Adiós a Bernie Gunther


Esta mañana me he enterado de la muerte de Philip Kerr y he sentido la misma pena que si hubiera perdido a un amigo. Mi querido Óscar Oliveira me ha llamado para contármelo. Se lo ha llevado un cáncer a los sesenta y dos años recién cumplidos. Desde que lo descubrí gracias a las recomendaciones de otro querido amigo, Gregorio León, le he dedicado varias entradas en este blog. No se trata hoy de repetirme, no me apetece. Aún me faltan por leer dos novelas de la serie del gran Bernie Gunther y hoy he sabido que hay otras dos pendientes de publicación en España.
He aprendido y sobre todo he disfrutado con los libros de Philip Kerr. No se me ocurre una manera mejor de rendirle tributo que leyéndolo, pero ahora, por desgracia, será de un modo diferente porque sé que los cuatro libros que me faltan serán los últimos protagonizados por el detective Bernie Gunther. Es igual que tener unas pocas botellas de un vino delicioso que ya no se volverá a vender y dudar entre abrirlas o guardarlas para una ocasión especial. En mi estantería tengo algunos libros de éstos: estoy convencido de que me van a gustar mucho y en lugar de empezarlos los dejo que críen polvo y las páginas amarilleen porque, si las cosas se ponen feas en el futuro y te dan ganas de decir a la mierda con todo, serán el último refugio. Es lo que tienen algunos libros, por raro que parezca. Y es lo que nos pasa a quienes la ficción nos conmueve a veces, por suerte, tanto como la propia vida. Philip Kerr ha dejado huérfano a Bernie Gunther y el cínico detective berlinés nos ha dejado huérfanos a todos los lectores que amábamos su cáustico sentido del humor, su rebeldía, su suerte, su coraje y su capacidad de salvar el pellejo en las situaciones más complicadas. Ya no los veremos envejecer. Descanse —descansen los dos— en paz.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2018


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