
Son viejas paradojas: la tendencia a la soledad y el gusto de compartir un rato con buenos amigos; el poderoso imán de los libros y las películas en mi sillón favorito y las ganas irresistibles de una escapada. Con los años he comprendido que los extremos se retroalimentan, una divertida contradicción irresoluble. Digo divertida porque también he aprendido a tomarme con humor todo lo que puedo, y es mucho, vaya. Cuanto estoy en casa pienso en el próximo viaje y en cuanto me largo suelo pienso en el regreso, a mis cosas y a los míos. Me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero quienes me conocen bien saben que suelo buscar una excusa para escaquearme (y a veces ni siquiera la busco) de los saraos a los que me invitan. He perdido o me he distanciado de amigos por eso y también he tirado por la borda más de una oportunidad de conocer a gente del oficio que me pueda echar una mano. Pero como los babosos me espantan y las palmadas en la espalda me provocan sarpullido, en justa coherencia no sé hacer la pelota ni pasar la mano por encima a nadie. Si me invitan a un sarao y me apetece, voy; y si me apetece ir y no me invitan jamás protesto. Yo me entiendo. Y algunos de los que me estáis leyendo y me conocéis también me entendéis, seguro. El precio es que me tachen de raro, incluso de prepotente. Qué le voy a hacer: siempre he sido un cazador solitario. O solitario a secas. En fin: cada uno es como es y baja las escaleras como quiere. La frase anterior no es mía, ya quisiera yo: es de Serrat.
A lo que iba: se me antoja que las ganas de volver a mi rincón son cada vez más intensas que las de largarme. Quizá porque hago falta cerca de los míos, cada vez más. Tampoco pasa nada: me encanta sentirme útil. Pero también porque la certeza de necesitar poco y tener más de lo que necesito es cada vez mayor; de que cada vez me cuesta más encontrar motivos para no estar a mi aire, la ventana abierta por donde a menudo se cuela una brisa deliciosa que huele a mar o me lo parece; con un pantalón holgado, descalzo, una torre de libros por leer y muchas páginas por escribir.
PD: el rollo que os he soltado para enseñaros mis pies y mi nuevo pantalón de yoga... No, en serio: pocas cosas me gustan más que hacer reír. No necesariamente, y no siempre, a una mujer guapa.
Mayo de 2026
Comentarios