
En 2008 recomendé con entusiasmo en la radio un libro que me había gustado mucho: Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu. Eran otros tiempos. Los medios de comunicación prestaban más atención a los libros. Sólo un poco más que ahora, pero algo es algo. Se trataba de un libro de cuentos sobre el terrorismo en Euskadi. Nunca había leído nada del autor y busqué otros libros suyos anteriores. Pocos años después el Centro Andaluz de las Letras me ofreció presentar en Sevilla un nuevo libro de cuentos de Fernando Aramburu y no pude o tal vez estaba arremangado hasta los codos terminando un proyecto propio y decliné la propuesta. Lo lamento, porque me habría gustado mucho conocerlo. No siempre pasa con los autores o con los libros que me piden presentar. Además de por su prosa, Fernando Aramburu pertenece al tipo de escritores que suele gustarme: carrera sólida labrada libro a libro, sin estridencias ni hacer el payaso en las redes sociales. Además, en una editorial tan prestigiosa como Tusquets, lo que demuestra la importancia de un editor que apuesta a largo plazo y sin fisuras por un autor de la casa.
Por raro que os parezca, no he leído Patria, su novela más conocida. Nunca tengo prisa. Tampoco para los libros recién salidos o aupados por los lectores hacia un éxito incontestable. Pero lo haré antes o después. Sin embargo, me apetece mucho leer Los vencejos. La historia que cuenta (un hombre decepcionado y enfadado con el mundo decide poner fin a su vida en una fecha determinada) me llama tanto la atención que muy probablemente rompa esa costumbre de poner cualquier novedad editorial al final de la lista de todos los libros pendientes de leer. También me apetece, lo confieso, porque cuando Los vencejos apenas se había colocado en las mesas de novedades leí varias críticas feroces. Injustificadas también, me temo. Cuando el éxito te pasa la mano por el hombro, como a Fernando Aramburu con Patria, siempre hay alguien esperando para sacudirte. No dudo de la honestidad de quienes redactan una crítica negativa sobre un libro. No, en serio: más de una vez lo dudo, y más de dos veces… Pero desde luego no dudo de la envidia de muchos colegas, de la inexplicable superioridad o suficiencia con que a menudo se trata a quien ha cometido el imperdonable delito de tener éxito y del interés editorial (quiero decir el interés de otras editoriales) por sembrar dudas y restar ventas a un libro de la competencia.
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2021
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