Ojos Tristes


El premio "Max Aub" de cuentos celebra esta primavera su trigésimo aniversario. Yo tuve la suerte de ganarlo dieciséis años atrás, y hace dos formé parte del jurado. Paco Tortajada, el director de la fundación "Max Aub", me ha pedido un texto para incluirlo en un libro conmemorativo. Lo comparto con vosotros. Ojalá que mi experiencia pueda aportar algo a los escritores que están empezando.
(la foto que ilustra el post me la hizo un fotógrafo de El Mundo al día siguiente de ganar el premio...)
Las cosas importantes suceden cuando menos te lo esperas. En el año 2000 llevaba mucho tiempo empeñado en vivir de lo que escribía, llamaba a puertas que nunca se abrían y guardaba en un cajón el esbozo de una historia que no me decidía a empezar porque temía malograrla. Cuatro años antes había escrito una novela que tiré a la basura y tenía a buen recaudo muchos cuentos que no me atrevía a enseñar más que a ciertas personas muy queridas. Pero a principios de 1999 me había dicho que, si quería vivir de lo que escribía, no podía sino escribir mucho y tratar de hacerlo lo mejor posible. Con disciplina de hoplita espartano me sentaba en mi despacho dos horas todos los días, a menudo después de comer, antes de volver a mi trabajo, y otras veces me levantaba muy temprano para poder cumplir con la tarea que me había impuesto. Durante una hora trabajaba en el primer borrador de un relato y en la hora siguiente corregía otro que ya había escrito o esbozaba uno nuevo. Ese verano escribí Duarte, una de mis novelas breves favoritas, y fabriqué el armazón definitivo de La clave Pinner, que empezaría a escribir en el otoño de 2000. Cuando a finales del verano de 1999 me llamaron de Asturias para hablarme de un concurso literario al que me había presentado pensé que iban a pedirme la dirección para devolverme las copias, pero lo había ganado. Hasta entonces, quién lo diría, no le había dado importancia a los concursos literarios, pero en los meses siguientes tuve la suerte de que mis cuentos fueran premiados en varios certámenes y pensé que si lo que escribía resultaba del agrado de personas distintas en lugares diferentes no iba por mal camino. Barruntaba también, ingenuamente, que si ganaba muchos premios llamaría la atención de algún cazatalentos, un editor de fuste acabaría publicándome y conseguiría ese sueño legítimo de vivir de la Literatura. Pronto aprendí que los sueños, si se cumplen, rara vez siguen el guión que habías imaginado. Y está bien que sea así. Con la misma ilusión de un niño al que dan un diploma por sus buenas notas, en el otoño de 1999 fui a Asturias para recoger mi primer premio literario, y en aquel viaje se me ocurrió una historia que escribí enseguida. Un par de amigos escritores me habían hablado del premio “Max Aub” de cuentos. Yo era un recién llegado y no lo conocía. Me aseguraron que era muy prestigioso. Puede que el más prestigioso certamen de narrativa corta en castellano, insistían mis amigos. Imprimí varias copias de la historia que pergeñé durante aquel viaje al norte, las encuaderné, las envié al premio y me olvidé del asunto. Unos meses después me llamó el director de la fundación Max Aub y pensé, como siempre, que querían comprobar mi dirección para devolverme las copias. Pero mi Ojos Tristes había resultado elegido entre más de mil relatos llegados de todo el mundo
Esta primavera hará dieciséis años. He tenido la suerte de ganar otros premios y de publicar seis novelas, tres novelas cortas y dos libros de cuentos, pero jamás olvidaré lo que significó para mí, cuando empezaba, ganar el premio “Max Aub”.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2016


Comentarios

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

François Cluzet