Rechazo


Parece que estrenan estos días una película francesa sobre un original rechazado por varias editoriales que acaba convirtiéndose en un éxito de ventas. Me acordaba al enterarme del argumento de cuántas veces los libros tardan años en encontrar editor y llegar a los lectores. Sinceramente, no creo que haya muchas obras maestras guardadas en un cajón por culpa de la miopía de los editores. Los libros, si son buenos (y también, muchas veces, cuando no lo son), acaban encontrando editor. Es cuestión de tiempo. Lo importante es dar con la pareja de baile adecuada. A mí me costó varios años encontrar un editor que apostase por La clave Pinner. La moda entonces, recuerdo, eran las novelas de templarios, y la que entonces rompía todos los récords era El código Da Vinci. Pero nunca me interesaron las novelas de templarios, y mucho menos me iba a poner a escribir una de esas, por mucho que me lo sugiriesen, además de porque no me entusiasmaba la idea, porque creo que si escribes pensando en lo que está de moda, para cuando termines esa novela que los lectores devorarán, probablemente  la corriente será otra. Algunos escritores manejan su carrera así, a golpe de modas, o pergeñan novelas ambientadas en ciudades o en contextos determinados porque esperan ganar un premio convocado por entidades que valorarán ese contexto o la ambientación en la ciudad adecuada antes que el valor literario de la obra. Respetable, claro, pero nada de lo dicho anteriormente garantiza llegar a los lectores. Escribir es un juego de cuyo resultado jamás podemos estar seguros.
Pero hablaba de la pareja de baile, o del rechazo. A mí, salvo dos o tres obras que encontraron editor enseguida, siempre me ha costado mucho publicar y casi todos mis libros han sido rechazados varias veces. Pero lo he asumido como una parte inevitable del oficio. Por raro que os parezca, con la mili que tiene ya uno, todavía me sigue pasando. Pero no se acaba el mundo: yo también declino propuestas que no me convienen o que no me interesan. La mayoría de los editores no entiende este orgullo de autor y no suelen perdonar que no te entusiasme formar parte de su catálogo mientras ellos tienen todo el derecho del mundo a declinar la publicación de tu obra o a no responderte siquiera porque son seres demasiado ocupados para dar explicaciones. No todos los editores son así, por suerte. Cuando llevaba un par de años con el original de La clave Pinner en un cajón rechacé un par de ofertas (una de ellas muy tentadora en lo económico), porque no era lo que yo deseaba. Para bien o para mal, literariamente hablando, siempre he procurado pensar a largo plazo. Jamás me he arrepentido de aquella decisión porque La clave Pinner encontró el mejor de los caminos posibles. Si de verdad crees en tu trabajo, lo único que no debes hacer es traicionar tus principios. Da igual que la moda sean las historias de templarios, las novelas negras escandinavas o las tontorronas trilogías pseudoeróticas. Si alguien con inquietudes literarias lee este texto y se pregunta qué debe hacer cuando pierde la esperanza, sólo puedo decirle: cree en ti, confía en tu trabajo, sigue escribiendo.
Sigue escribiendo.



© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2019


Comentarios

Literatura aficionados ha dicho que…
Hola Andrés.
Muy bellas palabras.
Te quería decir que tu novela "El violinista de Maunthausen" es maravillosa.
saludos

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