Entrevista dossier de prensa
Entrevista
Queridos: esta es la entrevista que acompaña al dossier de prensa de La letra pequeña. En ella podréis encontrar algunas claves del libro. Espero que os guste. El día 15 lo tendréis en las librerías.
P. Primero, una aclaración: ¿cuento o relato?
R. Diría que ambas denominaciones son correctas. Pero al decir cuento mucha gente, sobre todo la gente poco habituada al género, suele confundirlo con historias infantiles. A veces esto origina un equívoco divertido por el que alguna vez ha pasado todo escritor cuando le han preguntado si sus cuentos son para niños. Rara vez no tienes que aclarar, tras responder negativamente, que tampoco son cuentos eróticos o pornográficos... Quizá relato o relato corto sea lo más apropiado para disipar las dudas aunque, como digo, tanto valga llamarlo relato o cuento.
P. La letra pequeña es el título de la colección, pero no es el título de ninguna de las diez historias. No es lo habitual. ¿Cuál es el motivo? ¿Y por qué ese título?
R. Al reunir estas diez historias me di cuenta de que, entre los denominadores comunes que tenían, el concepto de “la letra pequeña” era muy potente. Quiere decir que los personajes que habitan en estas diez historias han descubierto, a menudo demasiado tarde, que en la vida, igual que en los contratos, se esconde una letra pequeña que no se debe ignorar porque antes o después lo cambia todo o incluso desbarata cualquier proyecto. Hay otros asuntos que afloran en la mayoría de los relatos de La letra pequeña, como el adulterio, el desamor o el desengaño inevitable cuando vamos cumpliendo años. Quizá el desengaño sea lo que nos sucede al descubrir la letra pequeña de la vida. Por eso se titula así el libro.
P. Puesto que hay uno o varios denominadores comunes en las diez historias de La letra pequeña, ¿podríamos decir que el tono es el mismo en todas ellas?
R. No, para nada. Obviamente hay similitudes porque cada escri- tor tiene su propio sello, pero creo que eso tiene más que ver con los temas de fondo propios de cada uno (en este caso amor, o más bien desamor, desengaño, lealtad; la letra pequeña de la vida sobre todo...) que con el estilo. Además, cada historia requiere un tono diferente. Es más, creo que cada historia pedía un tono diferente. Fíjese que el primero de los cuentos, Dibujos animados, está narra- do por una mujer a punto de abandonar a su marido adúltero; el siguiente, Luna de miel, muestra a una pareja que discute durante una escapada romántica; el tercero, El cumpleaños, es la historia de un hombre que espera que su mujer recapacite y vuelva con él mientras una anciana no deja de marcar su número por error...
P. Vuelve usted al cuento después de diez años. ¿Podríamos decir que usted es un novelista que ocasionalmente escribe relatos?
R. Muchos de mis lectores más antiguos me consideran sobre todo un cuentista, y a mí me encanta que lo piensen. Le aseguro que no soy un cuentista ocasional. Es más, de esa afirmación podría dedu- cirse que los cuentos se encuadran en un género menor, algo así como literatura de segunda división, y nada más lejos de la realidad. Escribir cuentos resulta extremadamente difícil. Yo creo que mucha gente cree que se trata de un género menor por puro desconocimiento. A mí me gusta pensar que soy un escritor todoterreno que se desenvuelve con dignidad en la distancia corta, media y larga.
P. ¿Es más o menos difícil escribir cuentos que escribir novelas?
R. A mí me parece muy difícil escribir cuentos y escribir novelas. Si acaso, son esfuerzos diferentes.
Recurriré a esa respuesta tan manida pero muy descriptiva con la que suele explicarse la diferencia entre escribir novelas y escribir cuentos: una novela es como correr
una maratón y un cuento es como correr los cien metros lisos. Son esfuerzos que requieren de una musculatura diferente aunque en ambos casos se trate de poner un pie delante del otro y correr hacia la meta. Cortázar decía que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos se gana por K.O. Puede ser: una novela puede tener fallos, digresiones, ramificaciones necesarias o innecesarias; un cuento no te permite errores. Es un mecanismo de precisión donde todas las piezas han de estar muy ajustadas y no debe sobrar nada. Incluso en un relato puede ser más importante lo que no se dice que lo que se dice. Digamos que en la novela el trabajo es acumulativo y el cuento debe captar el instante, la intensidad. Una novela sería una película y un cuento una imagen congelada. Aunque al escribir novelas también puedes usar ciertos recursos propios de la narrativa breve. Pero abundar sobre esto sería entrar en detalles técnicos que quizá aburrirían al lector de esta entrevista. Una novela es un trabajo muy largo, de muchos meses o años. Necesitas armarte de paciencia y no sucumbir al desánimo propio de una tarea tan larga y esforzada. Un cuento no te lleva tanto tiempo, pero insisto: eso no quiere decir que resulte más fácil escribirlo. En ambos casos se trata de sentarte a trabajar y dar lo mejor de ti mismo. Tan sencillo y tan difícil como eso. 
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