Premio a la felicidad
José Manuel me anunció la muerte de Ibáñez con un mensaje. Casi al mismo tiempo, Óscar, mi viejo amigo de la radio, hizo lo mismo. Estos pequeños detalles significan mucho más de lo que parecen y los considero una prueba mayúscula de su aprecio: la gente que me conoce bien sabe cuánto significaba para mí el creador de Mortadelo y Filemón. Cuando falleció Stan Lee también me escribieron algunas personas muy queridas para mostrarme algo parecido a un pésame vicario. He crecido leyendo tebeos y copiando sus dibujos. Que aún siga leyendo tebeos y dibujando no es sino una prueba de mis ganas de no dejar nunca de ser un niño. No me habría dedicado de una forma quijotesca (¿acaso hay otra?) a escribir sin los tebeos. Me acabo de mudar de despacho y una buena parte de la estantería está repleta de tebeos. Mientras tecleo me consuela tenerlos cerca, tanto como la serie Fundación, de Asimov, los cuentos de Carver, Cortázar, Cheever o Philip K. Dick; igual que Moby Dick, La isla del tesoro o El conde de Montecristo.
Francisco Ibáñez era uno de esos genios amables que en lugar de perdonar la vida a las demás por existir parecía estar agradecido por hacer feliz a tanta gente. En España somos muy aficionados a los ditirambos y a los homenajes cuando ya no hay posibilidades de entregarlos en vida. No sé si a Francisco Ibáñez le importaba ganar el Princesa de Asturias o le daba igual. Pero una vez muerto ya da lo mismo: es el premio quien ha perdido por no dárselo cuando correspondía. José Manuel me recordaba el sábado algo que le solté un día pero había olvidado. Alegra mucho ver que tus palabras no caen en saco roto, incluso que pueden servir para algo. Creo que el mayor premio para Walt Disney, más que el dinero o los premios, le había dicho una vez a mi amigo, era haber hecho feliz a tanta gente. Pienso lo mismo de Ibáñez.
Estos dibujos en las tapas de un cuaderno escolar los copié de un tebeo de Mortadelo hace casi cuarenta años. Valgan como homenaje, como muestra de cariño, admiración y respeto por Francisco Ibáñez.
© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2023
Comentarios