Balance (bienal)
Escribo diarios desde niño. Hace un par de años, además, empecé a puntuar cada día, con constancia monacal, sin fallar ni una sola jornada. Algunos lo sabéis. Resulta de gran utilidad porque la memoria tiende a ser traicionera y los números cantan la verdad. Al final lo malo no suele ser terrible y lo bueno casi nunca es extraordinario. Los extremos, cuando suceden, suelen durar poco. Sorprende, y reconforta, mirar las estadísticas: me agobia el verano, pero agosto, julio, junio y septiembre, por ese orden, han sido los mejores meses del año; mayo fue un desastre, el peor de todos los meses de 2024, pero no fue culpa mía; abril también, sólo un poco menos triste, pero sé que pude haber evitado muchas de las situaciones complicadas que pasaron. Nadie es perfecto y yo mucho menos. Octubre fue el tercer mes empezando por la cola, pero está claro también que pude hacer mucho más por evitarlo. En 2023 fue al revés: mayo fue extraordinario, seguido muy cerca de enero (y eso que los primeros meses del año me suelen resultar muy ásperos), pero agosto fue el peor, con diferencia, y julio el segundo peor. Es importante darte cuenta de que estar en armonía con quienes te rodean depende de uno mismo más veces de las que te gustaría reconocer. 366 días en 2024. 125 estuvieron por encima de la media. En cada uno de ellos pasó algo, con mi voluntad o sin ella, que los convirtió en especiales. En 63 días pasó justo lo contrario: sucedió algo que, por mi culpa o sin ella, hubiera preferido no vivir. Los 178 días restantes fueron normales, esto es: no pasó nada especial ni nada malo. Igual mi vida es aburrida. Cualquiera sabe. Igual todo tiende a equilibrarse.
Y, a modo de post scriptum, permitidme abusar de vuestra paciencia. El último día de 2019 escribí este poema. Quizá lo recordéis. Fue año difícil, pero también luminoso. Un lustro después sigo pensando lo mismo. No es buena idea reescribir lo que eres incapaz de mejorar.
“Suenan los últimos silbidos del tren de 2019.
Acaba como empezó,
leyendo, buscando, experimentando, viviendo.
La ilusión inmensa,
pero no intacta,
es imposible vivir sin dentelladas.
Hace siglos escribías poemas,
los personajes no asomaban todavía en el horizonte,
ni las aventuras,
ni los viajes,
ni los lectores.
Cae la última tarde de un año intenso,
doce meses muy complicados.
Te calientan unos versos
y el sol del invierno andaluz.
Ay de quienes no puedan vivir con tan poco,
ay de quienes no sepan disfrutar de tanto”
Que 2025 os sea propicio, queridos.

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