Band of brothers


Hoy se cumplen ochenta años del Día D y en Normandía habrá algunos hombres centenarios que saltaron a las playas en 1944. No sé cuántos quedan vivos, pero estoy seguro de que muy pronto ya no habrá ninguno. ¿Qué nos quedará entonces? Jorge Semprún lo dijo hace muchos años. Él se refería al Holocausto. Cuando ya no quede ningún testigo vivo serán los escritores y los cineastas quienes tendrán que contar lo que pasó a las generaciones venideras. No creo equivocarme si afirmo que pocos acontecimientos le deben al cine tanto como el Desembarco de Normandía. Yo mismo recorrí la zona hace unos años y estoy deseando volver, con más tiempo para visitar muchos museos que me faltaron o conocer a viajeros como ese norteamericano muy amable y educado cuyo tío había muerto al pisar una mina. Sentados bajo una bandera con barras y estrellas me enseñó la foto de su pariente. Quien me acompañaba tuvo el acierto de mantenerse apartada mientras charlábamos y retratarnos sin que nos diéramos cuenta. 


Uno de los motivos por los que siempre quise ir a Normandía, y no el menor, fue el cine. Sólo para ver el muñeco colgado del paracaídas en Sainte-Mère-Église o la estatua del mayor Winters en Sainte-Marie-du-Mont conduje durante horas por carreteras secundarias. Quienes hayan visto El día más largo sabrán del paracaidista que hablo. Y envidio a quienes no hayan visto todavía Hermanos de sangre (Richard Winters es el protagonista) porque aún tienen la oportunidad de verla por primera vez. Siempre me gustó más su título original: Band of brothers. Algunos dicen que es la mejor serie jamás rodada. Yo no me atrevería a afirmarlo, cada uno tiene sus gustos y sus preferencias, pero desde luego es de las mejores. Una de las pocas que he visto completa más de una vez. La primera, hace más de 20 años, ponían dos episodios cada jueves en AXN. Luego leí el libro de Stephen Ambrose. La historia de la compañía Easy, desde el campo de entrenamiento en Georgia hasta el Nido de Águilas de Hitler, en los Alpes (no os lo perdáis si tenéis la oportunidad, merece mucho la pena subir hasta allí). Resulta inevitable ponerse en la piel de cada uno de los soldados: desde Dick Winters hasta el cabronazo que interpreta de forma impecable David Schwimmer. No creo que se pueda contar mejor esa guerra. Las emociones de quienes participaron en ella, quiero decir. Si acaso, me quedo también con las manos temblorosas de Tom Hanks antes de saltar a la playa de Omaha. Pero eso daría para otro post. Y la paciencia de quienes leen no tiene por qué ser tan grande como el entusiasmo de quien escribe. Conque con esto, de momento, es suficiente.


 

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2024 

 

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