Falso culpable

Parecía que, después de todo, el terror iba a traer algo positivo. Después de la tragedia de las Torres Gemelas los que mandan en el mundo estaban dispuestos a poner el terrorismo en el punto de mira, a utilizar todos los medios a su alcance para luchar contra él dondequiera que se escondiese. Visto lo visto, parece que hasta ahora el único legado seguro que se ha heredado tras los atentados es la pérdida de las libertades civiles. Los agentes de la CIA, que habían sido despojados de su licencia para matar por obra y gracia del presidente Carter, vuelven de nuevo a sus años dorados de la Guerra Fría.
Los resultados, de momento, salvo la masacre de Afganistán, aún están por ver, aunque las leyes norteamericanas se han endurecido de tal forma que estremece pensar que haya cientos de personas en prisión preventiva desde los atentados del once de septiembre cuyo único delito parece ser el color oscuro de su piel, la religión que profesan, tener el visado pasado de fecha o carecer de permiso de trabajo. En España, por supuesto, también. Como muestra, un botón: Ahmad Mardini, un sirio nacionalizado español ha comprobado en sus propias carnes cómo la vida puede transformarse en una pesadilla una mañana cualquiera. Fue detenido porque dos miembros de Al Qaeda —una de las ventajas del conflicto es la de nombres que uno está aprendiendo— a los que años atrás había traspasado un negocio tenían su número de teléfono anotado. Al escuchar la desgraciada odisea de este hombre (registro, detención, incomunicación, pérdida del trabajo, todo por un error) me acuerdo de aquella película de Hitchcock, Falso culpable. Espero que no le ocurra lo mismo que al atribulado Henry Fonda, que cuando todo se aclaró ya era demasiado tarde.
Mientras tanto, ya digo, no dejo de aprender cosas nuevas. Había otro término que se me resistía, pero algo me ha hecho click en la cabeza al relacionar a los extranjeros detenidos en Estados Unidos por tener el visado caducado con la historia de Ahmad Mardini. Antes no tenía muy claro de qué iba eso de la globalización, pero ahora, ya me voy haciendo una idea.
© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2001

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