FIN

Pues sí. Ya he llegado al final de mi nueva novela, pero eso no quiere decir que esté terminada. El lunes pasado, por la tarde, un año y seis días después de haber escrito la primera palabra, paré la pluma un momento, tomé aire, como si fuera a zambullirme en el agua, y escribí la palabra FIN, así, con mayúsculas. Ahora ando leyéndola con ojos de lector, lo que no es tarea sencilla. Se trata de apuntalar, pulir, corregir, cambiar bloques de sitio, eliminar párrafos que sobran y reescribir otros. Pero lo más complicado ya se ha terminado. Supongo que otros escritores encenderán un pitillo, satisfechos, o abrirán una botella que tienen guardada para la ocasión. No es mi caso, porque ni fumo ni bebo.

Algunos lectores y amigos me han preguntado en Facebook el título, o que les avance algún pasaje. De momento, prefiero no decir nada, salvo que esta novela que ahora estoy corrigiendo tendrá unas 150 páginas más que El violinista de Mauthausen o El factor Einstein (o sea, que, quien tenga intención de leerla, ya puede ir ejercitando los bíceps en el gimnasio...), sucede en 1950 entre Salzburgo, París, Berlín, Barcelona, Madrid y Sevilla, y en la trama aparece un personaje de El violinista de Mauthausen y otro de La clave Pinner. Yo estoy satisfecho con el resultado, y ese es el primer paso, creo, para que a los lectores pueda gustarles. No creo que se publique hasta el año próximo, si no más tarde. Con los libros nunca se sabe. La novela ha sobrevivido a muchos viajes, a una tormenta veraniega que se llevó por delante cerca de trescientas páginas manuscritas; a dos ordenadores, el de sobremesa y el portátil, que se fundieron para siempre; y a bastantes momentos de incertidumbre, los habituales, cuando no puedes evitar preguntarte qué demonios estás haciendo encerrado tantas horas al día en un mundo que no existe más que en tu imaginación. Pero escribir un novela también es igual que llevar un tesoro en tu cabeza durante muchos meses con la ilusión de poder compartirlo algún día con los demás.

De momento puedo enseñar a los lectores de esta bitácora el paisaje de mi mesa de trabajo después de una batalla tan larga: siete cuadernos manuscritos con más de setecientas páginas de mi puño y letra, cuatro cuadernos de notas, mi pluma favorita, dos botes de tinta vacíos, cuatro bolígrafos negros y dos rojos, dos lápices, nueve libros que he manejado para documentarme, y mi portátil nuevo.

Al menos le queda a uno la satisfacción del deber cumplido. Con eso, de momento, ya es bastante.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2011

Comentarios

  1. Sin Palabras me has dejado, sin ésas que, sin embargo, tan bien has desplegado ahora y que me han silenciado, con desesos, únicamente, de releerlas para volver a disfrutarlas. Un abrazo Andrés.
    Tony-ousthw

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  2. Sin aliento ,es como he quedado al ver tú mesa .Claro que leeré esa novela anuque sea más grueso ,(los libros gruesos son bonitos).Y con todo lo que pasaste con ella por fin la terminaste.Muchas felicidades Andrés

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  3. Enhorabuena, amigo. Eres un currante nato. En tiempo de vacas flacas, buenos son los libros, la imaginación y la literatura. Ánimos en la corrección (para mí siempre es el momento más jodido). Ya me fumo yo el pitillo por ti, jaja.
    Abrazos,

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  4. Creo que no nos importara que tenga más paginas, todo lo contrario, la disfrutaremos mucho mas.

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  5. Tu has hecho los deberes y nosotros estamos esperando el momento de su gestación. Enhorabuena por nel fin.

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  6. Querido Andrés:

    ¡¡Muchas felicidades!! Volverá a ser un placer literario leer esta novela nueva. Eso seguro.

    Y, por cierto, me has contagiado: voy a empezar, a pesar de mi letruja, a escribir a mano.

    Un fuerte abrazo.

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  7. FELICITACIONES!! no solo por terminarla sino por la gran fuerza de voluntad a pesar de todas las adversidades seguramente tus esfuerzos se verán premiados por otro éxito más!! un fuerte abrazo desde Argentina espero que pronto esté a la venta por estos lares.

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