Diarios


No es premeditado. Me sale así. Por costumbre y tal vez porque en medio del caos me reconfortan ciertas rutinas. Recuerdo muy pocos días sin leer. Podría decir ninguno, pero no escribo para quedar bien ni para contentar a nadie. Sólo leo ficción por las noches y no suelo leer por las noches.
De ahí que la lista de novelas trasegadas se reduzca a lo imprescindible. Por las mañanas, siempre cuando desayuno, y no siempre desayuno solo, además de la tostada con pan de semillas devoro ensayos. Ahí cabe todo, o casi todo: historia, filosofía, psicología, ciencia, diarios… Si dedicas un rato cada día a leer sobre distintos asuntos, decía Ray Bradbury, al final de un año estarás lleno de cosas. Cuánta razón tenía el maestro, para variar. Me levanto muy temprano, pero a veces demasiado temprano. Entonces, con el mundo por despertar, leo poesía. Quizá prefiera leer poesía cuando aún no se ha estropeado el día. Igual es una forma de meditación. Ni idea. Quién sabe si nunca me he puesto a meditar de forma consciente porque medito muy a menudo de forma natural. Algunas de esas mañanas en las que tengo que esperar a que el mundo arranque también leo cuentos. Ya sé que esto contradice lo que dije antes sobre la ficción y las noches, pero estoy lleno de contradicciones. Y benditas sean. 
        Esta mañana, en el bar donde me tratan tan bien concluyo el primer volumen de los Diariosde Iñaki Uriarte. Los diarios son uno de mis géneros preferidos. Ese arte de contar tu vida pero al mismo tiempo no contar nada. O contarlo todo, depende. En los últimos meses he leído todo Trapiello, me confesó entusiasmado hace muchos años un anciano escritor durante una cena en la que celebramos un premio con su nombre que tuve la suerte de ganar. Entiendo y comparto su entusiasmo. 

No conozco a Iñaki Uriarte. Ni siquiera he visto su cara. Cuando leo prefiero que nada me condicione. Recuerdo su nombre entre los miembros del jurado de un certamen de cuentos que gané o resulté finalista en Euskadi, hará un cuarto de siglo. He disfrutado mucho el primer volumen de sus diarios. Ya he comprado los otros tres, pero los alternaré con otras lecturas. Me he enterado hoy que empezó a escribirlos a los 52 años. Yo cumplí 55 la semana pasada. A un par de metros de donde tecleo puedo contar 14 cuadernos. No siempre he escrito un diario, pero llevo escribiendo diarios desde muy niño. Recuerdo anotaciones muy anteriores, pero se perdieron en alguna mudanza o acabarían en el cubo de la basura porque siempre he sido muy desordenado. Aun así, la primera entrada que conservo es del 22 de abril de 1984, acabo de mirarlo. Me pone una sonrisa en la cara que, por muy mal que se dé hoy el día, nadie me la podrá quitar. Nunca me lo había planteado, pero no sé si me gustaría que mis diarios se publicaran. Raro es el diario que no acaba molestando a alguien. Y es bueno que sea así. Escribir un diario pensando que algún día va a ser leído sería como aplicar el Principio de Incertidumbre a la intimidad. Pero si me pongo a hablar de Física Cuántica quizá os aburra.

Quién sabe: igual un día me apetece publicar mis diarios. Ya os lo he dicho: estoy lleno de contradicciones, como todo el mundo. Pensándolo bien, también tiene que ver con la Física Cuántica…

Dejémoslo aquí.

 

 


© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2024 

 

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