Espíderman

Espíderman


Que no se asusten los puristas al ver el título. No se me ha olvidado la lengua de Shakespeare. La e y el acento en la i son para que no haya equívocos. La otra noche, apoltronado en la butaca del cine mientras disfrutaba de los tráilers, me retrepé en el asiento al ver el traje rojo y azul con la araña plantada en la espalda. Por fin estaba aquí la nueva versión del hombre araña. Pero a pesar de las imágenes prometedoras se me arrugó el entrecejo al enterarme del nombre, Spiderman, o sea, espáiderman, pronunciado en inglés. Independientemente del don de lenguas de cada uno, este carismático héroe de la Marvel ha sido espíderman para todos los que echamos los dientes leyendo tebeos en los setenta, espíderman con acento en la i, aunque lo escribamos Spiderman.
Siento como si a todos los lectores del héroe creado por Stan Lee nos hubieran dado un tajo en la memoria, en nuestros recuerdos infantiles. Supongo que la película tendrá un éxito enorme, y seguro que habrá secuelas. Tal vez, dentro de no demasiado tiempo, los niños que descubran al trepamuros en el cine sin haber leído las viñetas primero, lo llamen por el nuevo y correctísimo nombre de espáiderman, pero para mí, igual que para una legión de devoradores de historias que aprendimos a leer con El Jabato, El Capitán Trueno o El Guerrero de Antifaz, el hombre araña será siempre espíderman, por muy incorrecto que parezca.


© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2002







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