Los niños de la tele

 Que no, Cristóbal, que no me lo explico. Y mira que tiene que ser fácil de entender, pero a estas alturas todavía no soy capaz de enterarme de qué va la película, que el mundo se despeña cuesta abajo y sin frenos y yo que no me quiero dar cuenta. En un programa de radio escucho a una periodista de eso que se llama prensa del corazón contar a los oyentes cuánto engorda la cuenta de Belén Este-ban cada mes por castigar a quienes enciendan la tele a determinadas horas en un programa de televisión. Ya sabes, Cristóbal: Belén Esteban, la ex del eximio Jesulín de Ubrique, madre de su primogénita, connovia de la Campanario, y paradigma de la educación y las buenos modales donde los haya. Resulta que por enseñar en el careto en la pantalla se lleva al mes unos cuantos millones de las antiguas pesetas. Sí, unos cuantos millones, Cristóbal, que no me equivocado, y sabes que además no tengo por costumbre empinar el codo.
 so por enseñar el careto, porque por enseñar las tetas operadas en una revista también le han pagado, que ya son ganas de tirar el dinero, digo yo, unos ocho millones de las antiguas pesetas. Sí, Cristóbal, ya sé que debería hablar en euros y no en pesetas, pero es que yo soy de los antiguos, y además, no quiero equivocarme al hablar de euros y que luego un oyente venga a darme un tirón de orejas porque, con la ventaja que da tener un micrófono delante, me he puesto a decir barbaridades. Bueno, a lo que íbamos: unos cuantos millones al mes por atentar contra el buen gusto de los televidentes en la tele, ocho millones por enseñar las tetas en una revista (bueno, supongo que la tetas y algo más), ah, y quince milloncejos por airear sus intimidades en un programa de televisión. Noventa mil euros, para que nos entendamos, Cristóbal: como ves, si me esfuerzo un poco hasta soy capaz de expresar las cantidades en euros.
Pero es que a la periodista del corazón que lo contaba debió de darle un ata-que de dignidad y decía que noventa mil euros es más de lo que gana Zapatero por dirigir los intereses de los españoles en la Moncloa durante todo un año. Y, si te digo la verdad, Cristóbal, a estas alturas ya no sé ni por qué nos escandalizamos. Los niños saben quiénes son La Pantoja y Julián Muñoz pero el nombre de los reyes católicos no les suena de nada, y Belén Esteban es una figura más familiar y más entrañable que Juana de Arco o Marie Curie, fíjate, la única mujer que llegó a tener dos premios Nóbel en el salón de su casa. Lo más triste, querido amigo, es que cuando les preguntas a los niños qué quieren ser de mayores muchos te con-testan que famosos, claro, no te jode, salir en la tele y ganar mucho dinero, y en el recreo juegan a ser Belén Esteban, la Jesulina, Antonio David o Rociíto. No les culpo, Cristóbal, porque ya desde la infancia se apuntan ciertas maneras, y sólo los más tontos, querido amigo, piensan en sacar buenas notas y algún día estudiar una carrera.

 Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2006

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