Lisístrata en Colombia

Querido Cristóbal, llevo toda la vida escuchando a los que se supone que en-tienden que es el dinero lo que mueve el mundo, y que si uno hurga un poco en la llaga de las guerras más tarde o más temprano acabará dándose cuenta de que el motivo principal por el que estas suceden es por el dinero, por el dinero puñetero. Pero lo cierto es que no me gustan las teorías conspirativas, y enseguida desconfío del que me habla del petróleo de Iraq o de otros intereses ocultos que motivan las guerras, y aunque no niego que estas teorías pueden llegar a tener algo de verdad no me gustaría ser tan ingenuo como para pensar que el dinero, sólo el dinero, pueda ser la causa de tanta destrucción y tanta miseria.
 demás, según he podido comprobar estos días, ya no es el dinero lo que mueve mundo, sino que tal vez lo que haga avanzar este planeta sea lo mismo que lo haya hecho avanzar siempre, querido amigo. El sexo, Cristóbal. Tal vez sea ésta una cuestión interesante para que la tratéis en la sección de los miércoles, esa que se llama el Punto G. Y que preguntes a los oyentes si piensan que el sexo es capaz de mover el mundo. Lo que te cuento, Cristóbal, no es nada descabellado. Resulta que en una población colombiana las mujeres se han declarado en huelga de piernas cruzadas para que sus maridos o sus novios, que son pandilleros y delincuentes, abandonen la violencia. Y el caso es que, según he podido saber, el asunto ha funcionado. Ha bastado una semana a pan y agua para que los pandilleros de Pereira mantengan su actividad delictiva bajo mínimos. Así que tendrás que darme la razón, Cristóbal, si te digo que es el sexo, y no el dinero, lo que mueve el mundo. Y, si no el sexo, sí las mujeres. En fin. Basta que a las féminas les dé por ponerse en plan Lisístratas para que los hombres nos pongamos firmes y nos atengamos a las consecuencias. Fíjate, Cristóbal, quién se lo iba a decir al griego Aristófanes, cuando escribió aquella comedia en la que las mujeres se declaraban en huelga de sexo, hace casi 2.500 años, que en el siglo XXI su obra no habría perdido ni una sola brizna de vigencia.
Me pongo a pensar y termino resolviendo que la ONU no sirve para nada, querido amigo, que tantos políticos y tantos cascos azules desembarcando en las playas con esos artefactos militares sólo sirven para armar ruido. Son las mujeres las únicas que pueden cambiar el mundo, las mujeres, con el sencillo acto de negar el sexo a sus maridos belicosos. Se me ocurre el nombre de más de una esposa de algunos mandatarios, Cristóbal, a las que podríamos recomendar desdeaquí la comedia de Aristófanes. Estoy seguro, querido amigo, de que si más de una prime-ra dama se tomase en serio lo de la huelga de sexo sería otro gallo el que nos cantaría.

© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2006


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