo de una manera u otra tendría más posibilidades de ganar un concurso literario. ¿Finales felices? Para mí la mayoría no lo son. Si acaso, casi todos los cuentos tienen finales abiertos, y alguno bastante amargo, diría yo.


Si te dieran a elegir entre narrar la lata de sopa de tomate Campbell pintada por
Warhol, o “El grito” de Edvar Munch, elegirías…

Probablemente “El grito”. Me sugiere más.

¿Alguna razón de peso para leer el libro de relatos “El centro de la tierra” de Andrés Pérez Dominguez?

Pues porque es entretenido, supongo, que es la primera razón por la que uno debe abrir un libro. Si además te hace sentir bien al leerlo, te enseña algo o te lleva por un camino inesperado, mucho mejor, pero la primera razón es porque su lectura debe hacer que te lo pases bien.

Y para terminar, tú que en el “making of” del libro te defines sin decirlo como un
escritor de método (y también quizá del método), si has leído alguna noticia que te haya llamado la atención puedes proponerla para que escribamos un relato.
Abrir un periódico o ver el telediario pueden ser fuentes inagotables de temas para escribir.

Mejor se la propongo yo al lector de esta entrevista, como un desafío. Que alguien me cuente una noticia literaturizable. Yo creo que cualquier cosa puede convertirse en una buena historia si uno sabe cómo mirar.


José Cruz Cabrerizo

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