Stan Lee centenario


Cualquiera que haya leído una novela mía se habrá percatado de que los protagonistas suelen ser tipos razonablemente atormentados. En realidad, no sólo los protagonistas. Más de una vez me han preguntado si ese sufrimiento se debe a algún reflejo inconsciente de mi personalidad. Quién sabe. Pero seguro que también se debe a cuando, de muy niño, apenas había aprendido a leer, me aficioné a los tebeos. Mi héroe favorito era un tipo solitario, valiente y triste, que a finales del siglo XV se ocultaba bajo un antifaz mientras intentaba redimirse. No debió de pasar mucho tiempo hasta que me hice amigo de un trepamuros enmascarado en busca de redención. Hace poco cumplí un sueño infantil dibujándome entre los dos. Luego fui añadiendo a otros viejos amigos. Cuando todavía no podía soñar con escribir ya leía tebeos y dibujaba. Rebasado el medio siglo sigo dibujando y leyendo tebeos. No es mala forma de seguir siendo un niño, vaya. 

Todo esto viene a cuento porque hoy cumpliría cien años Stan Lee, el creador de buena parte de los tipos que me acompañan en el dibujo. Mandé hacer un póster y lo tengo aquí, en mi estudio, mientras tecleo. No podría decir cuántos buenos ratos le debo a Stan Lee, a Manuel Gago, a Víctor Mora, a Bob Kane, a Jerry Siegel… Si acaso habría deseado dedicarme a inventar historias sin haber leído las suyas. Muchos me tacharán de sacrílego, otros alzarán la ceja, desdeñosos, pero alguno de los tipos que me acompañan en este dibujo me ha procurado tanta felicidad como los héroes que habitan en novelas veneradas durante generaciones.

 

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2022

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

El que apaga la luz

Nadar hasta que pueda