La arruga es bella
El título del artículo lo he copiado del famoso eslogan de Adolfo Domínguez. Ya ha llovido. Acabo de mirarlo: es de 1982. Ahora que caigo: creo que nunca me he puesto ni unos calzoncillos de esa firma. En el caso de que tengan calzoncillos. Sin embargo sus colonias me gustan. Agua fresca es mi favorita. El mes que viene es mi cumpleaños, por si queréis tener un detalle. Pero esto trata de arrugas. Hazme un retrato sin arrugas, me pidieron hace poco. La frase rematada con las palmas de las manos juntas. No me llevo bien con los emojis: salvo los corazones (siempre en rojo, aunque parece que en otros colores el significado es distinto; no pienso averiguarlo: creo a pies juntillas, como Sherlock Holmes, que el cerebro es un desván limitado donde los conocimientos inservibles no deben ocupar espacio), los abrazos, los besos y los guiños, que uso con la misma profusión compulsiva de un tic porque, al ser de natural irónico (vale, cínico) me empeño en colocarlos al final de las frases para subrayar la broma o el doble sentido. A veces ni así evito ser malinterpretado, conque debe de ser mi culpa. Las palmas juntas significan rezar, o pedir perdón, tal vez un ruego, como en esta ocasión. Me gusta mucho dibujar caras, pero las prefiero con arrugas. No me dice nada un rostro sin arrugas. Son las huellas de lo vivido. De lo bueno y de lo malo. También los ojos. Suele ser lo primero que dibujo. Y en lo primero que me fijo de una persona. Me gustan las miradas, me gustan las arrugas. A menudo, para matar el tiempo me pongo a buscar fotos. Algunas las archivo, para más adelante. Otras piden a gritos que corra a buscar un lápiz. También es una forma de contar historias. De transmitir emociones a los demás. La cara de Willen Dafoe llevaba un cartel colgado que decía dibújame. Por esas arrugas, por ese mentón cincelado, por esa mirada. La del motero malvado de Calles de fuego, la del sargento bueno de Platoon, la del agente del FBI honrado y novato de Arde Missipi, la del tipo al que le habían cortado los pulgares en El paciente inglés, la del atormentado Duendecillo Verde en Spiderman.
Al final hice ese retrato y se lo regalé. Con arrugas, claro. Las que veo. No siempre se corresponden con las reales. Pero de eso se trata. Al dibujar, al escribir. De filtrar el mundo con tus ojos y contarlo.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2024
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