En movimiento

 

Hace mucho tiempo le confesé a un colega de las letras que cada vez escribía con mayor desapego. Sé que no usé la palabra adecuada. Pero él lo entendió enseguida. No me corrigió. La gente inteligente no pierde el tiempo tratando de aleccionar a los demás. No te preocupes, me dijo. Es normal. Con los años adquieres oficio y cada vez te distancias más de lo que escribes. 

Llevaba razón. Estos días, cuando una nueva novela con mi nombre en la cubierta está distribuyéndose en las librerías, me doy cuenta de que también he aprendido a relativizar lo que ocurra a partir de ahora. Yo ya he hecho mi trabajo. Lo mejor que he podido y lo mejor que he sabido. Sonreiré para las fotos, hablaré de la novela en los medios que tengan a bien entrevistarme; haré lo posible, y también lo imposible, para que mis editores recuperen lo invertido, pero serán los demás quienes me adjudiquen caprichosamente el éxito o el fracaso. Siempre es así. Algunos lectores incluso algunos amigos tratarán de consolarme si no se han vendido quinientos mil ejemplares, si la novela no se ha publicado en Estados Unidos o no la han comprado para hacer una serie de televisión

Dará igual que explique una vez más que mi deseo es escribir, escribir de lo que me apetezca. Quiero que mis libros se vendan, por supuesto. Cuantos más mejor. Pero jamás pienso en términos comerciales cuando me siento a jugar a imaginemos. Si luego tengo la suerte de que mi trabajo guste a un editor y a los lectores, estupendo. Y si no, no se acaba el mundo. No soy de los que planifican mucho la vida. Me apetece seguir escribiendo novelas, y cuentos, y novelas breves; o poemas ensayos si me da la gana. El oficio de escritor es un juego. Un juego de azar casi siempre. Mi única certeza, y no me refiero sólo al trabajo literario, sino a casi todo lo que hago en mi vida (y no tengo muchos motivos para quejarme) es que necesito sentirme en movimiento, avanzando en alguna dirección, sin importarme la meta pero procurando disfrutar del camino. Cada vez más. Como esos hermosos versos de Thom Gunn que inspiraron el título de la deliciosa biografía 
del neurólogo Oliver Sacks: “En el peor de los casos estás en movimiento; en el mejor, no llegas a ningún absoluto en el que descansar. Siempre estás más cerca si no te detienes”.

 

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2021 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

El que apaga la luz

Nadar hasta que pueda